El dólar fluye hacia donde están las oportunidades

Dicho y hecho: la crisis provocó una oleada de privatizaciones y las multinacionales extranjeras barrieron con todo. Bechtel logró el contrato para la privatización de las redes de traída de aguas y alcantarillado del este de Manila, y otro para la construcción de una refinería de petróleo en las islas Célebes, Indonesia. Motorola se hizo con el control total de la coreana Appeal Telecom. El gigante energético Sithe, con sede en Nueva York, obtuvo una importante participación de la empresa pública tailandesa de gas, Cogeneration. Los sistemas de suministro de agua de Indonesia se repartieron entre la británica Thames Water y la francesa Lyonnaise des Eaux. La canadiense Westcoast Energy se llevó un enorme proyecto de construcción de una central eléctrica indonesia. British Telecom adquirió una parte importante de los servicios postales malasios y coreanos. Bell Canadá se hizo con un pedazo de la compañía de telecomunicaciones coreana Hansol.

En total, se produjeron 186 fusiones y adquisiciones empresariales de importancia en Indonesia, Tailandia, Corea del Sur, Malasia y Filipinas, a cargo de multinacionales extranjeras en el plazo de apenas veinte meses. Viendo cómo se desarrollaba toda aquella masiva operación de compraventa, Robert Wade (un economista de la LSE) y Frank Veneroso (un consultor económico) predijeron que el programa del FMI "podría llegar a precipitar la mayor transferencia de activos en tiempo de paz jamás producida entre propietarios nacionales y extranjeros en los últimos sesenta cinco años en todo el mundo.

El FMI, aunque admite haber cometido algún que otro error es sus respuestas iniciales a la crisis, asegura que los corrigió con rapidez y que los programas de "estabilización" funcionaron muy bien. Y cierto es que los mercados asiáticos acabaron por calmarse, pero a un coste descomunal que aún hoy están pagando. Ya lo había advertido Milton Friedman en el momento álgido de la crisis: el pánico "se acabará. Verán cómo vuelve el crecimiento a Asia en cuanto se estabilice este caos financiero, pero nadie puede decir de momento si eso será dentro de un año, de dos o de tres".

Esa es la historia no contada de las políticas que el FMI denomina "programas de estabilización", como si los países fuesen barcos sacudidos por las agitadas aguas del libre mercado. No hay duda de que, al final, se estabilizan, pero el nuevo equilibrio sólo se consigue después de haber arrojado a millones de personas por la borda: empleados del sector público, propietarios de pequeños negocios, agricultores de subsistencia, sindicalistas… El desagradable secreto que esconde la "estabilización" es que la gran mayoría de la población nunca llega a subirse a la nave. Acaba hacinada en suburbios marginales y poblados de chabolas (donde actualmente viven 1.000 millones de personas en todo el mundo). Muchas de esas personas acaban dando con sus huesos en un burdel o en el contenedor de un carguero. Son los desheredados que el poeta Rainer María Rilke describió como aquellos "a los que ni el pasado ni aun el futuro inmediato pertenecen".

—Estas personas no fueron las únicas víctimas de la exigencia del FMI de una aplicación perfecta de la ortodoxia. Todas ellas deberían ser contadas también entre las víctimas de la ideología de la Escuela Chicago.

¡La Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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