Hago mío el grito de dolor

El Covid-19 llegó a las cárceles de Venezuela. Ya sabíamos del problema en otras naciones, pero preocupa sobremanera esta lamentable situación en Venezuela.

Leo que privados de libertad están colaborando para remodelar un piso del Hospital José Gregorio Hernández. La Ministra Fosforito a la cabeza. También leo recientemente que hay contagios en las cárceles de algunos estados del país. Y esta noticia ¡es la hecatombe!

Y el articulista Rafael Hurtado Bravo, www.aporrea.org/ddhh/a293640.html, nos escribe de la situación de unos presos, allá en Anaco. También oíamos mucho a V. Villegas siempre preguntando ¿por qué estarán prohibidas las visitas de familiares a los presos?

Y el grito de dolor lo hago mío, es de todos los venezolanos que queremos, fundamentalmente, se respeten los derechos humanos de los detenidos, de todos, políticos o no.

Y los personeros públicos de este Gobierno Bolivariano deberían hablar bien alto. Me refiero a personajes como Mario Silva, María Alejandra Díaz, ambos constituyentes, con posibilidad de llegarle a muchos, de contactar directamente con la Ministra Iris Varela, con el Fiscal Tarek Willian Saab, y pedirles a ambos avocarse con urgencia e inmediatez a este problema. Son miembros de la ANC, ¿podrán hacer algo efectivo?

Veo sus programas, leo sus artículos, parecen personas decentes, correctas, sinceras, preocupadas. Al igual que el Presidente Maduro. Pero… entonces ¿por qué continúan estos hechos? ¿Por qué un Guardia Nacional asesina a un venezolano que protesta por los chanchullos en la distribución de la gasolina? He podido ser yo pues acostumbro a reclamar cívicamente por mis derechos, cuando observo que son lesionados. En las instituciones públicas, en la calle, en cualquier oportunidad que se presente. Ha podido ser cualquiera de ustedes.

Y la desesperación de los venezolanos, de todos, está llegando a su límite. Seguimos con el increíble problema de falta de gasolina. No en Caracas, todavía no. Pero en el estado Bolívar es un horror manifiesto. Un estado ahora en plena producción, no de oro, apreciados lectores, de alimentos para la seguridad alimentaria. ¡Y no hay gasolina! Desde hace meses. Al campo no ha llegado el combustible que mandaron de Irán. Justo ayer supe, de buena fuente, que en Ciudad Bolívar sí se consigue gasolina, pero a 3 verdes por litros.

Entonces, si los venezolanos, que gozamos de libertad plena, estamos desesperados, imaginemos, por un momento, mientras dura la lectura de este escrito, la desesperación de los privados de libertad en situación de pandemia, en pleno, innegable, crecimiento exponencial. Imaginemos el hacinamiento, la insalubridad, las otras enfermedades contagiosas o no, la pérdida, día a día, de la esperanza de volver a sentirse un ser humano, con dignidad, un hijo de Dios en este mundo. Si lo imaginamos de verdad verdad, si consideramos ponernos en la situación de todos ellos, y de los familiares que lloran por sus afectos en esa situación, todos haríamos nuestro ese grito de dolor. De compasión.

Imaginemos, disculpen que insista, el hambre, las náuseas, la falta de aire fresco, los olores putrefactos, el llanto reprimido, el dolor insufrible, de todos esos hermanos nuestros, encerrados, sin posibilidad de su ejercer su voluntad para protegerse, para cuidarse, para salvarse.

Y uno mi voz a la de Rafael Hurtado Bravo. Y repito con él las mismas preguntas, la misma exigencia, sinceridad, eficiencia, actuación. Y hasta nos sorprende que la Mesa de Diálogo, necesaria, indispensable, haya pedido, hace muchos meses, la libertad de los presos políticos, y aún no se concluye con la lista, la posible, la que decida la Comisión de la Verdad y Justicia. Tan necesaria. Y nos distraemos ahora con las elecciones parlamentarias, que ocupan mucho espacio en las agendas de todos.

No existe peor publicidad para la revolución bolivariana que el irrespeto de los derechos humanos, que se hace evidente en los privados de libertad. Es la pieza de dominó que tumbará toda la hilera. Es la lluvia de ceniza que cubrirá cualquier acción buena que el Gobierno haga.

Y en este punto, con pandemia, hay que darle al tema en cuestión un trato especial, preferencial, novedoso. No como hacen los opositores oportunistas, al tomarlo como lanza piedras para intentar siempre tumbar al Gobierno, pero si nosotros, los que somos chavistas, los que apoyamos a este gobierno todavía, no sólo debemos lanzar estas piedras, debemos causar un terremoto, una conmoción, una parálisis de todo lo no prioritario, mientras este asunto, la vida de los privados de libertad y las miserias que se le asocian, no sea resuelto. Y así, incluso, salvar al Gobierno Bolivariano.

Y entonces, como mi pluma, y la de muchos de ustedes, puede servir para ello, los invito, dentro de cada espacio, dentro de cada posibilidad, desde cualquier lugar, a hacer nuestro este grito de guerra que conduzca a la paz.



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Flavia Riggione

Profesora e investigadora (J) Titular de la UCV.

 flaviariggione@hotmail.com

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