Inmunidad e impunidad perdón y traición

 

"A cada conspiración sigue un perdón, y a cada perdón sigue una conspiración."

Lo dijo el padre Libertador Bolívar, los perdones repetidos generan impunidad porque al no haber sanciones a las conspiraciones, se incentiva su repetición. Esto lo expresó en el Manifiesto de Cartagena tras la derrota de 1812, pues observó que la política de clemencia y la falta de disciplina habían debilitado el orden público y la autoridad republicana. Su diagnóstico fue que la indulgencia mal entendida, perdones y tolerancia, había permitido la descomposición del Estado y facilitado la acción de facciones que conspiraban contra la república. Por lo que urgía corregir esos vicios y así evitar se disolviera el Estado. Fueron parte de su crítica y la frase no ha perdido vigencia, sigue siendo un recordatorio en la denuncia de las situaciones donde la impunidad y los perdones políticos, amnistías, indultos, sin justicia, terminan alimentando más conflictos y debilitando la confianza en las instituciones, pues conllevan implicaciones políticas y morales. Bolívar defendía la necesidad de instituciones y medidas que impidiera la repetición de conspiraciones y no se trataba de venganza, sino de garantizar la estabilidad. Criticó a los filósofos por jefes y a la filantropía mal aplicada que, en su opinión, confundía indulgencia con buen gobierno.

En estos momentos tan convulsos de nuestra historia en la V República, donde pasan cosas como si nada pasara, y como si no fuera suficiente haber dejado hacer y dejado pasar lo que viene ocurriendo, sin asumir en lo más mínimo responsabilidades individuales e institucionales, eso importa más por ser fundamental al estamento de quienes se agrupan para ser, decir y hacer los cambios pertinentes, separando el bien del mal, donde sectores contrarios y enfrentados, deben dar explicaciones claras y no evadir, y pasar agachados frente a la historia, por una suerte de inmadurez o tal vez por tozudes de los principales actores y actoras del reparto, de esta vida diaria de hace doce años, donde se incumplió la ley y las normas, por quienes investidos de autoridad, irrespetaron al soberano, responsabilidad del Estado, por el que se debe asumir con responsabilidad y honestidad luego de haber permitido que ocurriera la nefasta y aberrante situación del 3E26. Debemos pasar la hoja cuando lo que está en juego es la soberanía, la independencia y la autodeterminación de la República Bolivariana de Venezuela. aceptaremos ser tutelados y entregar el futuro de las futuras generaciones para que salven sus culpas los traidores y con tres golpecitos de pecho olvidar sin más. Quienes hoy siguen ejerciendo cargos públicos y jugaron su papel vergonzoso frente al enemigo al que ahora condecoran y con los que fraternizan, con los victimarios y no con las víctimas, siguen siendo parte de una estructura que no se granjea con el fiel de la balanza en el desempeño de sus funciones. En concreto, lo que tienen que quedar incólume es la ética y las normas morales en el accionar de la cosa pública, la de todos y todas, pues incumben que la responsabilidad de los delitos y las faltas es individual, no colectiva, por lo que cada quien debe pasar por el tamiz de la normativa vigente, de las leyes, bajo el marco jurídico institucional, sin que se pretenda zafarse saliéndose por la tangente, o simplemente tirarle un capotazo a la bestia que desataron, y permitir que el perdón sin contrición sea suficiente para dejar sin sanciones a los culpables, sobre quienes pesan delitos graves, hasta de lesa humanidad.

Entonces hablemos un poco sobre qué tratan los términos de inmunidad e impunidad, que no son sinónimos, sino antónimos, y que suelen confundirse en la realidad, ambos se basan en fundamentos muy distintos y opuestos. Vamos a desmenuzarlos para que nos percatemos de sus diferencias y alcance entre sí. Vamos a la diferenciación conceptual, a su definición, fundamento y caracterización, y qué significan, pues empecemos con lo que es la inmunidad. Se trata de una protección legal o institucional que exime a una persona de ser procesada o sancionada en determinadas circunstancias, se basa en normas jurídicas que buscan garantizar funciones específicas, como por ejemplo la inmunidad parlamentaria, para proteger la independencia de quién legisla. Siendo jurídica está regulada con limitaciones; en condiciones pueden ser levantadas en casos específicos, si por caso se violenta la ley. En cambio, la impunidad es cosa muy distinta, y es por lo general muy y más perniciosa, porque se trata de la ausencia de la sanción frente al delito o la falta, y aunque exista una responsabilidad civil, penal o administrativa, es usada como un subterfugio por las fallas del sistema de justicia o la manipulación desde el poder, para evitar las consecuencias de ley. Es fáctica y negativa, lo que quiere decir ante su implicación, que el delito cometido, queda sin castigo, lo cual debilita la confianza de los miembros de la sociedad en sus instituciones.

Las dos acepciones se corresponden y se oponen a la vez, su correspondencia es parcial, pues ambas implican que alguien no ha recibido la sanción que le corresponde, y en ambos casos la persona queda a salvo de las consecuencias inmediatas. Además, existe una especie de rechazo que las anula mutuamente, puesto que al ser la inmunidad un mecanismo legítimo, es temporal, pensado para proteger funciones institucionales, que para nada supone el encubrimiento de los delitos o faltas que se cometan. En cambio, en el caso de la impunidad se anula la justicia al contradecir el principio de igualdad ante la ley. Incluso si el uso de la inmunidad llega a ser de forma abusiva, puede transformarse en impunidad, pues rechaza la lógica de la inmunidad al no necesitar su fundamento legal, imponiéndose por la fuerza o por la corrupción. Esto calza como anillo al dedo en todo lo que ocurrido en la República Bolivariana de Venezuela desde hace ya mucho tiempo, si se quiere o prefiere, es parte del combo que ha sido parte de la herencia que se instauró durante la colonia y de lo cual no hemos sabido gestionar para descolonizarnos. Comparemos con ejemplos lo que es la inmunidad, en este caso la parlamentaria, esta contempla que un diputado no puede ser detenido por sus opiniones políticas en el ejercicio de su cargo; aunque puede haber impunidad política, cuando un funcionario o funcionaria es acusado o acusada de corrupción y logra evitar el juicio, gracias a la manipulación que ejerce sobre el propio sistema judicial. Esto les suena familiar o casual o no.

En síntesis, diremos que la inmunidad es un instrumento jurídico regulado que protege funciones institucionales, mientras que la impunidad es una patología del sistema de justicia que permite que delitos queden sin castigo. La inmunidad puede degenerar en impunidad, pero en su origen son dos conceptos distintos y que se rechazan mutuamente. La inmunidad busca preservar la justicia, la impunidad destruye la justicia. Y en nuestro contexto histórico cabe perfectamente la frase del Libertador Simón Bolívar en el Manifiesto de Cartagena del 15 de diciembre de 1812, originada tras la caída de la I República de Venezuela, y tras haber analizado en profundidad las causas de la desintegración política y moral de la república, criticó la debilidad de los gobernantes, quienes optaron por ser tolerantes y por los perdones en lugar de las medidas firmes para evitar el relajamiento en cosas tan serias. Bolívar sostenía que conceder perdones repetidos sin sancionar las conspiraciones generaba impunidad, al perdonar a los conspiradores, el gobierno no eliminaba la causa ni el incentivo para nuevas conspiraciones, de modo que a cada perdón sucedía una conspiración, es decir, el perdón se convertía en estímulo para la impunidad y la repetición de los delitos político. Hoy su vigencia es inestimable y más presente que nunca, nos debe llamar a la reflexión crítica, y llevarnos a asumir con responsabilidad y honestidad lo que corresponde, sin que de nuevo se burle la ley y la justicia, con más inmunidad y más impunidad.



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Franco Orlando


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