O legislamos para la educación, o será imposible construir el socialismo

“El socialismo no es, precisamente, un problema de cuchillo y tenedor,
sino un movimiento de cultura, una grande y poderosa concepción del
mundo”. Carta de Rosa de Luxemburgo a Franz Mehring. (Febrero de
1916).

Comienza un nuevo período en la Asamblea Nacional (2011-2016); período
en el cual considero se definirá de manera importante una forma de
sociedad conforme con lo que decidan la mayoría de venezolanos, en
virtud de las elecciones presidenciales previstas para 2012.

En función de tal sociedad, no tengo duda que el hecho educativo va a
inclinar la balanza en las decisiones políticas, económicas y sociales
de los próximos años. Lo que deje de hacerse o se haga en materia
educativa durante el 2011 y 2012 puede significar el descalabro o
éxito sobre esa forma de sociedad en disputa, en la cual desde el
Ejecutivo Nacional nos señala un camino hacia un socialismo “en
construcción”, y por el otro, un sector que todavía ni siquiera nos
marca nociones sobre el tipo de proyecto político para el país, más
allá de consideraciones generales sobre acceso a una “mejor” calidad
de vida.

Hoy la educación, especialmente la enmarcada en la llamada
“formalidad”: inicial, básica (primaria) y bachillerato; se encuentran
desde nuestra perspectiva severamente afectados en sus componentes
filosóficos (formación humana), académicos (formación estudiantil y
docente), curriculares (contenidos), formativos (generales, técnicos y
profesionales), y peor aún, con una clara descontextualización del
mundo en que vivimos en sus necesidades ambientales, geopolíticas,
socio-históricas, tecnológicas, comunicacionales, y todo ello envuelto
en la más cruda heterogeneidad cultural, en donde lentamente, pero sin
valorar por ejemplo, tesis pedagógicas referidas con la ley de
desarrollo desigual y combinado, propuesta por Novack (1973), en la
cual nos explica que tales desequilibrios ocurren por fenómenos
comunes en “todos los procesos de crecimiento de la naturaleza como
también en la sociedad (…) la ley misma no es sólo aplicable a los
acontecimientos revolucionarios de la época presente, sino (…) para
toda la evolución social” (p.96); evidentemente estaríamos entrando
hacia una fase terminal de la educación como instrumento para alcanzar
una sociedad más justa, más igualitaria y más humana.

En tal sentido, ante tales deficiencias en el área educativa,
modestamente hemos propuesto un conjunto de leyes que terminen por
definir aspectos ambiguamente señalados en la Ley Orgánica de
Educación (LOE) con el propósito de hacer más eficiente y eficaz la
acción de gestión pública en el componente pedagógico: Ley de
Administración Educativa (LADE), que regule la asignación y
correspondencia de recursos económicos, calendario escolar y la
designación de las autoridades (directores, coordinadores y
defensores) en todos los “complejos” educativos (nueva denominación,
según LOE para los antiguos planteles), Ley de Infraestructura
Educativa (LIE), Ley de Alimentación Escolar (LAE), Ley de Acceso a
las Tecnologías para el Conocimiento Educativo (Latce), y una Ley para
la Unificación del Ejercicio Docente (LED) en instituciones oficiales
y privadas (ésta con rango orgánico), e incluso una Ley de
Responsabilidad Educativa para la Prestación del Servicio Nacional de
Transporte Público (Ley Representante).

Hay que volcarse hacia una sociología del conocimiento con fundamentos
ontológicos que permitan construir una educación sincera, apegada con
las necesidades de las comunidades, pero sin desconocer las
potencialidades individuales que son las que únicamente promueven lo
que alguien quiere y desea aprender. Colectivizar la educación sólo es
posible a través de leyes que respeten las tradiciones, núcleos
familiares y vocación del ser humano. Lo que no podemos es seguir
improvisando el hecho educativo sobre la base de frases o buenas
intenciones en relación con sentimientos por hacer mejor las cosas. La
educación venezolana no puede seguir “formando” personas (estudiantes
y docentes) con deficiencias en la oralidad, lectura y análisis de
textos. Incomprensión de la abstracción matemática y racionalidad
estadística. Desconocimiento filosófico, social, político, geográfico
e histórico universal, nacional y local. Todo ello demuestra una grave
fractura del quehacer pedagógico. O legislamos para la educación y
hacemos cumplir la legislación apartados de prácticas politiqueras,
revanchistas y corruptas, para basarnos en un auténtico humanismo y
materialismo histórico; o simplemente las escuelas desaparecerán en la
praxis como garantes para la transformación de una sociedad, y por
ende en el sostenimiento de la propuesta socialista. Esperamos por el
debate y la concreción de cambios inmediatos en nuestro sistema
educativo.

javiervivas_santana@yahoo.com


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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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