El pajarito amarillo maracucho…

Un mediodía cuando me disponía darme una ducha en mi casa, por un hecho casual, un pajarito amarillo llegó al porche de la casa, me extrañó al verlo casi a la entrada en el suelo, pero tras observarlo por un instante decidí ducharme cuanto antes en la habitación de mis hijos, que por fortuna le funciona aún el calentador, cosa que en mi habitación ya no es posible.

De regreso, pasado unos 20 minutos, aproximadamente, pasé luego al interior de mi alcoba, pero me encontré con la sorpresa que en su interior revoleteaba afanosamente el pajarito amarillo, buscando salir a toda marcha.

Desde luego este hecho de inmediato me impresionó. Sin perder un instante llamé de inmediato a mi hijo menor, al tiempo que aseguré la puerta para evitar que el bello pajarito se escapara.

La intención desde un comienzo fue capturarlo para luego mimarlo, al tiempo que deseaba que Ítalo José, quien apenas está entrando a su edad de adolescente, lo pudiese acariciar en sus manos. Allí comenzó lo que pudiera llamarse una implacable cacería.

El pajarito amarillo viendo que deseábamos atraparlo voló, voló y voló, por todos los rincones de mi habitación, mientras que yo, con una toalla y con la ayuda de mi hijo, trataba de atraparlo inútilmente.

Tras haber pasado unos tres minutos note de inmediato que el pajarito amarillo de tanto revoletear y revoletear, ya estaba cansado y ese hecho para mí me causó cierta tristeza, pero al mismo tiempo me dejó saber que esa era la única manera de atraparlo.

En efecto, buscando luz por la ventana, trató de huir a toda prisa, pero se encontró que el vidrio del tragaluz estaba cerrado. Allí me dio la oportunidad de atraparlo.

Ya en mis manos pude notar que el cuerpito de ese pajarito tan bonito temblaba. Temí que le fuera a dar un infarto. Lo apreté suavemente, con la intención de calmarlo y darle seguridad.

Una vez que lo vi calmado le dije a mi hijo que trajera unos granos de arroz y un poquito de agua. Trate por todos los medios de que comiera, pero nada de que abría el pico. Fue allí cuando decidí abrírselo yo mismo para darle, al menos, un grano de arroz.

Con la ayuda de Ítalo logré introducirle el grano, al tiempo que busqué que tomara un poquito de gua. Pero, qué va, el pajarito amarillo de repente movió la cabe-cita y escupió el cereal.

Viendo que mis intenciones quedaban frustradas, decidí soltarlo en el mismo porche de la casa. Cuando sintió que lo estaba aflojando comenzó a sacudirse con fuerza, incluso emitió su característico ruido de reprimenda.

Sin perder más tiempo, temeroso que algo pudiera pasarle, decidí soltarlo plenamente. Ni tonto que fuese, el pajarito emprendió un rápido vuelo hasta el techo de una casa vecina. Allí pude verlo a lo lejos sacudirse y arreglar sus plumas, por espacio de varios segundos.

De repente me vino a la memoria que este animalito se había encontrado con su bella pajarita. Lo que menos pude imaginar que ese pajarito amarillo era maracucho. Si, así como lo oyen, nacido en el Zulia. Es decir, hablador, mentiroso y hablachento.

De entrada al ver a su dulce amada, comenzó a decirle con una voz aún alterada, lo que le había sucedido.

-Vergaaa mi amor…perdoname la grosería, pero no sabéis voz lo que me acaba de suceder, mientras me quedé esperándote que regresaras de casa de la suegra.

-Resulta que mientras te estaba esperando sentí un hambre arrecha, y como ahora no se consigue un coño de comida, por aquello de la "guerra económica" (al tiempo que le picaba el ojo a la pajarita), se me ocurrió entrar en esa casa donde me dejaste aguardando.

-Mejor que no lo hubiese hecho, mi cielo…siempre por estar de lambuceo me pasan estas cosas.

-"Pero tú siempre con tus rodeos…cuenta de una vez por todas lo que te pasó", le dijo la pajarita, demostrando que estaba angustiada.

-Bueno mi vida, la verga que me paso fue simple. Me metí a buscar algo que comer en esa mardita casa, como te dije, pero me equivoque y me vi de repente en una habitación, que no tenía por donde huir.

-Cuando a uno le van a pasar las vergas, no hay quien las evite…cuando menos me lo esperaba un coño grandote, ya viejón y con bigote, junto con un verguito más pequeño, comenzaron como unos locos a querer atraparme.

-Desde ese momento sentí que la verga se me puso fea. Yo me dije entre mi…ahora si se jodió todo…sin pensarlo mucho, para evitar que me atraparan, comencé a volar a lo arrecho, sin parar por toda la habitación.

-Ya el viejo se veía cansado, pero de repente le dijo al coñito pequeño que lo mejor que podían hacer para atraparme era perseguirme sin cesar hasta que me cansara.

-En efecto, mija a, ese par de coños no perdieron tiempo…me acosaron, me lanzaron varias veces unos trapos y nada que podían agarrarme, pero como decidieron perseguirme, hasta el cansancio, yo me rendí cuando traté de salir por una ventana.

-La mala leche, chica, es que esa verga estaba cerrada. Si, así como oís. Allí me agarraron como a un huevón.

-El más grande de ellos me tomó en sus manos. Verga, de inmediato me sentí perdido. Ahí me dije: ahora si me jodí. Pero, como cosa rara, este tipo, quizás maricón, comenzó a darme besos…coño hasta me metió mi piquito en su boca. Como se ve que le falta la crema dental "Colgate", porque le hedía la jeta más que el coño.

-Mijo, pero ese cuento si es largo…le replicó de nuevo ya cansada la pajarita…a lo que el pajarito amarillo le respondió… verga mijaaa, ya va…falta poco pa´ terminar…

-Bueno, como te dije, el coño grandote, tras darme varios besos, insisto creo que es medio pargo, después trató de darme unos granos a comer…por cierto, sabían a bueno, pero con la verga yo me lo iba a tragar no fuese que me quería envenenar.

-No conforme que yo no quería picotear los granos, ese remaldito me obligó a la fuerza, con apoyo de su hijo, a que abriera el pico. Sentí que un grano me llegó hasta la garganta y de inmediato me dieron a tomar agua. Desde luego, me hice el huevón, ni me trague el grano ni pase el agua. Fue allí, en un descuido, cuando pude escupir todo.

Luego que se dieron por vencidos, el viejo de bigote llamó a otro de sus hijos. Este está más flaco que perro de calle. Este pendejo lo vi temeroso… verga como que llegó a pensar que si me tocaba yo le iba arrancar la mano de un picotazo…medio huevón también…

-Bueno mi amor, para cortar esta verga déjame decirte que el viejo paju´o decidió sacarme hasta el porche de la casa, en donde comenzó todo. Allí me le arreché, porque extendió mis alas, y yo que vi la oportunidad para escapar me le sacudí con fuerza…pero que va…mi vida…ese malparido me tenía bien sujeto…por fin se llenó de piedad…me soltó y fue ahí cuando aproveche de salir volando..

-Verga mija, si no contaras con un marido arrecho y decidido, como yo, ya fueras viuda….al menos esta experiencia me ha servido para saber que aquí se está pasando más hambre que el coño, y que aunque no lo parezcan hay maricos regados por todas parte…a la verga…ya es tarde…vámonos para la casa, que los pichones deben tener también más hambre que el coño…

*Periodista
 

 

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Ítalo Urdaneta

Periodista, historiador y profesor universitario

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