Chaquetón y César Ordoñez

No diré las fechas exactas, ni interesa mayormente para no perder la emoción de un recuerdo que nos asalta, porque como solía decir el maestro Federico Brito Figueroa en sus clases magistrales de la Maestría en Educación, mención Enseñanza de la Historia en la UPEL IPB hacia 1997, escribo de memoria.  Pero lo que diré se puede corroborar gugleando o abriendo you tube como condición de posibilidad, recordando en esto a Kant en su dialéctica trascendental inserta en su Crítica de la razón pura; si escribiéramos el descriptor Telenovela Estefanía  inmediatamente en ese libro de arena que es la red de redes se desplegará un amplio abanico sobre el asunto de marras.

 Había allí un personaje polémico y llamativo por su aire intelectual y audacia política, Chaquetón, interpretado magistralmente por el hoy afamado actor de teatro, cine y televisión, dramaturgo e intelectual que es el periodista y profesor universitario (UCAB), escritor y crítico de la cultura, Lic. Javier Vidal  (Barcelona, España, 1953), autor de aquel libro de curioso título: Los fósforos de la impudicia, otro sobre La era de la radio en Venezuela y el Teatro una performance, que para entonces (1979) era un joven que se abría caminos; igual que muchos de sus contemporáneos, como nosotros. Pero en otros ámbitos, luchando en la Educación Primaria por libre escolaridad e inmediatamente en bachillerato, parasistema. Pero esto son datos que no interesan resaltar aquí,  son apenas una referencia epocal, para usar una palabra de Rigoberto Lanz.

 Este último dato aparentemente baladí, no lo es tanto. Los campesinos adolescentes  de entonces, migrados a la ciudad a desempeñar funciones de obrero industrial, cunado no desempleados o trabajadores informales en el Mercado San Juan de Barquisimeto, (Cuarta República y en pleno desarrollo de la Democracia representativa como Vitrina de América, a inicios del gobierno de luís Herrera)  apenas tenía mínimas oportunidades de estudios  y con unos programas que negaban los contenidos de la historia contemporánea y actual  o inmediata; y debían conformarse con la quincalla televisiva de ocasión.  En todo se estudiaba caso era una historia contada desde la perspectiva de lo que Alfredo Tarre Murci, Sanín, diera en llamar como en un libro suyo  “Los adecos en el poder”, (Colección Criterios, Caracas, 1983) o los del partido Copei.  O sea “El Pacto de Punto Fijo”, la historia de los vencedores, que llaman. Con nuestro admirado Alberto Arias Amaro o N. D. Fernández, que más bien hacían mucho.
Los guerrilleros eran para todos los agentes del currículo (padres, representantes, estudiantes mismos sino trascendían la media promedio de criticidad y la sociedad a través de sus “Fuerzas Vivas” imponían Urbi et orbe, a la ciudad y al mundo, ese criterio ideológico) unos “bandoleros”, esa historia subalterna no era enseñada. Sólo algunas voces críticas se levantaban mostrando unos ángulos de visión orgánica de los procesos vividos por el pueblo venezolano en la historia-acontecimiento reciente.

 Algunos intelectuales, por ejemplo José Ignacio Cabrujas, Salvador Garmendia y algún otro como Julio César Mármol, guionista de la telenovela dicha, dicen, que intentaron elevar los contenidos de la televisión, hacerlos más cultural y “pinchar el culo” a una sociedad media comodona, adormecida por la propaganda, donde como en la novela de Antonio Arráiz, “Todos iban confundidos”.

 Entonces desarrollan ciertas “novelas culturales” y aparecen producciones como la mencionada “Estefanía”, destacando al menos para mí uno de sus personajes más salientes: Chaquetón,  un dirigente dizque de Copei, que no pasó mucho tiempo para enterarnos por vía de un testigo de la represión perjimenista que “ese no que era  el periodista Fabricio Ojeda”, presidente de la Junta Patriótica de 1957, como así lo creímos nosotros equivocadamente; sino que era Julio César Ordoñez, otro personaje del bodrio cautivante de las 9 de la noche en RCTV y que veíamos con aprehensión, cual si fuera una página de Historia Patria, recreada admirablemente.

 Hasta ahí la anécdota recordada por estos estos días hasta con los ojos aguados, cuando los restos mortales de este egregio luchador revolucionario, es decir, por  la democracia realmente tal, ingresa al Panteón Nacional,  para sorpresa de muchos, no militantes de la perspectiva de la historia insurgente; honra por demás merecidísima, pues fue Fabricio alguien que elevó los más altos ideales humanos y humanísticos de eso que  llaman “El espíritu del 23 de enero” (Freddy Carques, en un libro cuyo título se nos escapa ahora).

 Cabe esperar que la Villa del Cine un día de estos y por iniciativa o sugerencia del presidente Maduro, quien y aunque parezca adulante, no deja de sorprendernos con sus cálculos de estrategia y táctica,  sea llevada al cine o la televisión la vida y obra del egregio venezolano que es  Fabricio Ojeda, ejemplo de juventudes; aprovechar ese medio audiovisual con fines educativos y/o culturales para contar ese interregno dramático de la historia venezolana; bajo la esperanza  siempre presente de construir un  Estado social, de derecho y de justicia, como se lee en la Constitución de la república Bolivariana de Venezuela (1999, articulo 2); ya en ese sentido, se cuentan al menos dos producciones bellamente realizadas: Zamora y Bolívar: el hombre de la dificultades, ceñidas a la documentación histórica; de esa manera se cuenta con esos excelentes recursos por demás  para la enseñanza de la historia, que mueven la sensibilidad y el compromiso político.



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Luis B. Saavedra M.

Docente, Trabajador popular.

 luissaavedra2004@yahoo.es

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