Auditórium

Venezuela, 0.60 centavos de $, el mísero salario que mata

"—Señor —siguió diciendo en tono solemne—, la pobreza no es un vicio: esto es una verdad incuestionable. Pero también es cierto que la embriaguez no es una virtud, cosa que lamento. Ahora bien, señor; la miseria sí que es un vicio. En la pobreza, uno conserva la nobleza de sus sentimientos innatos; en la indigencia, nadie puede conservar nada noble. Con el indigente no se emplea el bastón, sino la escoba, pues así se le humilla más, para arrojarlo de la sociedad humana. Y esto es justo, porque el indigente se ultraja a sí mismo. He aquí el origen de la embriaguez, señor". Fin de la cita. Fiódor Mijáilovich Dostoyevski.

La cruel dolarización de facto, es la mas horrible de las tragedias, que viven los venezolanos con este desastre económico generalizado, el pueblo trabajador muere de mengua con un salario mensual de 0.60 $ mensuales, frente al de la vecina Colombia con un salario estimado en 350$, y hacia donde mayoritariamente está huyendo la población venezolana, la destrucción de las fortalezas del bolívar, han complicado las transacciones comerciales convirtiéndolas en operaciones de terror, no se ve por ninguna parte, ninguna válvula de escape, y menos la posibilidad de brindar confianza, o un mínimo de atisbo de justicia social, es macabro ver a los dueños o dependientes de cualquier ventorrillo comercial revisar con dactiloscopia cada dólar entregado para comprar, para intimidar que si el mismo presenta desgaste, rayado, roturas mínimas o cualquier defecto, es rechazado. De nada vale hacerle la prueba en las detectoras de billetes falsos para probar su validez, o el uso de marcadores para verificar que se trata de papel moneda. Solo en la Venezuela kafkiana, se rechazan las compras en dólares independientemente de su valor por el estado de presentación del billete norteamericano, el cual ha desplazado de facto al Bolívar como moneda nacional, como medio de pago, reserva de valor, y unidad de cuenta. En la Venezuela decadente de las remesas de sobrevivencia, los dólares con detalles, y la falta de los de baja denominación de 1 y 2 $, cuestión esta que impide hacer transacciones, sin ser estafados por comerciantes inescrupulosos, y así pasar el trago amargo para soportar estoicamente el coñazo de aguantar la arrechera que produce tener el salario más miserable de la América Latina, un monto que hoy 25 de Enero de 2021 es de 0,60 centavos de $ al mes. Las desigualdades son tan abismales que las conductas mafiosas, en torno a la circulación de más de dos mil millones de dólares del narcotráfico, minería ilegal, lavado de dinero sucio proveniente del erario público, hoy nuestra moribunda economía parece retumbar como una noria.

Este modelo de economía del socialismo real fracasado del siglo XX, llevó la nación a la miseria. En Venezuela, desde principios del siglo XXI, el estalinismo totalitario creyó que el petróleo en el subsuelo sin inversión, tecnología, y recursos humanos de primera, y el socialismo cubano como importación ideológica de última moda, serían las claves de un futuro promisorio para el pueblo venezolano.

La peste cubana totalitaria llegó, con su totalitarismo macabro, de escasez hiperinflacionaria, convirtiendo al pueblo venezolano en una sociedad pobre, improductiva, violenta, y políticamente conflictiva. Pero seguimos políticamente al barranco en una u otra versión del inviable modelo socialista cubano.

Y buena parte de la actual nomenklatura, junto a conversos, y corruptos políticos e intelectuales opositores, ilusamente insisten en hacerlo funcionar con una chucuta privatización, al pretender utilizar la varita mágica en las mayores reservas petroleras del planeta. Son reservas que de poco sirven cuando la capacidad de producción de la industria ha caído a sus mínimos históricos, y el atraso en tecnología, y gestión es el resultado obvio del fracaso de este falso modelo socialista totalitario. Sobre las más grandes reservas de petróleo el estalinismo nos llevó a la más espeluznante escasez creciente y recurrente de gasolina.

Este fenómeno diabólico de dolarización de la demanda, parece no lograr tocar fondo o al menos normalizarse, basta acudir a los mercados principales de cualquier ciudad venezolana, para ver al lumpen de compradores ambulantes de dólares, o cambiando dólares en sencillo, por los de de baja denominación. Quienes han impuesto condiciones delincuenciales al cambio de billetes de alta denominación por los billetes de, cinco, dos, y de un dólar. El fenómeno de la hiperinflación, ahora es en dólares creado por la fatal arrogancia totalitaria, y su incapacidad manifiesta para establecer un real cálculo económico, como si ellos tuvieran la capacidad de imprimir la odiada y adorada moneda yanqui.

Aunado a esta perversa prácticas se condena a la población venezolana a vivir en la miseria absoluta, la carga titánica de tener que sortear esta crisis "matando tigres", esto no es otra cosa que el reflejo agónico de no querer sucumbir en un país en el cual el salario promedio de un profesional universitario es de unos 20 dólares en pdvsa, donde los ingresos de un lavador de carros callejero, es en promedio de unos 200 dólares, vaya paradoja es preferible dedicarse a lavar carros, en el termino de los oficios, que fundirse el cerebro estudiando para tener una formación académica de nivel.

El salario por la prestación de servicios, y oficios es cuatro veces superior a la de un profesional con credenciales académicas, una crueldad del país dolarizado, y de realidades inconfesables, la frenética ‘revolución’ se ha vuelto prolífica en el lenguaje de la vulgaridad, en desequilibrios mentales y cognitivos, y en la maldad.

Se pretende digitalizar la economía, para terminar de sepultar al moribundo bolívar de la realidad monetaria venezolana, y el gobierno en su locura, anuncia las bondades de la presunta digitalización que no logra concretarse solo en sus fantasías creadas para la burbuja llena de alacranes, así pues para el venezolano de a pie, los profesionales del sector privado, y los indigentes del sector público, la cotidianidad de este país dolarizado, y de realidades repulsivas, se reduce en las colas en los puntos de ventas que fallan ante los inmensos montos ingresados, una verdadera tragedia en el país de los dólares inflacionarios.

Finalmente indigna que la educación en el país no sea valorada, donde los profesionales tengan salarios miserables en bolívares virtuales devaluados, mientras enfrentan al hambre viendo contar ante sus ojos a los comerciantes especuladores árabes, y chinos los dólares, que jamás percibirán, por unos imbéciles sin estudios que escriben en su mal castellano culo con K.

El país no tolera tanta viveza, tanta crueldad, tanta distorsión, en el país de los dólares bellos, donde los profesionales deben asumir trabajos de vigilantes, o de servicios domésticos, para poder subsistir.

En Venezuela el totalitarismo abrió paso a esta horrible desigualdad que fractura a la sociedad y quebranta el contrato social. El telurismo solo atiza el grado de atraso, del pantano sangrante de esta infernal política económica.

En Venezuela murió la confianza y el capital social, esta fue destruida con, la muerte del bolívar, la dolarización lejos de generar estabilidad, inyecta veneno, entropía y desorden, anomia e incertidumbre que hacen imposible la existencia, y no le dan descanso ni paz a la razón.

 



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Edgar Perdomo Arzola

Analista de políticas públicas.

 Percasita11@yahoo.es      @percasita

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