Los venezolanos somos arrechos

El país vive una situación sumamente crítica, la inflación se eleva constantemente a niveles tales que devora los exiguos ingresos del pueblo trabajador. En la agenda diaria de la mayoría de las y los venezolanos el mayor tiempo se consume, en cómo obtener los productos para la dieta diaria; por otra parte, crecen los problemas de inseguridad, deficiencia en los servicios públicos y como si fuera poco a esto se suma una diáspora, sobre todo una joven y valiosa generación que tienen mucho que darle a su patria. Mas sin embargo no es mi intensión en este artículo, hacer un cuestionamiento o análisis político, económico y social de la difícil coyuntura nacional. Pinto este panorama para destacar una cosa que me ha resultado muy interesante y sobre todo en este mes que por tradición es de encuentro familiar, de reflexión y renovación de la esperanza en el nuevo año.

He quedado gratamente sorprendido o mejor dicho; conmovido, de ver como a pesar de las penurias y necesidades que nos afectan, somos capaces de levantarnos y refirmar nuestra venezolanidad, pero con una dignidad inmensa. Realmente sublime.

Fui testigo de estas pequeñas y grandes cosas:

Un amigo junto a su esposa; prepararon 24 hallacas, no hicieron 100, ni 200 como es la costumbre, ni fue con toda la familia, porque no pudieron viajar al occidente del país para reencontrarse con sus parientes, les era imposible debido al alto costo de los pasajes, pero, en fin, hicieron 24 hallacas, y aunque sus hijos están fuera del país; prepararon la cena navideña, una cena para dos, en una mesa para seis; pero coño, hicieron la cena.

En otra casa prepararon 12 hallacas, al visitarla, me dijo la señora; vecino tuvo suerte, porque en la casa somos cinco, dos para cada uno y las sobrantes para el que nos visites y usted fue el primero.

Caminando por el sector me ofrecieron más de un trago; no fue cerveza, ni wiski, ni vino; fue una guarapita casera, pero los vecinos brindaban por el natalicio niño Jesús.

Una buena y humilde mujer me dijo con satisfacción que hizo de tripas corazón, pero consiguió los regalitos de sus dos niños.

Este año no se pintaron las casas y casi no se vieron iluminadas con las luces intermitentes, pero en muchos hogares y allí se incluye el mío; una campanita, un lazo rojo y verde, un mantel estampado sobre la mesa, un grabado en los vasos; algún detalle recordaba, que está presente la navidad.

Navegando por las redes sociales, observaba las imágenes de jóvenes compatriotas mostrando orgullosos, las primeras hallacas que preparaban, el primer pan de jamón; bailando con la música de la Billos, lamentablemente desde tierras lejanas, pero allí estaban reafirmándose como VENEZOLANOS.

Reflexionando y conectándome con toda esa gente; con los que están fuera, que sé que no es fácil, porque ser extranjero en ninguna parte es lo ideal y con los que estamos dentro, como se dice en criollo; "aguantando la pela", que coño no sé cómo, hacemos el milagro de celebrar con humildad a nuestra manera; la navidad.

Conectándome y colocándome en la Venezuela grande y la Venezuela ausente; me llego como una luz aquella canción de Mercedes Sosa que dice en unas estrofas:

"Cambia todo cambia

Pero no cambia mi amor

Por más lejos que me encuentre

Ni el recuerdo ni el dolor

De mi pueblo y de mi gente

Lo que cambio ayer

Tendrá que cambiar mañana

Así como cambio yo

En estas tierras lejanas."

Definitivamente los venezolanos somos arrechos y para mí; estos simples gestos, es el más grande mensaje de esperanza de un pueblo que saldrá adelante.

Salud por mi patria.



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José Ovalles


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