¿Aumento de Dignidad?

 
 
Bienvenido el merecido aumento al sueldo de las y los profesores universitarios. Justo y necesario. Ojalá no se lo traguen los infla-especuladores del mercado… ¿Mercado dije? Sí, ese que pone y dispone de nuestros ingresos y de otros aspectos más subjetivos como son las prioridades que asumimos en el gasto personal y familiar. El mismo que transformó a casi todos los(as) profesores universitarios venezolanos en “mercenarios” del sistema capitalista.
 
No es insulto, sino una verdad. En las últimas décadas, muchos profesores(as) universitarios redujeron su concepción de la dignidad al ingreso mensual recibido por prestar su servicio en un aula.  Ingreso que les parece más o menos “justo” según facilite la participación personal y familiar en el mercado de bienes y servicios. No es un pecado, sino ley del mercado: el confort made in usa es el patrón para medir la “calidad de vida” y como la vida del mercado nunca se detiene, entonces el ingreso nunca es suficiente.
 
Por ello, como los mercenarios, prestan sus servicios no sólo al mejor postor, sino a la mayor cantidad de postores posibles sean instituciones del gobierno o de la oposición. Además, apremiando la necesidad, no hacen diferencias entre dictar una clase, vender un seguro de carro o zapatos. Y sólo incluyen a los estudiantes en su lista de mercado cuando pelean por otro aumento, es decir, como unos mercenarios subcontratados. Sería interesante investigar si los aumentos de sueldos en los últimos 30 años han significado (¿dignificado?) un aumento en la calidad de su ejercicio profesional. Nos referimos a si han mejorado su formación intelectual y pedagógica. Nada más.
 
Sin embargo, las consignas del gremio giran en torno a la “dignificación” de la profesión docente y, como están en su “ley” que es la ley del mercado, entonces tomémosle la palabra y exijamos retribución en la prestación de sus servicios y que al aumento del sueldo respondan con aumentos, por lo menos, en la asistencia puntual a clase (y no en la “reposería”), en el cumplimiento de los programas (y no en la piratería académica), en su actualización intelectual (y no en la estolidez que sólo se cura, en parte, leyendo más y a tiempo), en la democratización del saber (y no en la imposición autoritaria de conocimientos) y en la identidad de su labor profesional con la idea de ciudadanía y de país que contiene nuestra constitución (y no en la irracional y apátrida retórica que muchos vomitan sobre sus alumnos).
 
Sólo así el sueldo tendrá algo que ver con la dignidad ¿no creen?
papa.goyo@gmail.com


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