No es insulto, sino una verdad. En las últimas décadas, muchos
profesores(as) universitarios redujeron su concepción de la dignidad al
ingreso mensual recibido por prestar su servicio en un aula. Ingreso
que les parece más o menos “justo” según facilite la participación
personal y familiar en el mercado de bienes y servicios. No es un
pecado, sino ley del mercado: el confort made in usa es el patrón para
medir la “calidad de vida” y como la vida del mercado nunca se detiene,
entonces el ingreso nunca es suficiente.
Por ello, como los mercenarios, prestan sus servicios no sólo al
mejor postor, sino a la mayor cantidad de postores posibles sean
instituciones del gobierno o de la oposición. Además, apremiando la
necesidad, no hacen diferencias entre dictar una clase, vender un seguro
de carro o zapatos. Y sólo incluyen a los estudiantes en su lista de
mercado cuando pelean por otro aumento, es decir, como unos mercenarios
subcontratados. Sería interesante investigar si los aumentos de sueldos
en los últimos 30 años han significado (¿dignificado?) un aumento en la
calidad de su ejercicio profesional. Nos referimos a si han mejorado su
formación intelectual y pedagógica. Nada más.
Sin embargo, las consignas del gremio giran en torno a la
“dignificación” de la profesión docente y, como están en su “ley” que es
la ley del mercado, entonces tomémosle la palabra y exijamos
retribución en la prestación de sus servicios y que al aumento del
sueldo respondan con aumentos, por lo menos, en la asistencia puntual a
clase (y no en la “reposería”), en el cumplimiento de los programas (y
no en la piratería académica), en su actualización intelectual (y no en
la estolidez que sólo se cura, en parte, leyendo más y a tiempo), en la
democratización del saber (y no en la imposición autoritaria de
conocimientos) y en la identidad de su labor profesional con la idea de
ciudadanía y de país que contiene nuestra constitución (y no en la
irracional y apátrida retórica que muchos vomitan sobre sus alumnos).
Sólo así el sueldo tendrá algo que ver con la dignidad ¿no creen?
papa.goyo@gmail.com