¿Hasta cuando la guachafita con el aumento del dólar paralelo, de los precios y de los sueldos?

Hace semanas José Vicente Rangel habló que la actual crisis económica era insoportable. Hoy estamos peor.
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Y eso lo sentimos todos. En lo personal viví una muy triste y reveladora experiencia cuando fui a horas del mediodía con mi nieto a la iglesia de la Santa Capilla para mostrársela y al llegar me sorprendió ver adentro una cola gigantesca de personas que estaban esperando la repartición de un plato de sopa para almorzar. Jamás me imaginé que pudiésemos llegar a esos extremos en este país.
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Y la situación no tiene perspectivas de mejorar. De lo dicho por el Presidente Maduro en la ANC entendí que los que integran el equipo económico están como pasmados ante la crisis, que no están en capacidad de ofrecer soluciones, más allá de devaluar la moneda y de aumentar los sueldos ante la escalada de precios.
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Y todo ello, como lo expresó el propio Presidente, producto de la manipulación de lo que él llamó el "dólar criminal". Es inconcebible, que por que un agente del imperio cree una página WEB e invente cualquier cotización del bolívar, nuestra economía entre en crisis y, peor aún, que el equipo económico del gobierno no sepa que hacer.
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Eso hay que corregirlo ya, porque por allí se nos puede ir el proceso.
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ES NECESARIO ENTENDER LA REALIDAD
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Pero, realmente QUE es lo que pasa?
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Analicemos las variables.
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En primer lugar, tenemos una economía rentista, que vive casi exclusivamente del ingreso petrolero, con una baja producción nacional de bienes y servicios, que está capitaneada, en lo fundamental, por el capital transnacional, y con una población que depende de la importación para satisfacer la mayor parte de sus necesidades.
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En segundo lugar, encontramos el valor del dólar implícito, que es el resultante de dividir el circulante (calculado en aproximadamente unos 529.137 millones de BS) entre las reservas internacionales (8.399 millones de dólares) lo que arroja unos 63 BS por dólar. Esto quiere decir que en un mercado libre, si los venezolanos acuden al Banco Central con todo el circulante en tienen en sus manos para cambiarlos por los dólares que están en la reserva, ese sería el precio final.
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En tercer lugar, existe un dólar llamado Dicom, que funge de cambio oficial y que está en la actualidad en 949 BS por dólar, unas 15 veces el valor del dólar implícito. Esto quiere decir que a ese valor, todo el circulante existente solo pudiese cambiar al BCV apenas 557 millones de dólares, y quedarían reservas por más de 7.800 millones.
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En cuarto lugar, hay un dólar negro, cuyo precio lo fija el Departamento de Estado, sobre el cual los empresarios calculan el valor de venta de sus productos y servicios, y dado que el valor del dólar negro aumenta constantemente sin ninguna razón que lo justifique, los precios suben en igual proporción.
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La cotización de ese dólar negro está hoy en unos 2.700 BS. por dólar (unas 42 veces el valor del dólar implícito). A ese valor, todo el circulante existente solo pudiese ser cambiado al BCV por 185 millones de dólares y quedarían reservas internacionales por más de 8.200 millones de dólares.
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LA SOLUCION: LIBRE CONVERTIBILIDAD CON UN PRECIO DE LA DIVISA CONTROLADO

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Y es en esa diferencia abismal entre el valor del dólar negro y el del dólar implícito que veo que se presenta una oportunidad de cortar de una vez por todas con esa estrategia imperial, colocando para ello el BCV la libre convertibilidad de la moneda, de manera que todo aquél que quiera adquirir dólares lo haga dentro del sistema financiero. Eso mataría el dólar negro, ya que le eliminaría su razón de ser: la disponibilidad del dólar.
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Ventajas de un libre cambio:
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Realmente son muchas. La más importante es que, ya que sería el valor del dólar libre la referencia para que los empresarios fijen los precios de los bienes y servicios importados, estos bajarían sensiblemente, elevando en forma tremenda la calidad de vida del venezolano. Lo cual sería extremadamente beneficioso en casos como los de las medicinas.
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Incluso, se eliminaría la necesidad de los famosos "precios acordados" y de las cajas de los CLAP, o por lo menos dejarlas para los sectores más necesitados.
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Y sobre todo, reestablecer el equilibrio macroeconómico, sin el cual no funciona la economía.
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Desventajas de fijar ahora una libre convertibilidad.
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Una baja sensible de la cotización de divisas extranjeras pudiese traer gravísimas consecuencias a las empresas que hayan adquirido productos del exterior basados en el dólar negro. Por lo que la cotización del dólar debe fijarla en principio el BCV en un monto que no afecte demasiado al empresariado, digamos tomar el valor del dólar Dicom o una cantidad menor como referencia.
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Si bien fijar el precio de la divisa a lo marcado por Dicom sería una completa devaluación, esta figura se puede evitar fijando un impuesto o tasa que la lleve a ese valor y después irla ajustando hasta llegar a su valor real. Es decir, hay que implementar una auténtica ingeniería financiera.
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Afortunadamente la escalada del precio del dólar negro se ha experimentado realmente en los últimos días, lo cual quiere decir que si se toma la medida del libre control de cambio ahora mismo, el efecto sería muy reducido sobre el sector privado.
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Además, fijar un precio con un impuesto o tasa así concebida, permitiría recoger una importante parte de la liquidez (elemento determinante en la inflación) hacia el Estado y este redireccionarlo en obras para el pueblo y para la inversión. Además, no habría que aumentar el encaje legal, e incluso ya no se justificaría un IVA tan brutal como el que fijó el 20 de agosto.
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PERO ESA MEDIDA POR SI SOLA NO BASTA
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Claro, que por más lógica y efectiva que pueda parecer esta medida de la libre convertibilidad, si no se toman medidas complementarias como una rígida política impositiva, un estricto control de la especulación y un aumento sostenido de la productividad, no solo en sectores como la agricultura y el turismo como sostienen algunos neoliberal embozados en el equipo económico, sino en el aspecto industrial, para poder cumplir el sueño de Chávez de convertir a nuestro país en una potencia industrial que aproveche el uso de nuestros recursos naturales sin tener que entregárselos a las grandes transnacionales, como tampoco entregar nuestras industrias básicas con el cuento de la necesidad de reflotarlas. Ni a Carlos Andrés le quedó bien ese cuento.



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Carlos Enrique Dallmeier


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