Presidente Maduro, cancele prestaciones sociales universitarias en petros

Las trabajadores universitarios (obreros, administrativos y docentes) que nos jubilamos entre 2015 y 2018 sentimos una profunda derrota material y espiritual, después de haber cumplido 25 años de servicio público ininterrumpido, cargados de amor por este país, su juventud y el sentir de su gente. Miles de padres nos confiaron sus hijos en las universidades públicas para ayudarlos en su desarrollo humano, aguantando por nuestra parte las miserias e ignominias de aquellos gobiernos de la Cuarta República que no pocas veces nos ignoraron o se robaron grandes fortunas destinadas, precisamente, a la educación. El ejemplo más crudo de este triste pasado se lo debemos a Rafael Caldera, quien decretó cinco aumentos de sueltos anuales, pero jamás canceló ninguno de éstos. Fue el Comandante Chávez quien pagó esa grave deuda social mediante los Vebonos 2001-2002-2003-2004-2005.

Hasta el paro petrolero de 2002 las universidades tomaban un rumbo definitivo de solvencia administrativa. Sin embargo, sus rectores y mafias partidistas decidieron formar parte del juego político opositor y se convirtieron en brazos activos y serviles de las manipulaciones anti patria, anti país y anti Venezuela impulsadas por fuerzas externas e internas para mermar las posibilidades de desarrollo tecnológico de la nación. A pesar de que Hugo Chávez creó más de tres mil tratados, convenios y acuerdos internacionales para fabricar en el país computadoras, teléfonos, derivados de plásticos, calzados, ropa, vehículos, motos, bicicletas, autobuses, camiones, maquinaria agrícola; impulsar procesos de mejoramiento genético bovino y porcino, de cultivos acuícolas, además de las tecnologías satelitales, el desarrollo de equipos médicos y otro equipos y bienes fundamentales para la modernización e independencia tecnológica, nuestras universidades públicas se burlaron de esas iniciativas, las minimizaron, les negaron su apoyo y colaboración, hasta contribuir a frustrarlas. Mucha inteligencia humana se pudo aportar en ese sentido y no fue así. La mayoría de esos programas fracasaron sin que las universidades públicas hicieran nada por evitarlo. Sólo se dedicaron a actuar como apéndices de los partidos políticos opositores a la revolución, pero eso sí, demandando unas fulanas "normas de homologación" que ya nadie pelea.

Sin embargo, tanto el Presidente Hugo Chávez Frías como el Presidente Nicolás Maduro han cumplido cabalmente con el pago de los salarios universitarios, y la entrega de recursos para el mantenimiento de las mismas. Si bien mermaron los fondos destinados a postgrados e investigación, ello se debe a la misma actitud auto excluyente de las universidades públicas para oponerse a toda idea y a toda iniciativa de desarrollo endógeno autosustentable del país, porque les parece que eso de entrar en el campo socialista y revolucionario se les convierte en una fea mancha en el rostro. Prefieren morir como universidades adecas, corruptas y atrasadas que darle la mano al país para que se levante. ¿Qué alegan al respecto? Sólo golpes de pecho. Grandes golpes de pecho. Verbigracia: "Las universidades públicas graduamos a miles de profesionales sin los cuales Venezuela no tendría hoy profesionales". ¿Ah sí? ¿Cuántos de esos profesionales están hoy trabajando de barrenderos, albañiles, cachifos, cachifas, ect., en Lima, Quito, Santiago de Chile, Buenos Aires? La excusa de que aquí no se les valora la inculcan las mismas universidades mediante la larga y dolorosa manipulación ideológica manifiesta desde los mismos salones de clase.

El Estado puede asumir la subvaloración en cuanto a salarios de los egresados de las universidades públicas, pero no se olvide que ese mismo Estado les regaló los estudios de esa profesión suya. Mal puede un ingeniero, un médico, el licenciado equis huir del país con la excusa de que aquí no hay futuro, sólo porque lleva clavado en el alma el germen opositor, el veneno opositor, inculcado desde dentro de las universidades.

Al margen de esa polémica, que seguro la hay, quiero llamar la atención acerca de una situación muy dramática que nos afecta de manera alarmante a quienes nos jubilamos a partir de 2015, y que aún no cobramos las prestaciones sociales ni los intereses sobre pasivos laborales correspondientes a nuestros 25 años de servicio. En mi caso particular, la Dirección de Personal de la UDO me calculó mi finiquito por prestaciones sociales, establecido en cinco millones ciento setenta y un mil ochocientos veintidós bolívares fuertes (Bs. F. 5.171.822); lo que equivale actualmente a 51,71 bolívares soberanos. Es decir, ni siquiera alcanza a medio salario mínimo. Ignoro el estatus actual de esta liquidación en la Oficina de Planificación del Sector Universitario, OPSU, pero les entero que mi RC es 0182. Me jubilé el 16 de agosto de 2016 e ingresé a la Universidad de Oriente el 01 de mayo de 1991. Agradecería a la gente de la OPSU que me envíen a mi correo electrónico alguna información precisa sobre este concepto. He llamado numerosas veces al número Opsu 0212 5060585 para preguntar por alguien llamada Dennys Oliveros para que me proporcione información, pues no es fácil viajar hasta Caracas para enterarme de algo tan desconsolador, pero nunca tengo suerte de que de aquel lado de la línea exista verdaderamente alguien que levante el teléfono.

Ante el empobrecimiento masivo a que nos conducido la guerra económica, la usura, la hiperinflación y todos los factores conexos de esta terrible coyuntura económica, le pido al Presidente Maduri por todos mis colegas profesores, por los trabajadores y trabajadores universitarios pendientes de pagos por concepto de prestaciones sociales y pasivos laborales, jubilados desde 2015 hasta 2018, que nos otorgue un Bono Compensatorio Único calculado en Petros, para honrar dignamente cuanto sumamos de sacrificio a nuestro diario batallar durante 25 año de trabajo.

Una cifra razonable puede ser de veinticinco Petros. Es decir, su equivalente de 90.000 bolívares soberanos. Sólo así podremos comprar una casa digna, equiparla, reparar nuestros maltrechos automóviles, adquirir una computadora, comprar libros, pues nunca perdemos el hábito de leer, comprar medicinas y resolver en nuestras familias tantas tareas pendientes que no viene al caso enumerar.

Presidente Maduro, hágalo por justicia. Usted puede, y nosotros se los agradeceremos eternamente.



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José Pérez

Profesor Universitario. Investigador, poeta y narrador. Licenciado en Letras. Doctor en Filología Hispánica. Columnista de opinión y articulista de prensa desde 1983. Autor de los libros Cosmovisión del somari, Pájaro de mar por tiera, Como ojo de pez, En canto de Guanipa, Páginas de abordo, Fombona rugido de tigre, entre otros. Galardonado en 14 certámenes literarios.

 elpoetajotape@gmail.com

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