Quiero plantear algunas preguntas y reflexiones que surgen en el ambiente actual, después de haber sufrido el 3E26, del que todavía no hemos salido a flote. Y lo voy a plantear apoyándome en lo que la filosofía, la psicología, la sociología y la política ha enfocado desde sus metodologías, la explicación respecto a lo que de manera ordenada y práctica se entiende por maldad y cómo surge en la vida individual y hace presa en el colectivo, desde los factores biológicos, sociales y culturales, que han sido los rieles que han aportado los frenos a las desviaciones, que todavía se padecen en nuestras vidas y existencia cotidiana. Cómo se ha definido la maldad, y señalemos en perspectiva a la luz de la realidad, desnudando frente al mundo cómo se han saltado las barreras y fronteras de todo tipo, y el terrible daño que se ocasiona hoy a nivel global. La maldad es descrita como la disposición o acción de causar daño intencional, es la crueldad o la injusticia que se ocasiona a los otros, a las otras personas. Siendo los conceptos neutros, los filósofos han interpretado desde una categoría moral, que la teología ha tomado con fuerza adosándola a lo sobrenatural o que es el pecado. Distinta lo que aprecia la psicología que se remite a los rasgos o conductas del individuo y su personalidad; en tanto que la sociología lo concibe como un fenómeno social. Frente a estas perspectivas entre lo malo y lo bueno, los criterios varían entre culturas y épocas distintas.
Sabiendo que no hay consecuencias sin causas previas, vayamos al origen para explicar las cosas y cómo hay una combinación desde lo natural, y cómo la crianza e interacción entre individuos, atienden a múltiples factores biológicos, la predisposición genética o neurobiológicas, que hacen que aumenten o no la impulsividad y agresividad en ciertos individuos y no tanto en otros y otras. A esto agreguemos los factores ambientales, abusos, negligencias, pobreza, violencia normalizada y experiencias traumáticas, además de las desigualdades, que moldean las conductas en este caso dañinas. Todo combinado surte efecto en la interacción biológica y la predisposición en el entorno, lo que activa, refuerza o corrige tales impulsos. De esto se puede colegir que no es la naturaleza o la cultura, sino la mezcla dinámica de todos los factores concomitantes, lo que sirven para que la maldad se instale en la sociedad, por lo que es indispensable buscar nuevos mecanismos adecuados para que podamos socializar de nuevo, fortaleciendo las normas desde la familia, la escuela, la sociedad, y esto sea transmitido masivamente por todos los medios a disposición, comunicando esa buena nueva que nos salve definitivamente de la hecatombe en la que nos encontramos actualmente, por parte de quienes a través de la maldad infligen tanto sufrimiento y padecimiento a la mayoría de la humanidad, como nunca antes se vivió.
Sirva la presente entrega para desarmar las conductas aversivas y las agresiones de que hemos sido objeto por los propios que nos han mal gobernado y los que pretenden hacernos volver a los tiempos de los señores feudales, como si el tiempo no hubiera transcurrido en sus mentes desquiciadas e indiferentes ante la maldad como fenómeno sustantivo y radical que quieren que aceptemos como normal, mientras se sigue reproduciendo sin cesar. Tienen la máxima responsabilidad las instituciones y las estructuras de poder al aplicar leyes que nadie vota para que se legisle en consecuencia, una economía bajo jerarquías sometidas por los bancos federales cuyos presidentes nadie elige, y donde se legitiman los daños colaterales sin discriminar lo que está bien y lo que está mal, porque son los que proponen que lo institucional proteja a quienes cometen las fechorías y peor aún, los corruptos, psicópatas y sociópatas, que son la mayoría de los pseudo líderes o lideresas que controlan al mundo de hoy, con modelos que contagian a toda la sociedad de perjuicios ocasionados sobre las mayorías. Se trata de comportamientos en líderes y lideresas, que se imitan entre sí mientras se agrupan.
Si de algo sirven los experimentos clásicos que se han realizado, es para mostrar y desmontar cómo esa obediencia ciega a la autoridad, en contextos donde se llegan a cometer actos atroces y dañinos para la entera humanidad, son con absoluta evidencias, muestras palpables según Milgram y Zimbardo, efecto en roles y contexto que demuestran cómo personas ordinarias llegan a cometer actos dañinos bajo presión del entorno, con el uso y abuso de autoridad o rol social que lo facilita. Como el experimento social con la carpeta de color verde, que en ausencia del alumno que llega tarde a clase, es utilizado como cobaya, y que cuando debe responder, lo hace en base a lo que el grupo respondió y no apegado a su propia experiencia, que sabiendo que la carpeta es verde, se deja llevar por lo que respondió la mayoría, sin saber que se trataba de un experimento. Son hallazgos que ponen en evidencia de cómo se llega a influir en los individuos ante el grupo social que admite algo contrario a la razón. Así actúa la maldad, que no siempre es un rasgo individual fijo, pues depende de las respuestas a situaciones y estructuras en el grupo social donde es normalizado. Hay casos mucho más crueles y degradantes que están ocurriendo en estos momentos cumbres de la realidad actual en el mundo que estamos viviendo.
Las formas que se han propuesto para reducir al máximo la maldad en la sociedad, ya han sido probadas desde estrategias y prácticas, que al parecer ya no aplican en su cumplimiento al pie de la letra, es decir, que no se internaliza en una conducta debida, porque sus efectos rinden resultados a mediano y largo plazo, si se acata y se cumple, adecuados a la educación moral y emocional, a través de la empatía y el pensamiento crítico, de modo que se puedan alcanzar soluciones no violenta frente a los conflictos, por vía de la política y la diplomacia, y no por imposición del más fuerte sobre el débil, y además, como lo hace Trump desde EE.UU., por medio de la coacción y la fuerza militar bélica y letal de una potencia nuclear y con alta tecnología armamentista. Lo que acaba de ocurrirnos con toda la saña y maldad, demuestra el irrespeto a todas las leyes internacionales y al debido proceso, contra una Republica soberana, independiente, autónoma, antiimperialista y humanista; pese a las equivocaciones internas por parte del régimen instaurado con Maduro y su séquito, asunto que tenemos que resolver internamente entre el soberano y el Estado venezolano, sin tutelaje ni imposición externa. Esto es sin duda lo que se pretende aplicarnos desde el Nuevo Orden Global o multipolar que se quiere instaurar entre los poderosos en una contienda total.
Cómo vamos a cambiar las reglas de juego impuestas unilateralmente sino cambiamos las estructuras desde las políticas públicas, que se reduzcan las diferencias y desigualdades, la discriminación y la corrupción. Pues sólo con instituciones transparentes, donde sus miembros responsables actúen con honestidad, con responsabilidad, con las reparaciones del caso y las rehabilitaciones pertinentes, combinando la justicia con las sanciones a que haya derecho, para lograr disminuir su reincidencia. Se requieren modelos sociales positivos, líderes aptos y preparados con los altos niveles de operatividad, y con los medios necesarios para promover la solidaridad y la responsabilidad individual y colectiva, para alcanzar los objetivos propuestos. Sabemos que la maldad no es algo que solo se ha naturalizado, pero no se le puede achacar la culpa a la sociedad, porque es en la interacción y las predisposiciones individuales en que la maldad surge, en contextos sociales que lo permiten, pero que pueden también reprimirla. Sólo podemos limitarla actuando con educación y mucha salud mental, además desde estructuras sólidas y se cumplan las leyes ante las desigualdades y con mucha cultura en general.
La maldad ha sido un rasgo de lo que hemos aprendido por necesidad imperiosa cuando solo se contaba con la propia fuerza frene a una naturaleza hostil, lo cual es debatible, según el punto y postura desde las disciplinas que lo expliquen en la sociedad, y a lo largo de la historia, a la luz de la reinterpretación desde los avances tecno científicos y humanos, y cómo se ha avanzado progresivamente entre los seres humanos. Porque se trata de establecer las normas y la moral ha tenido mucho que ver al respecto, aunque no sea la única perspectiva de análisis para entender el asunto, que no es otro que el poner orden. Es lo que después de mucho ensayo y error se llegó a establecer ante el problema de la convivencia y el orden entre los grupos, y fue con el contrato social, como propuesta teórica, que pasó de los individuos aislados y en conflicto permanente, a una sociedad organizada. Los antecedentes son parte de las reflexiones de los sofistas y la crítica con las ideas aristotélicas, en cuanto a que la sociedad era algo natural. Sin embargo, mucho hubo que discutir hasta que, llegados a la modernidad, Hobbes, Locke y Rousseau, con sus visiones distintas sobre la naturaleza humana, logran establecer el rol del Estado.
Desde el estado natural que consideraron tantos filósofos contractualistas, que imaginaron las situaciones previas a la sociedad organizada, pues los seres humanos vivían sin leyes ni autoridad, y enfrentados a la inseguridad, la violencia y la precariedad. Entonces el contrato social vino como propuesta y alternativa ante el estado anómico, y por medio de un pacto fundamental se estableció la vida en común. Thomas Hobbes, Leviatán (1651), planteó que el ser humano es conflictivo por naturaleza "el hombre es lobo del hombre", y para evitar la guerra perpetua, los individuos ceden sus derechos al soberano absoluto, quienes garantiza la paz y el orden. John Locke, Dos tratados sobre el gobierno civil (1690) sostuvo que los hombres poseen derechos naturales a la vida, la libertad y la propiedad, y que el contrato social creaba el gobierno limitado para proteger aquellos derechos, y si el poder los vulneraba, los ciudadanos tenían la potestad de rebelarse. Finalmente, Jean-Jacques Rousseau, El contrato social (1762), defiende que el pacto debe basarse en la voluntad general, garantizando la libertad y la igualdad, visión que influyó en vivo y directo en la Revolución Francesa y la idea moderna de democracia. Otros pensadores como Denis Diderot entre otros de la ilustración subrayaron la importancia de la educación y la razón como herramientas para formar sociedades más justas.
Pero los aportes desde la perspectivas psicológicas y sociales hablan del constructo social, y entre profesionales han insistido sobre el tema, considerando que la maldad no es innata, sino que se aprende en contextos sociales, un ejemplo, la deshumanización permite que se justifiquen actos violentos al ver al otro como si fueran menos humano. Experimentos como el de Milgram muestran que la obediencia a la autoridad puede llevar a personas comunes a realizar actos crueles, lo que sugiere que el contexto y las normas sociales influyen fuertemente en el comportamiento. Los humanos somos más que una dualidad, puesto que nuestra capacidad fluctúa entre la empatía y la compasión, frente a la violencia y el odio. Es un exceso reducir a la naturaleza humana la maldad, además de una burda simplificación. Pereo si bien no hay un consenso absoluto, hay quienes piensan que la agresividad es parte de nuestra biología, mientras otros opinan que la sociedad moldea la conducta. Lo más aceptado hoy es que la maldad no es un rasgo fijo, sino el resultado de la interacción entre predisposiciones humanas al egoísmo, el miedo, y el deseo de poder, que son factores sociales, culturales y educativos.
Planteo una cuestión profunda y voy a la raíz desde la filosofía, la antropología y la ética, dándole forma y contenido a estas reflexiones desde tres niveles, de la condición humana, de los atributos esenciales y las condiciones ideales en que se expresan. El ser humano se define por una tensión constante entre su biología y su espíritu, siendo animales con conciencia reflexiva, somos capaces de preguntarnos y cuestionarnos ante el sentido de nuestra existencia. Nuestra condición, marcada por la libertad, aunque limitada, la responsabilidad y la capacidad de trascender lo inmediato, lo que nos diferencias de otros seres vivos, y nos sirve para sobrevivir, construyendo mundos simbólicos, desde el lenguaje, las artes, las ciencias, la religión o la política y otras posibilidades entre nuestros atributos esenciales, pero que se requiere que podamos alcanzar tales otros atributos que hemos cultivado para que nuestra condición humana se exprese a plenitud, y los principales son la dignidad, la libertad, la solidaridad, la memoria, la creatividad y la espiritualidad. Esto tiene un significado ético total en cuanto al valor intrínseco en la persona, irreductible a ser convertida en mercancía u objeto de transacción desde el poder. Debemos ser capaces de elegir y crear sin que se nos quiera degradar por manipulación y el consumismo incontrolado; reconociéndonos en el otro, en la otra, como parte de uno mismo, sin la fragmentación del individualismo y la competencia. Tememos la capacidad de aprender proyectados por la historia hacia el futuro, ante el riesgo actual del olvido inducido por la inmediatez y el ruido mediático. La realidad se ha transformado a través de la imaginación y dese la técnica, pero pretenden encorsetarla desde la lógica del mercado. En cambio apostar a la apertura, a lo trascendente, a la búsqueda de sentido, sin que nos reducida a dogmas y al consumo superficial. Son las condiciones ideales en su máxima expresión ante un mundo en crisis. Atributos que pueden florecer si las condiciones se dan desde una educación liberadora que forme pensamiento crítico y no solo mano de obra; una verdadera justicia social que garantice igualdad de oportunidades y respeto a la dignidad, en espacios comunitarios donde la solidaridad y la cooperación prevalezcan sobre la competencia, y el tiempo para reflexionar sin pausa, con conciencia, evitando la atrofia. Debemos reconectarnos con la naturaleza, recordar que somos parte de un ecosistema y no sus dueños, y revalorizando estos principios, rescatar los valores, la honestidad, la compasión, la responsabilidad, no como moneda de cambio, sino como fundamentos para la convivencia entre iguales. De lo que se trata es de la condición humana, de su fragilidad y de sus potencialidades al mismo tiempo, siendo capaces de la barbarie o de la creación sublime. En tiempos de caos, la tarea es reconstruir los principios que nos diferencian de la mera bestialidad, con dignidad, con libertad, de manera solidaria y con pleno sentido. La maldad sólo se inserta en un cuerpo que obstinadamente medra sin darse cuenta de que es naturaleza y tiene la capacidad de influir en ella, tomando decisiones sobre los patrones que volcamos en la sociedad.
Cerremos esta entrega solidarizándonos con la María Alejandra Díaz, a quien acompañamos en sus magníficas y bien pensadas propuestas, porque no somos ni buenos ni malos por naturaleza, pero demostramos con nuestros hechos y la actitud que asumimos anta la realidad que nos ocupa, siendo seres con potenciales infinitos para el bien y el mal, y debemos decidir hacia dónde nos inclinamos, o con más precisión, manteniéndonos fiel a la balanza de la vida, en un entorno que juega papel decisivo en las facetas de los procesos y desarrollos ante los demás. Atina acertadamente la compatriota María Alejandra cuando nos comparte sus criterios sobre la corrupción a consideración de parte, relevo de pruebas, y es incisiva al calificarla como un crimen de lesa patria y humanidad; describiéndola como un delito profundo, que además de afectar a la economía, hace que disminuya la confianza en el gobierno, lo que es muy grave, porque en vez de enfocarse en prestar los servicios básicos para población, están erosionando el propio sistema y la democracia. Cierto que habría que tipificar a la corrupción como crimen internacional, pues priva al soberano de sus derechos fundamentales, pues las dimensiones que ha alcanzado, es a niveles transnacionales, a lo cual se conectan otros muchos delitos conexos, como el lavado de activos, el tráfico de drogas, el de las propias influencias entre el crimen organizado, por lo que urge se creen leyes para repatriar los capitales producto de la corrupción, a través de mecanismos como la extinción de dominio transnacional, y se establezca cooperación bajo tratados como la Convención de Palermo, UNCAC y la Convención Interamericana contra la Corrupción. Para que se reconozca al pueblo venezolano como una víctima directa, y se garantice que los fondos recuperados se destinen a la reparación social. En síntesis, tomar medidas concretas y crear instituciones sólidas que se aboquen con dispositivos especiales y específicos a la materia, se cree la estructura, que premie con justicia a quienes den información verificada sobre el destino de esos capitales. Ejemplos a tomar en cuenta como bien los señala la abogada constitucionalista, las órdenes de riqueza no explicada (UWO) del Reino Unido, la directiva anticorrupción de la Unión Europea, la Ley Suiza de restitución de activos ilícitos o la Ley FCPA de EE.UU., contra prácticas de corrupción en el extranjero. Díaz critica la falta de voluntad política interna y denuncia la complicidad y evasión de responsabilidades y ausencia de independencia judicial, en la República Bolivariana de Venezuela. Insiste en que la recuperación de los activos es clave para la reconstrucción de nuestra economía, como garantía de justicia social. El mal como la corrupción son un cáncer que debe ser extirpado con instrumentos jurídicos e internacionales, para la repatriación de los capitales, con políticas públicas transparentes. Es necesario poner orden y evitar que ese cáncer haga metástasis en el cuerpo de la nación.