Derechos Inhumanos del capital: Asesinan en masa al pueblo de Palestina

Los pomposos DDHH abstractos perdieron su falsa envoltura externa apareciendo como lo que han sido siempre: Derechos Inhumanos del capital, los que asesinan en masa al pueblo de Palestina.

«Querido compadre, seguramente también allí han oído hablar de bolcheviques, de mencheviques, de social-revolucionarios. Bueno, compadre, le explicaré qué son los bolcheviques. Los bolcheviques, compadre, somos nosotros, el proletariado más explotado, simplemente nosotros, los obreros y los campesinos más pobres. Este es su programa: todo el poder hay que dárselo a los diputados obreros, campesinos y soldados; mandar a todos los burgueses al servicio militar; todas las fábricas y las tierras al pueblo. Así es que nosotros, nuestro pelotón, estamos en este programa»[1].

1.- UN SOLDADO BOLCHEVIQUE EN 1917

¿Qué relación guardan estas palabras con el día internacional de los Derechos Humanos celebrado el pasado 10 de diciembre de 2023, año en el que se registran no menos de 183 guerras y conflictos locales, la cifra más alta en este último tercio de siglo[2], destacando por su inhumanidad la agresión salvaje del sionazismo al pueblo palestino? ¿Qué DDHH concretos, prácticos, pueden existir en un capitalismo que desperdicia 570 millones de toneladas de alimentos anualmente mientras que crecen las hambrunas, con una medida de 735 millones[3] de personas que pasan hambre? ¿Qué DDHH pueden existir cuando la educación es una fábrica de creciente desigualdad social[4], y cuando los ricos tienen seis años más de esperanza de vida que los pobres[5]?

La cita procede de una carta enviada por un soldado ruso a su familia campesina en el verano de 1917, desde el frente de guerra contra los alemanes meses antes de que estallara la revolución bolchevique en Octubre de ese año. Nos ha venido a la memoria al leer que, según ciertos sondeos, un 57% de la población del ente sionista llamado "Israel" aprueba el terror desencadenado contra el pueblo palestino, mientras que sólo el 1,8% cree que es excesivo[6]. ¿Qué relación antagónica puede existir entre el derecho/necesidad del pueblo trabajador ruso en 1917 a hacer la revolución para destruir el capitalismo, y el de ese 57% de la población israelí que se cree en el derecho de poder asesinar impunemente por ahora a más de 18.000 personas, de las cuales el 70% son mujeres y niños, con casi 50.000 heridos, y que se siente protegido y legitimado por el imperialismo que proclama su «derecho y la obligación de defenderse»[7]?

El soldado bolchevique sintetizó maravillosamente lo esencial de la teoría socialista[8] de los DDHH nada menos que 31 años antes de que, tras un sinfín de crisis y guerras, en 1948 se firmase la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en cuyo Preámbulo se reconoce el derecho a la rebelión contra la injusticia y la opresión. Obviamente, el ente sionista no sufre ninguna opresión e injusticia, sino al contrario: él mismo es una especie de portaviones nuclear terrestre cuya función es asegurar la posesión imperialista de Oriente Medio y la exportación de instrumentos represivos de alta tecnología. Un análisis más detenido sobre el sionismo lo realizamos en «Sionazismo»[9] del 21 de julio de 2022 disponible en la red.

El campesino armado bolchevique no pudo leer al Marx defensor del derecho consuetudinario preburgués sobre los bienes comunales[10], justificando el «robo» por el pueblo de los recursos de los bosques privatizados violentamente por la burguesía; ni tampoco pudo leer a Engels que calificaba de «inmoral»[11] la mercantilización de la tierra, de la naturaleza. No pudo leer estos y otros textos imprescindibles porque se publicaron después de 1917, pero es posible que leyera al Marx que en El Capital demostró que es la «fuerza»[12] la que decide el resultado de la lucha entre derechos iguales e inconciliables: el burgués y el proletario, por citar algunas posibilidades. Y es algo más probable que hubiera leído y debatido el Qué Hacer de Lenin, obra de 1902, en la que lean las lecciones aprendidas por el pueblo explotado en su «larga historia»[13] de resistencia al zarismo. Sin duda, esta tenaz lucha de clases enseñó al campesino bolchevique que cualquier «derecho» se sustenta en el poder armado, sobre todo el derecho/necesidad de la humanidad oprimida.

2.- SIONAZISMO Y ARMAGEDÓN

En 1917 Tvi Yehuda Kook (1891-1982), líder del grupo fundamentalista Gush Emunim (Bloque de los fieles) tenía 26 años, es decir, estaba dando forma programática al sionismo de su grupo, llegando a reconocer que «Torah, guerra y colonización son tres cosas en una»[14]. Disponemos de otras muchas declaraciones por el estilo, igualmente bárbaras pero no tenemos espacio para extendernos en ellas. El sionismo supo desde sus inicios que su triunfo dependía de la consolidación de una teocracia basada en la ferocidad de la Biblia obsesivamente ofuscada en silenciar que la «sangría primigenia»[15] sostiene su dogma, uno de cuyos fines prioritarios es negar toda validez científica a quienes demuestran que «Israel» es una reciente[16] construcción económica, sociopolítica, religiosa y sobre todo militar.

La solidez de la teocracia depende, además de en la profundidad de las raíces irracionales que anclan el opio religioso en el inconsciente humano desde la primera infancia, también en las medidas de toda índole que el poder teocrático desarrolla para fortalecer esas raíces y adaptarles a las necesidades de la clase dominante. Por esto, en la medida en el que ente sionista veía aumentar las dificultades de toda índole, intentaba agilizar la interacción entre las tres prácticas exigía ya en abril de 2004 que: «1. La resistencia Palestina debe ser aplastada. 2. El apoyo público debe ser asegurado y se debe contar con la participación activa de al menos un sector de la sociedad israelí en forma operativa. 3. La crítica internacional debe ser silenciada.»[17]. Estas y otras prácticas represivas se sustentan en una mixtura ideológica basada en gran medida en las innegables relaciones históricas entre el fascismo y el sionismo[18], y también en aportaciones posteriores sobre el sionismo cristiano que analizaremos a continuación.

Vemos cómo interactúan diferentes sub-causas parciales hasta confluir en una única razón del genocidio palestino. Así comprendemos mejor ese apoyo del 57% de la población invasora a la inhumana masacre y la represión metódica del derecho de libre expresión en los países imperialistas y prosionistas. Pero se equivoca quien reduzca sus causas a la necesidad sioyanqui de apoderarse de los grandes recursos gasísticos descubiertos en 2015 en Gaza, o quien añade también el expolio de las fértiles tierras y abundante pesca de la costa gazatí. Todo esto es cierto pero insuficiente. Para el sionazismo la deportación total[19] de la población de Gaza es uno de los objetivos tácticos imprescindibles para el objetivo histórico de lograr esa utopía reaccionaria del Gran Israel, que pretende basarse en la Biblia, ese libro que rezuma falsedades como explicamos en «Sionazismo».

Esta mezcla explosiva de las corrientes más reaccionarias ha ido confluyendo en el los fanáticos imperialistas del mito del Armagedón[20], la batalla última y definitiva de la guerra eterna entre el Bien, dios y la propiedad privada, y el Mal, la humanidad y el comunismo. El Gran Israel, el Armagedón, la salvación de Occidente, la Última Cruzada… son excusas que justifican que los sionistas –«armados y peligrosos»[21]— sean una potencia nuclear incontrolada e incontrolable excepto por EEUU. Esto último es lo decisivo: sin EEUU el ejército sionista no sobreviviría un mes, como se confirma ahora mismo ya que los sionazis son reforzados por el Pentágono, por la OTAN y por sus empresas militares privadas. Más aún, EEUU y el ente sionista son una simbiosis sin la cual el Senado norteamericano hubiera tenido muchas más dificultades para declarar oficialmente que no se retirarán de Siria[22], país que invadieron, que ocupan y saquean.

3.- LUCHA DE CLASES EN PALESTINA

La alianza estratégica entre casi la totalidad de las burguesías musulmanas y Occidente es una de las dos razones que explican la poca ayuda solidaria que está recibiendo Palestina para defenderse del terrorismo sionazi, siendo la otra razón el interés de EEUU y la OTAN por la supervivencia del «Israel». Esta alianza es la que ha creado e impuesto la triple mentira de que, primero, se trata de una simple guerra entre el «terrorismo» de Hamás y el «Estado democrático de Israel»; segundo, que solamente están combatiendo los «terroristas» de Hamás, sin el apoyo del resto de organizaciones armadas palestinas; y tercero, que el pueblo palestino no apoya a Hamás. Sin embargo, es muy fácil demostrar que el imperialismo ha creado un imagen falsa, mixtificada[23] de Hamas que en modo alguno es «una organización terrorista», sino que en la Franja de Gaza ha llegado a ser la fuerza mayoritaria refrendada en elecciones verdaderamente democráticas, con una política de ayuda social y de integración de sectores diferentes así como una admirable apertura a la participación de la mujer trabajadora que ridiculiza la demagogia hueca del feminismo burgués[24].

Es la alianza entre el imperialismo y buena parte de las burguesías musulmanas la más interesada en que se hunda la resistencia popular gazatí, pero quedándose su burguesía local como la colaboradora del ocupante sioyanqui. Parecido a lo que sucede en Cisjordania en donde la llamada «Autoridad Nacional Palestina» –corrupta burguesía colaboracionista que ejerce de «la policía municipal»[25] sionista– aparenta tener el poder real aunque «Israel» sólo le permite una pequeña autonomía vigilada. Jaldía Abubakra está en lo cierto al afirmar que: «Mientras la gente vive en los guetos, algunas empresas cisjordanas siguen vendiendo, comprando, ganando… además, muchas de ellas hacen negocio ¿Y con quién? con el ocupante»[26].

Pero el imperialismo sioyanqui quiere quedarse con todo si se lo permitidos las y los oprimidos, destruyendo Gaza primero y luego Cisjordania, es decir aniquilar Palestina hasta su raíz material y simbólica de modo que, al final, el ente sionista se enfrentará al mismo dilema que tuvieron los criminales que exterminaron la Comuna de París de 1871, expresado así por Marx: «¡Gloriosa civilización esta, cuyo gran problema estriba en saber cómo desprenderse de los montones de cadáveres hechos por ella después de haber cesado la batalla!»[27]. Sobre esta tierra palestina devastada se lanzarán como piratas, como aves de rapiña, los tiburones del capital financiero internacional para "ayudar" a la recuperación del ente sionista. La destrucción planificada de la sanidad en Gaza, con sus estremecedores efectos sobre el pueblo palestino, abre un mercado más el hambre insaciable de carne humana de los fondos buitre[28] que devoran ya medio mundo.

Hemos llegado así a la lucha de clases dentro de Palestina, porque la burguesía cisjordana hará lo imposible para abortar toda movilización popular peligrosa para el sionazismo, toda práctica del derecho/necesidad de solidaridad con Gaza y de resistencia nacional de clase que «Israel» utilice como excusa para destrozar Cisjordania. Y dentro de la lucha de clases descubrimos al instante la lucha entre «derechos de clase antagónicos», en especial el de la unificación nacional palestina con un solo Estado «del río al mar» sólo alcanzable con la desaparición del ente sionista, y es que no existe independencia nacional abstracta alguna, libre de la lucha de clases: «nación trabajadora»[29] contra nación burguesa: pura dialéctica de unidad y lucha de contrarios.

Los derechos de clase antagónicos son, por tanto y a la vez, derechos de nación de clase antagónicos. Referirnos a la opresión nacional, al colonialismo y al imperialismo en sus fases, es aquí imprescindible porque hablar de DDHH exige partir de la interacción entre lo genético-estructural del capitalismo, de lo universal, y de las expresiones particulares y singulares de lo histórico-genético del imperialismo en el siglo XXI. Este método es el que vertebra el enriquecimiento del pensamiento de Marx[30] y del marxismo como praxis de la revolución comunista en la liberación de los pueblos, y en lo que concierne a Palestina como liberación del pueblo árabe[31]. Insistimos, todo debate sobre los DDHH debe realizarse siempre dentro del horizonte conceptual marxista, o será una divagación vacía y fútil, borrosa, abstrusa, en beneficio del crimen imperialista.

4.- CRÍTICA DE LOS DDHH BURGUESES

La crítica marxista de los DDHH burgueses parte de la falsedad del fetiche de la «libertad individual» que iguala en la superficie de la circulación de mercancías los derechos abstractos de la explotada y del explotador, mientras que en el sótano ardiente, en los hornos insufribles de la producción de plusvalor, la igualdad se funde con el horror ígneo de la explotación para transformarse en beneficio capitalista. Moverse únicamente en la superficie de la circulación de mercancías –democracia del «carro de compras»[32]— nos encadena al fetichismo de la democracia parlamentaria, laberinto represor del que no se sale ni con el mejor Hilo de Ariadna; mientras que si luchamos contra el horno incandescente de la dictadura del salario quedamos liberados de toda cadena parlamentarista y pasamos a organizar la toma del poder obrero y popular a la vez que avanzamos en los derechos socialistas.

La «libertad individual» burguesa es falsa en el sentido marxista de libertad/necesidad. El derecho burgués hace de la libertad la obligación de sufrir tanto la dictadura salarial como la dictadura del consumo, ambas imprescindibles para la reproducción del capital. La «libertad» burguesa es así una parte del desenvolvimiento del capital[33], sobre todo cuando las clases y naciones oprimidas creen que es su «derecho», es decir el «derecho» a la esclavización asalariada mientras que, por el contrario, el derecho marxista consiste en la libertad/necesidad de destruir la esclavización asalariada. Mientras la humanidad oprimida acepta las cadenas del «derecho» imperialista reina la paz del amo, pero si se rebela e intenta destruirlas sufre el horror de Palestina.

5.- DERECHOS SOCIALISTAS VS DERECHOS INHUMANOS

Según transcurra la lucha de clases en Oriente Medio y en el mundo, el pueblo heroico de Palestina tal vez llegue al mismo dilema al que se enfrentó la muy joven URSS al inicio de 1918, justo al comenzar la invasión realizada por catorce ejércitos imperialistas para desgarrarla en protectorados fácilmente explotables. Fue en ese momento de peligro mortal cuando se aprobó la Declaración de los derechos del pueblo trabajador y explotado:

«1) Queda abolida la propiedad privada de la tierra. Se declara patrimonio de todo el pueblo trabajador toda la tierra, con todos los edificios, ganado de labor, aperos de labranza y demás accesorios agrícolas.

2) Se ratifica la ley soviética acerca del control obrero y del Consejo Superior de Economía Nacional, con objeto de asegurar el poder del pueblo trabajador sobre los explotadores y como primera medida para que las fábricas, talleres, minas, ferrocarriles y demás medios de producción y de transporte pasen por entero a ser propiedad del Estado obrero y campesino.

3) Se ratifica el paso de todos los bancos a propiedad del Estado obrero y campesino, como una de las condiciones de la emancipación de las masas trabajadoras del yugo del capital.

4) Queda establecido el trabajo general obligatorio, con el fin de suprimir los sectores parasitarios de la sociedad.

5) Se decreta el armamento de los trabajadores, la formación de un Ejército Rojo socialista de obreros y campesinos y el desarme completo de las clases poseedoras, con objeto de asegurar la plenitud del poder de las masas trabajadoras y eliminar toda posibilidad de restauración del poder de los explotadores»[34].

En un momento especialmente crítico de la guerra revolucionaria contra catorce ejércitos imperialistas más el llamado «ejército blanco» de contrarrevolución zarista, Trotsky, artífice del Ejército Rojo, arengó así a las tropas en septiembre de 1918: «Se trata de saber a quién pertenecerán las casas, los palacios, las ciudades, el sol, el cielo: si pertenecerán a las gentes del trabajo, a los obreros, los campesinos, los pobres, o a la burguesía y a los terratenientes, los cuales han intentado de nuevo, dominando el Volga y el Ural, dominar al pueblo obrero»[35].

Los derechos socialistas surgen de y se practican para satisfacer las necesidades vitales de las clases y naciones oprimidas: ¿de quién es el cielo y el sol? Desde luego que de los y las palestinas, especialmente de su infancia, pero se los han robado los sionazis que con sus bombas yanquis destruyeron hospitales y escuelas, parques y bibliotecas, ocultando el sol y el cielo con el humo, el polvo, el llanto y la sangre, pero también las estrellas y la luna. El derecho socialista exige que el cosmos, su belleza infinita, sea propiedad colectiva de la especie humana y no propiedad del imperialismo.

En 1945, algo más de tres años antes de la Declaración Universal de los DDHH, Ho Chi Minh daba dos brillantes respuestas prácticas a la pregunta sobre qué son y cómo se practican esos derechos. La primera versaba sobre las medidas urgentes a tomar para acabar con la hambruna impuesta por los ocupantes franceses que había causado ya más de dos millones de muertos: se redujo mucho la cantidad de arroz malgastado en licor y dulces por la industria burguesa, dedicando la gran cantidad el arroz recuperado en alimentar al pueblo hambriento[36]. Se limitó drásticamente el derecho burgués a enriquecerse con la venta de productos nocivos, para satisfacer el derecho/necesidad del pueblo a la alimentación de calidad y abundante. Además, para acabar con el analfabetismo inmenso se obligó a los ricos a convertir en escuelas públicas las mejores habitaciones de sus palacetes, «haciendo especial hincapié en la alfabetización de las mujeres»[37].

En la primavera de 1948, poco antes de la Declaración Universal, Mao elaboró un decálogo de tareas para avanzar en la reforma agraria que no podemos exponer ahora en extenso, excepto en las imprescindibles condiciones previas: a) derrotar al ejército sostenido por EEUU y a las guerrillas contrarrevolucionarias; b) distribuir la tierra entre la «abrumadora mayoría de las masas básicas»; y c) preparar técnica y políticamente al partido para dirigir el reparto de la tierra, por lo que hay que «enseñar a los cuadros cómo analizar las situaciones concretas»[38].

Propiedad socialista de la tierra, planificación económica y sociopolítica, ejército popular de liberación y formación teórica y política, he aquí las medidas esenciales para realizar una conquista insustituible sin la cual no existe DDHH alguno: la reforma agraria que devuelva la tierra al pueblo. Pero Mao insiste en un componente interno de la formación teórico-política: el método dialéctico para «analizar las situaciones concretas». Los DDHH burgueses son abstractos porque así se libran de las críticas radicales del pueblo oprimido que sufre la naturaleza capitalista de esos DDHH, pero los derechos socialistas son concretos porque resuelven opresiones concretas.

Por eso, y sin extendernos, en 1941 Mao volvía insistir en la mejora permanente del método de estudio[39] militante. Más aún, los derechos socialistas van unidos a la nueva función que cumple el ejército popular en el avance al socialismo: es un ejército que trabaja en la producción social unido al pueblo, como insistía Mao en 1949, lo que de nuevo obligaba a la militancia al enriquecer el estudio concreto de la realidad concreta, en este caso la realidad urbana[40] e industrial tan diferente a la campesina. Salvando todas las distancias, la función social del ejército chino y de Hamás, por volver a Palestina, es básicamente la misma ya que ambos son fuerzas militares defensivas insertas en la tarea colectiva de mejorar la calidad de vida de manera cualitativamente superior a la burguesa. Hemos visto en uno de los textos que ofrecemos arriba sobre Hamás[41] la misma filosofía. Los DDHH burgueses se asientan sobre la brutalidad represiva de la OTAN; los DDHH socialistas sobre el pueblo en armas.

Fidel Castro nos legó una de las mejores descripciones del derecho socialista y antiimperialista en su faceta de defensa armada de la independencia cubana para derrotar la invasión contrarrevolucionaria de Playa Girón en 1961:

«¡Adelante cubanos! A contestar con hierro y fuego a los bárbaros que nos desprecian y que pretenden hacernos regresar a la esclavitud. Ellos vienen a quitarnos la tierra que la revolución entregó a los campesinos y cooperativistas; nosotros combatimos para defender la tierra de los campesinos y cooperativistas. Ellos vienen a quitarnos de nuevo las fábricas del pueblo, los centrales del pueblo, las minas del pueblo; nosotros combatimos por defender nuestras fábricas, nuestras centrales, nuestras minas. Ellos vienen a quitarles a nuestros hijos, a nuestras muchachas campesinas las escuelas que la revolución les ha abierto en todas partes; nosotros defendemos las escuelas de la niñez y del campesinado. Ellos vienen a quitarles al hombre y a la mujer negros la dignidad que la revolución les ha devuelto; nosotros luchamos por mantener para todo el pueblo esa dignidad suprema de la persona humana. Ellos vienen a quitarles a los obreros sus nuevos empleos; nosotros combatimos por una Cuba liberada con empleo para cada hombre y mujer trabajadores. Ellos vienen a destruir la patria y nosotros defendemos la patria»[42].

Por su parte, el Che siguió esta misma filosofía en 1963 al explicarle a Ernesto Sábato una de las tareas de la militancia: «Ir explicando nosotros, los dirigentes, a los campesinos indefensos, cómo podían tomar un fusil y demostrar a esos soldados que un campesino armado valía tanto como el mejor de ellos; e ir también aprendiendo cómo la fuerza de uno no vale nada si no está rodeada de la fuerza de todos; e ir aprendiendo, así mismo, cómo las consignas revolucionarias tienen que responder a palpitantes anhelos del pueblo; e ir aprendiendo a conocer del pueblo sus anhelos más hondos y convertirlos en banderas de agitación política. Eso lo fuimos haciendo todos nosotros y comprendimos que el ansia del campesinado por la tierra era el más fuerte estímulo de lucha que se podía encontrar en Cuba»[43].

Los anhelos del pueblo tratan sobre la necesidad de justicia, de libertad y de satisfacción de sus necesidades, y por eso el pueblo oprimido se enfrenta más temprano que tarde a la opción de la resistencia armada. Pareciera que el «humanismo revolucionario, acendrado amor hacia el hombre y hacia la humanidad»[44] del Che pensaba en Palestina cuando respondía a Ernesto Sábato. Los campesinos luchan por la recuperación de sus tierras, los obreros por la recuperación de sus fábricas, el pueblo trabajador en su conjunto y muy claramente la mujer trabajadora, lucha por la socialización de los medios de producción y reproducción. Palestina, al igual que Cuba en 1961, combate por su independencia y unificación nacional en un solo Estado «desde el río hasta la mar».

La crisis capitalista desde finales de la década de 1960 y en extrema agudeza en 1973 iba unida a una denuncia crítica práctica y teórica del imperialismo, lo que se plasmaba en esfuerzos por radicalizar y adaptar a las contradicciones del momento la Declaración Universal de 1948 que daba inequívocas muestras de estar superada. Un ejemplo claro lo tenemos en la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados aprobada por la ONU en 1974. Era una declaración democrático-progresista, no radical ni revolucionaria, que pese a no afectar en absoluto a los fundamentos del capitalismo fue «rechazada de raíz» por el imperialismo que la combatió «por todos los medios necesarios, incluidos el desprecio abierto»[45]. Otro ejemplo fue la Declaración de Argel[46] de 1976 que tiene el siguiente articulado: Derecho a la existencia; Derecho a la autodeterminación política; Derechos económicos de los pueblos; Derecho a la cultura; Derecho al medio ambiente y a los recursos comunes; Derechos de las minorías; y Garantías y sanciones.

Además de este contexto de creciente oposición antiimperialista, el agotamiento económico de EEUU admitido por la Casa Blanca en 1971, la cuasi derrota del ente sionista en la guerra del Yom Kipur en 1973, la derrota yanqui en Vietnam en 1975 fueron tres de los muchos acontecimientos que llevaron al imperialismo a contraatacar con el ambiguamente denominado «neoliberalismo», verdadera contrarrevolución que tenía en la reactualización de los DDHH burgueses a las necesidades del momento del capital uno de sus objetivos prioritarios, inseparable de la aplicación del terror allí donde sus DDHH no idiotizaban a las clases explotadas.

Fidel Castro fue una de las primeras personas que comprendió la importancia de la nueva propaganda capitalista de sus DDHH. En marzo de 1977, confrontando los derechos humanos burgueses con los derechos humanos socialistas explicó que: «Al imperialismo le ha dado ahora por la manía de hablar de los derechos humanos, para los imperialistas los derechos humanos equivalen al derecho a la discriminación racial, el derecho a la opresión de la mujer, el derecho a saquear los recursos naturales de los pueblos; para los imperialistas los derechos humanos son el vicio, la miseria, la pobreza, la ignorancia. Solo los países revolucionarios luchamos verdaderamente por los derechos humanos, por la dignidad del hombre, por la libertad de los pueblos»[47].

Mientras que las izquierdas del llamado entonces Tercer Mundo y hoy Sur Global se pusieron en guardia contra el cinismo hipócrita de la casta intelectual eurocéntrica que se tragó el anzuelo de los DDHH burgueses, las izquierdas tradicionales europeas aceleran su descomposición reformista. Simultáneamente, tomaba forma el ataque contra los derechos y libertades concretas en casi todos los países de modo que para cuando se desplomó la URSS y el imperialismo vivió la euforia de 1991-2007, los pomposos Derechos Humanos abstractos habían perdido su falsa envoltura externa apareciendo como lo que han sido siempre: Derechos Inhumanos del capital, los que ahora mismo asesinan en masa el heroico pueblo de Palestina



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Antonio J. Rodríguez L.


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