Brasil: El cambio de régimen

Los oponentes de Allende habían estudiado concienzudamente el posible modelo de "cambio de régimen" en Brasil. Cuando la junta brasileña, dirigida por el general Humberto Castello Branco y apoyada por Estados Unidos, se hizo con el poder en 1964, el ejército tenía el plan de no sólo revocar los programas favorables a los pobres de Joäo Goulart sino de convertir Brasil en un país totalmente abierto a la inversión extranjera. Al principio los generales brasileños trataron de imponer su programa de un modo relativamente pacífico. No hubo muestras abiertas de brutalidad, no hubo arrestos generalizados, y aunque con posterioridad se descubrió que algunos "subversivos" habían sido brutalmente torturados durante este período, el número fue lo bastante pequeño (y Brasil lo bastante grande) para que los rumores sobre ello casi no pararan de los muros de las cárceles. La Junta se esforzó también por mantener ciertos visos de democracia, incluyendo una limitada libertad de prensa y de reunión, por lo que a la toma del poder de los militares se la conoció como el "golpe de los caballeros".

A finales de la década de 1960 muchos brasileños utilizaron esas libertades limitadas para expresar su ira por la pobreza cada vez mayor de Brasil, de la que culpaban al programa económico pro empresarios del gobierno, buena parte de él diseñado por graduados de la Universidad de Chicago. Hacia 1968 las calles estaban saturadas de manifestaciones anti-junta, las mayores convocadas por los estudiantes, y el régimen estaba en serio peligro. En un gambito desesperado para mantenerse en el poder, el ejército cambió radicalmente de táctica: se eliminaron por completo los restos de la democracia, se negaron todas las libertades civiles, sed recurrió sistemáticamente a la tortura y, según la Comisión de la Verdad que luego se establecería en Brasil, "los asesinatos ordenados por el Estado se convirtieron en habituales".

La experiencia indonesia fue estudiada con mucha atención por los individuos e instituciones que planeaban el derrocamiento de Salvador Allende en Washington y en Santiago. Lo que resultaba interesante no era sólo la brutalidad de Suharto sino el extraordinario papel que había jugado un grupo de economistas indonesios educados en la Universidad de California en Berkeley, conocidos como la "mafia de Berkeley". Suharto resultó muy efectivo en la labor de librarse de la izquierda, pero fue la mafia de Berkeley quien preparó el plan económico para el futuro del país".

Los paralelismos con los Chicago Boys eran sorprendentes. La mafia de Berkeley había estudiado en Estados Unidos como parte de un programa que había empezado en 1956 financiado por la Fundación Ford. También habían vuelto a casa y creado una fiel copia de un Departamento de Economía al estilo occidental en la Facultad de Económicas de la Universidad de Indonesia. Ford había enviado a profesores estadounidenses a Yakarta para establecer la escuela, igual que los profesores de Chicago habían ido a ayudar al nuevo Departamento de Economía de Santiago. "Ford creía que estaba formando a los tipos que liderarían al país cuando Sukarno se fuera", explicó lacónicamente John Howard, entonces director del Programa Internacional Ford de Formación e Investigación.

Convergieron en los cuerpos de los pueblos latinoamericanos y en el cuerpo político de la zona, desatando un huracán sin fin de destrucción y reconstrucción mutuamente reforzada, eliminación y creación, en un ciclo monstruoso. El choque del golpe militar preparó el terreno de la terapia de shock económica. El shock de las cámaras de tortura y el terror que causaban en el pueblo impedían cualquier oposición frente a la introducción de medidas económicas. De este laboratorio vivo emergió el primer Estado de la Escuela de Chicago, y la primera victoria de su contrarrevolución global.

¡La Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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