Yo soy Maradona "Somos chavistas hasta la muerte"

Yo quiero tener la rebeldía de Diego. El era el niño de comuna que se levantó ante todas las adversidades, el joven que quería sacar a su familia de la pobreza jugando al fútbol y ser campeón del mundo con Argentina, en Villa Fiorito estará por siempre marcada por ser el barrio de Argentina donde se crió Diego Maradona. Un lugar donde aún hoy, con el país en crisis, la delincuencia sigue al acecho y erradicar para siempre la pobreza, la droga y la violencia se vuelve cada vez más difícil. Aunque llegar a 'Fiorito', como lo llaman sus lugareños, no es complicado -está a 40 kilómetros del centro de Buenos Aires, en el municipio de Lomas de Zamora- no muchos taxistas aceptan el viaje, y menos si hay que callejear por la zona, una de las más inseguras en el inmenso cinturón urbano que rodea a la capital.

Azamor, la calle en la que 'El Pelusa' dio sus primeras patadas al balón, es modesta, y sigue en pie la humilde casa donde los padres de Maradona y sus cuatro hermanas mayores se instalaron a finales de los 50, procedentes del norte argentino.

Sin embargo, hace décadas que no queda rastro de su vecino más ilustre y el acopio de desechos en su exterior da una clara impresión de abandono. "Ese lugar tendría que ser algo muy importante para Fiorito, pero no lo es. Tendría que tener un monumento", cuenta Luján Ocampo, quien asegura haber compartido momentos de su infancia con 'El Diego'.

El que para muchos es el mejor futbolista de todos los tiempos nació en un hospital cercano en 1960 y, tras una niñez de estrecheces, ser fichado por Argentinos Juniors le cambió la vida para siempre. En los 70 se mudó con su familia a la capital y empezó a hacer historia. Con una certeza que tenía clara desde los 13 años. Diego es el símbolo del pobre que le roba al rico, del David que es capaz de derrotar a Goliat. Por eso no podemos entender el dolor que se siente ahora en Nápoles. Cuando Diego fue presentado en el estadio San Paolo en 1983 ese equipo nunca había ganado una liga. Maradona no solo les entregó dos scudettos y una copa UEFA sino que los concientizó de que ellos eran tratados, en las ricas ciudades del norte, como los negros de Italia.varias veces también metió los pies en el barro para ser un ídolo.Una de ellas ocurrió en 1985, en Acerra, una localidad cercana a Nápoles. Maradona apenas ascendía a su trono de máximo ídolo del Napoli y se untó de lodo para llegar a los más profundo del corazón de la gente: jugó un partido benéfico para un niño enfermo en una cancha imposible contra un equipo muy modesto, el Acerrano. El fervor de los napolitanos a Maradona se revela en un detalle absolutamente inusual: llenar su estadio en las semifinales del mundial del 90 para hincharle al equipo de Maradona y no a su selección, algo que nunca le perdonarían.

A Diego su vida se le empezó a escapar de las manos a los 16 años, cuando era la estrella de Argentinos Juniors. Desde ese año los medios lo acosaron, no pudo salir jamás a la calle, su único polo a tierra era Claudia Villafañe, su esposa, y cuando este lazo se rompió el barrilete cósmico salió volando al espacio sideral. La cocaína, las pastillas, las personas que poblaron el planeta Diego, terminaron quemando al ídolo. ¿Quién puede juzgarlo? Si, tiene razón Manu Chao, si yo fuera Maradona, viviría como él. Si tuviera ese poder intentaría socavar a la Fifa y gritarles que son el gran ladrón y hubiera sucumbido a una rumba de cinco días en Londres con Keith Richards y Pete Townshend. Diego Armando Maradona llegó a enfrentarlos sin miedo a los poderosos jefes de la FIFA a quienes tachó de "mafiosos", "ladrones", "dictadores" e "ignorantes" ... En campaña para desalojar del puesto de mandamás de la FIFA, manifestó: "Le ha hecho mucho daño al fútbol". En un mundo sin poesía, dominado por tecnócratas nazis. En un acto de resistencia, con Diego aún sin ser sepultado, apelo al caos, a la rebelión, a la magia de verlo vengarse de los ingleses por las Malvinas usando sólo una mano. Diego no morirá nunca. jamás ha escondido su pasión por la izquierda latinoamericana. Fidel Castro, Hugo Chávez, Daniel Ortega, Evo Morales son algunos de los líderes con los que dialogó en algún momento."Somos chavistas hasta la muerte". Así se expresó el astro del fútbol, Diego Armando Maradona, a principios de agosto pasado, en tan solo una de tantas demostraciones de su apoyo a los procesos izquierdistas en América Latina. Además de su respalado a la Revolución Bolivariana en Venezuela, Maradona compartió simpatías con las revoluciones que se llevan a cabo en Cuba, Bolivia y Nicaragua, así como abogó por la continuidad del kirchnerismo en Argentina.



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Antonio J. Rodríguez L.


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