¡Que viva México, cabrones!


El día 1º de marzo, el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), envió una Carta al rey de España y al Papa del Vaticano sometiendo a la consideración de “Su Majestad” y de “Su Santidad” (doble sic) la necesidad de elaborar un relato conjunto sobre la Invasión de las Américas y, correlativamente, estudiar la conveniencia de que ambos Estados pidieran perdón por los abusos perpetrados contra los amerindios. Unos veinte días después, en lo que debemos calificar como un delito diplomático y, peor aún, como un incalificable desprecio hacia el remitente, la Carta fue filtrada al gran público por la monarquía española.

[La mera lectura del párrafo anterior es un aviso a esos navegantes que presumen de objetividad e incluso de neutralidad: en esta polémica sobre la susodicha Carta, el-abajo- firmante, español de pura cepa, NO es objetivo ni neutral sino claramente mexicanófilo y les puedo asegurar que tengo motivos racionales y personales para ello y que, si hubiera sido exiliado republicano, los tendría por razones aún más sobradas, si ello cupiera o cupiese. Dicho de otro modo, al probo feligrés de la Iglesia de la Objetividad le sugiero que abandone esta lectura y, de paso, también le desafío a que me cite una obra de Historia -con una sola me conformaría-,cuyo autor no padezca ataduras ideológicas].
Es obvio que una carta presidencial es siempre una acción política. Por ello, conviene subrayar que el-abajo-firmante no entra en los motivos políticos que estén detrás o delante de la ahora famosa Carta de AMLO. Pero sí aprovecho esta ocasión para añadir que AMLO ha pedido perdón a los indígenas ‘mexicanos’ por el daño que les han infligido los sucesivos gobiernos republicanos y que, además, ha puesto la fecha de 21.sept.2021 para renovar sus votos indigenistas – misma fecha que ha designado para la puesta en común con España y con el Vaticano a la hora de firmar un relato compartido.

Otrosí, sólo añadiría que AMLO ha introducido dentro de su política Carta una cuña moral que irrita profundamente no sólo a los españoles sino a todos los que sostienen que Política y Moral son entidades independientes e inadmisibles . Una cuña moral que pretenden ignorar todos aquellos que cifran su vanagloria en la Real- Politik y en el pragmatismo. Porque la Carta, más que susceptible de un iluso análisis histórico – no hay nada que estudiar históricamente hablando porque todos sabemos de sobra lo que fue la Invasión de las Indias – es materia de Moral y Buenas Costumbres.

La respuesta de la monarquía española ha sido la que nos temíamos: “La llegada, hace 500 años, de los españoles a las actuales tierras mexicanas no puede juzgarse a la luz de consideraciones contemporáneas. Nuestros pueblos hermanos han sabido siempre leer nuestro pasado compartido sin ira y con una perspectiva constructiva”.

Obsérvese la expresión “consideraciones contemporáneas ”porque ahí está el meollo de la cuestión. Es una frase que oscila entre la perogrullada y la huida. Que España juzga desde la contemporaneidad es una perogrullada porque no se escribe en el siglo pasado ni en el venidero. Y es una huida porque falta el adjetivo para ‘consideraciones’: ¿políticas, económicas, científicas, diplomáticas, jurídicas, internacionales?

Todos los adjetivos que quieran… menos morales. ¿Por qué no ha escrito consideraciones morales cuando discursea sobre la moral de la Invasión aunque sólo sea para dictaminar que España ni quiere ni puede entrar en esa materia?

Pues bien, si el Estado de mi país, desde el rey hasta su último súbdito, repite por los siglos de los siglos el mismo argumentario para escabullirse de la cuestión moral, este español de pura cepa –repito – quiere abordarla sin titubeos para demostrar que los argumentos que subyacen en la amoralidad del bunker hispano son falsos, manidos, cínicos y, en suma, abanderan el hediondo paradigma de ese absurdo que llaman ‘la Moral del Vencedor’.

Un paradigma que vengo oyendo desde que tengo uso de razón y una falacia innoble a la que se siguen agarrando cual clavo ardiendo los sucesivos gobiernos españoles -antes, durante y después de Franco-.

En sustancia, vocifera España que, en los albores de la Invasión, los excesos de los invasores no eran considerados excesivos por lo que, concluyen ladinamente, no hubo excesos. Sin embargo, vamos a enumerar algunas evidencias en contrario:

En 1498, sólo seis años después del ‘Descubrimiento’, ya hubo españoles que cuestionaron los métodos de la Invasión. Es probable que el primero de ellos fuera Francisco Roldán, un colono que propuso una suerte de contrato social con los amerindios, un “español de bien” que se enfrentó al desaforado esclavismo de la familia Colón y, definitivamente, un nombre propio ocultado por una historiografía oficial que, controlada por la Iglesia, pretende que el sermón de fray Antonio de Montesinos (1511) fue la primera denuncia de las políticas genocidas.

Francisco Roldán nos recuerda que no sólo fueron algunos frailes indigenistas como Montesinos o Las Casas los que se opusieron a la barbarie invasora sino que también hubo españoles que, observando con el mayor rigor la moral laica de los siglos XVI-XVIII, protestaron contra el sadismo y la avaricia de los invasores. Algunos, incluso se pasaron con armas y bagajes al enemigo –es decir, a los amerindios.

Durante los tres siglos de Coloniaje, hubo muchos desertores, traidores, fugados, etc. pero, censurados sistemáticamente por el belicismo español, sólo unos pocos han sobrevivido en la Historia. Los tres menos desconocidos son Gonzalo Guerrero, Francisco Villanueva y Pedro Chamijo alias “Bohórquez”, quienes – huelga añadirlo – fueron asesinados en vida y ninguneados después de su suplicio.

Estos ejemplos personales, pese a estar más calumniados que estudiados, nos demuestran que la ética de aquellos siglos no era muy distinta que la actual echando por tierra el socorrido lugar común de que ’a la Conquista hay que juzgarla según la moral de entonces’.

El bunker hispano

En los tiempos de la archi-propagandeada Transición española, se llamó bunker a la mafia de los fachas que, erre que erre, se oponían hasta con las armas –literal- a eliminar los aspectos más superficiales del franquismo. Lo traemos a colación porque ese bunker estaba plagado de historiadores americanistas cuya mefítica influencia se mantiene incólume hasta nuestros días.

Es más, su presencia en los medios ha reverdecido gracias a que son los más interesados en atizar la polémica sobre la Carta de AMLO. Sobra decir que este bunker es belicista por antonomasia, cual corresponde a los que han prosperado no por sus méritos sino por haber ganado una posguerra incivil contra su propio pueblo –léase, contra los sabios republicanos.

Este bunker americanista se las prometió muy felices con el V Centenario (1992) puesto que intentaron monopolizarlo. Odiaron a aquellos españoles que no compartían su doctrina sobre esos infames amerindios a quienes calificaban como “reos del pecado nefando… fatalistas cosmogónicos… hundidos en tres mil años de atraso” (Morales Padrón) o bien como “agresivos… de costumbres sanguinarias… perezosos, desconfiados y dados a la bebida… polígamos… sucios… e infanticidas” (Luciano Pereña) Luminarias científicas a los que se unieron otros académicos como Juan Pérez de Tudela y Bueso, Manuel Ballesteros Gaibrois (en 1990 llegó a conferenciar en la Fundación Francisco Franco), Antonio Rumeu de Armas, Mario Hernández Sánchez-Barba (redactor convicto y confeso del prólogo a una enciclopedia militar apologética con el golpismo militar que el entonces ministro Narcís Serra firmó ¿inadvertidamente?), Demetrio Ramos, Mariano Cuesta y un largo etcétera.

Para recordar que la perversidad de este bunker se cierne ominosa sobre la Carta de AMLO puesto que no se limita a la Academia sino que ha permeado a toda la sociedad española, basta copiar una noticia que involucra directamente al citado Sánchez-Barba y a su poco diplomático vástago:

“La Guardia Civil investiga los posibles sobornos a Manuel Antonio Hernández Ruigómez, embajador del Estado español en Haití entre 2011 y 2014. La Guardia Civil ha pedido al juez que instruye la operación Lezo que abra una línea de investigación sobre estos sobornos, que buscaban obtener proyectos de reconstrucción de infraestructuras hídricas para la empresa pública madrileña, aprovechando el terremoto de 2010 en Haití… se ordenaron pagos de 7.200 euros al año a Mario Hernández Sánchez-Barba, padre del embajador español, supuestamente por la publicación de artículos de opinión en La Razón… los agentes, piden investigar la cuenta del padre del embajador ya que a pesar de establecerse que serían 7.200 euros por ingreso, en uno constan 72.000” (ver prensa 25.III.2019)

Resumiendo: el padre ensalza a Franco y su hijo ensalza a las placas tectónicas que le dieron la oportunidad para reconstruir Haití – es broma- pasando por una derivación insólita: ayudar generosamente a que su padre siguiera infectando a los medios españoles con odio, racismo y fachosidades varias.

El bunker hispano del 1992 sufrió los embates del calendario de manera que la mayoría de sus individuos están criando malvas o jubilados en sus ostentosas propiedades. Pero no se pueden quejar porque les han heredado sus hijos biológicos y/o ideológicos. Por citar sólo dos nombres, ahora se llaman Elvira Roca Barea (el título de su obra magna lo dice todo: Imperiofobia y Leyenda Negra) y Arturo Pérez-Reverte, bellaco proto-facha que quiere hacerse famoso a punta de insultos pero que no quiere ser tildado de facha porque vendería menos.

Estos neofranquistas deberían saber que AMLO se ha mostrado muy discreto en su Carta. No sólo escribiendo “Su Majestad” – lo leo y me duelen los ojos del alma – sino evitando aludir a un par de agresiones que España perpetró contra el México republicano. Comprendo que AMLO tiene las limitaciones intrínsecas a la Presidencia y a la Diplomacia pero este españolito puede decirlo: España invadió militarmente México a mediados del siglo XIX y España le insultó al comenzar el siglo XX. Yendo por partes:

1) 08.enero.1862: el general Prim desembarcó en Veracruz al frente de 5.600 soldados españoles que se unieron a los 6.000 que ya había enviado porque le dio la gana el gobernador de Cuba y a los 2.400 de Francia y los 800 de Inglaterra en una expedición punitiva contra México so pretexto de un impago de deuda externa.

La primera arenga de Prim es un modelo de hipocresía imitado hasta hoy. Exigió el espadón humanitario: “Orden, pues, y respeto al país en que nos hallamos; vean los que nos juzguen de invasores y de dominantes, que no venimos aquí por espíritu de conquista, ni nos ciegan ambiciones de ningún género; que sólo venimos a sellar el buen nombre de nuestra patria; como nobles caballeros a pedir reparación de ofensas inferidas; como generosos a contribuir a la paz y desarrollo de un pueblo digno de felicidad y de ventura”.

Seguramente, unos siglos antes Hernán Cortés dijo lo mismo. Pero con una diferencia: la agresión de Prim sólo duró cuatro meses –después, el resto de los invasores fueron expulsados y su ‘emperador’ Maximiliano, fusilado.

2) 1910, Primer Centenario de la Independencia iberoamericana: la retórica idolátrica fue exactamente la misma que hoy exhibe el facherío español: “la solidaridad de la raza… confraternidad y amor entre España y América… erradicar la leyenda negra… estos países encargados de conservar la grandeza del antiguo imperio español” (El Mercurio, Chile)

Pero el despropósito y la provocación llegaron a extremos escandalosos cuando el rey envió como su representante para aquellos fastos al general Polavieja. Porque no conviene olvidar que este pájaro de mal agüero era un pregonado intervencionista defensor del imperialismo europeo puesto que, en su opinión, no repartirse el mundo disponible y desechable iba en “contra el sentido moderno del derecho internacional, el mayor peligro de los estados débiles”, dictum de una actualidad espeluznante. Y, como buen intervencionista, fue verdugo de Marruecos, Catalunya, Andalucía, Cuba y Filipinas –ordenó fusilar al sabio filipino Rizal-. Pues bien, mentando la soga en casa del ahorcado, fue enviado a México por haber firmado ¡una biografía de Hernán Cortés!

Finalmente, cuando el bunker se queda sin argumentos, recurren a una última trola: los españoles mataron, sí, pero los indios –jamás dicen indígenas- se mataban entre ellos con ritos satánicos más crueles que los ritos españoles. Y algo de razón tienen puesto que, en efecto, los amerindios y todos los pueblos que en el mundo ha habido, se han entrematado con ostentosa fruición y escasa piedad.

Admitido lo cual, hemos de constatar que los amerindios no invadieron Europa sino que fueron invadidos con inaudita saña. Entre ellos serían crueles –no todos- pero la Invasión no corrigió su crueldad sino al revés, la estimuló –siendo demasiado moderado, diría que los Invasores fueron bomberos pirómanos-. Y, por supuesto, en el colmo del cinismo podríamos recurrir al refrán “mal de muchos consuelo de tontos”. Sin embargo, muchos bunkerizados prefieren este otro refrán, “el que roba a un ladrón tiene cien años de perdón”. No les recomiendo que abusen de él porque tendrían que explicar a qué ladrón se refieren, ¿a los demoníacos indios o a los invasores avariciosos?

El perdón

Sería superfluo insistir en que el bunker se opone a que el rey de España pida perdón -probablemente, es una pretensión innecesaria porque el catalanofóbico Felipe VI, congruente con sus privilegios, ha demostrado ser de extrema derecha-. Aun así, para la exaltada vicepresidenta dizque socialista, Felipe VI no tiene que pedir perdón “a nadie”. No obstante lo cual, es fácil descubrir que la monarquía ha pedido perdón a medio mundo –menos a los elefantes de Botswana que mató Juan Carlos I.

Por ejemplo, para el susodicho Juan Carlos, las expulsiones de los judíos fueron injustas e innecesarias. (Sinagoga sefardí de Tifereth, California, 1987), declaración que la monarquía ha repetido en otros magnos eventos y que el gobierno ha extremado hasta el punto de regalar la nacionalidad española a cientos de (supuestos o reales) sefardíes.

Y España también ha pedido perdón a Holanda por el genocidio perpetrado por el duque de Alba pese a que las cifras de víctimas holandesas no tienen comparación con el genocidio de la Invasión americana. Ejemplos: en la más cruenta de las batallas entre los Tercios de Flandes españoles y los ejércitos de los Países Bajos, murieron un millar de soldados y en la más feroz de las ocupaciones de ciudades, los mercenarios al servicio del rey hispano degollaron a 7.000 ciudadanos. Con ser terribles estas cifras, ¿tienen, acaso, comparación con lo ocurrido en América?

Por lo demás, todos sabemos que los Estados actuales de medio mundo, desde Alemania hasta Japón, han pedido perdón a los países ex invadidos/colonizados -mejor dicho, a los gobiernos de esos países-. Pero con excepciones que, ¡oh, casualidad!, suceden cuando de indígenas se trata. Ejemplo: Alemania pide a diario perdón por el Holocausto judío –del resto de los disidentes y rebeldes gaseados, no sabe no contesta-, pero sólo ha esbozado un mínimo gesto, sin reparación alguna, para reconocer que exterminó a los pueblos Herero y Nama (1904-1907, en la actual Namibia)

A pesar de este cúmulo de evidencias, más de perdonavidas que de humanitarias o contritas, España sigue aferrándose a las glorias del Imperio. Sostenella y no enmendalla es su plurisecular leitmotiv. En parte porque el bunker sigue al mando de la acorazada carabela y, en parte, porque media población española se refugia en un sofisma que me da vergüenza citar: enfrentados a las acusaciones que los criollos la hacen de haber exterminado a los amerindios –supuestos antepasados de esos mismos criollos-, los españoles responden con un chiste viejo de siglos: “quienes mataron a los indios serían vuestros abuelos, no los míos que se quedaron en España y nunca cruzaron el océano”.

Este sofisma causa estragos, no entre muchos latinoamericanos que lo consideran un malabarismo verbal propio de los charlatanes europeos, sino más bien entre los caballeretes hispanos que son los únicos que se lo toman en serio. Es obvio que los criollos republicanos exterminaron a cientos de pueblos amerindios – siguen en ello- pero es no menos cierto que los Estados latinoamericanos, al constituirse, asumen la moral cristiana y subsumen en ella las culpas individuales de sus ciudadanos.

Por ende, subrayamos que no estamos ante los pecados individuales de varias generaciones sino de hecatombes colectivas. Pero, por desgracia, el chiste sigue malgastándose porque de esta torticera manera se logra, obviamente, seguir eludiendo toda responsabilidad histórica y todo hilo monárquico, republicano y estatal, así como continuar el permanente diálogo de sordos entre criollos y españoles y marcar unas diferencias inexistentes entre los españoles que fueron a América y los que no fueron. Es muy difícil conseguir que, en tan pocas palabras, se encierre tanta confusión como en ese repetidísimo chascarrillo…

En cuanto al Vaticano, el otro destinatario de la Carta AMLO, el Papa dirá misa pero, según el público feligrés que tenga, celebrará una misa cantada, o de difuntos o abreviada, etc. También puede presumir de que Él ha pedido perdón a los amerindios y al lucero del alba pero siempre observando la regla de oro de los Pontífices: ¿que tu mano derecha no sepa qué hace tu manos izquierda?, ¿que la brújula sea sustituida por la veleta?… La casuística de la Patrística es infinita por lo que mejor nos limitamos a copiar un par de noticias que reflejan las contradicciones del Estado Vaticano.

El papa Francisco, sobre el aborto y la eutanasia: “No es lícito liquidar, matar una vida para resolver un problema” (15.XI.2014) A lo que, meses después, añadía sin miedo a parecer paradójico: “El Papa decreta que se perdone el pecado mortal del aborto por primera vez en la historia. Francisco convoca un Jubileo de la Misericordia que durará hasta 2016 y que da bula desde diciembre para disculpar 46 millones de abortos anuales… No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos” (15.V.2105) Te seguimos, Maestro, por lo bien que te explicas.

Antropólogo español.



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