El asesinato del dirigente Adeco

Ahora resulta que la propia Unasur se presta a convalidar la maniobra de la oposición en el sentido de responsabilizar al gobierno y a su Partido del asesinato del dirigente adeco en Guarico. No otra cosa se desprende de la petición que en términos perentorios le hace a las autoridades venezolanas para que inicie una exhaustiva investigación de ese atentado. Y uno no puede menos que preguntarse ¿es que acaso nuestras autoridades necesitaban esperar que Unasur se lo pidiera para que iniciaran esas investigaciones? ¿No es esa una manera de sugerir que nuestro gobierno estaría interesado en ocultar los hechos? Pero, ademas, es que la misma intervención de ese organismo en este caso revela que está convencido, sin la menor evidencia ni prueba de ninguna clase, de que se trata de un asesinato político y que detrás del mismo están los factores de poder en Venezuela. Y se guía por el hecho de que si el asesinado era un dirigente de la oposición, los autores tenían necesariamente que ser sus adversarios políticos. ¿Pero por qué en lugar de esa deducción tan simplista y parcializada, no se preguntaron acerca de los beneficios políticos que los adversarios de la oposición, en este caso el gobierno y su Partido, podrían obtener del asesinato de un oscuro y desconocido dirigente de la provincia? Eso era lo más lógico, pues sólo a un perfecto idiota, a un rematado cretino, se le podía ocurrir que con la comisión de ese hecho el gobierno podía obtener jugosos dividendos político. Y en el caso negado de que hubieran llegado a pensar eso, que del asesinato de un dirigente de la oposición se podían derivar esos beneficios, no iban a matar a un insignificante dirigente político del interior, hubieran matado a Ramos Allup o a cualquiera de sus compinches de la dirección de la mafia adeca.

Ahnora, Unasur antes de haber dado a conocer ese comunicado incriminatorio ha debido haber comenzado por donde se inicia toda la investigación de un crimen, es decir, por haberse preguntado acerca de a quien beneficiaba el mismo. Como hemos visto, al que menos convenía ese asesinato era al gobierno y su Partido. Porque por muy torpe que pudieran ser, y no lo son, no podían ignorar que todo el poderoso aparato publicitario al servicio del Dpto. de Estado y la oposición, de inmediato iban a desatar una campaña dirigida a inculpar al gobierno de ese hecho criminal. Pues bien, si el gobierno no podía ser el autor de ese crimen, ¿quién entonces pudo ser? A quién beneficiaba el mismo? No se necesita ser un Serlock Holmes para saber que los responsables de ese asesinato no podían ser otros que quienes desde el mismo día en que el chavismo llegó al poder, comenzaron las conspiraciones para derrocarlo.Con esa finalidad el Dpto. de Estado y la oposición, perpetraron la masacre del 11 de Abril, donde murieron más de 20 personas y resultaron con heridas graves otras más.Pero no se han quedado allí, porque con ese mismo propósito la oposición ha protagonizado toda clase acciones terroristas que no han respetado ni escuelas y que han producido un elevado número de víctimas.

En relación con lo anterior cabría hacer la siguiente pregunta: ¿si el Dpto. de Estado y la oposición han asesinado un número tan elevado de personas, ¿qué les podría importar asesinar una más? Por supuesto que a gente sin escrúpulos no les podía importar absolutamente nada, pues para ellos eso es una rutina, macabra, pero rutina al fin. Ahora, lo preocupante de este asesinato es que se trata de un político. Anteriormente, tenían en la mira a Leopoldo López. Este sujeto se salvó de que sus propios compañeros de la oposición lo liquidaran, porque su propia familia se lo entregó al gobierno. De no haber sido así, quién organizó la matanza donde murieron 43 venezolanos y causara tantos destrozos hubiera servido para llenar las páginas rojas de los diarios. Pero hablaba de que en esta oportunidad la víctima ha sido un político. ¿Por qué? No se nos ocurre otra explicación que la de iniciar una vendetta, una lucha fratricida entre los venezolanos y tener así el pretexto para intervenir en Venezuela. Los compañeros del fallecido camarada deben saber que los chavistas jamás han practicado la violencia contra nadie, ese no es su método de lucha. Por lo que si desean dar con uno de los responsable del asesinato de su compañero, deben buscar a Ramos Allup, que participó activamente en la conspiración para perpetrar este monstruoso crimen. Es a él a quien deben buscar y pedirle explicaciones.

Y en cuanto al gobierno, se impone el envío de una enérgica nota de protesta a Unasur por un comunicado que, por el tono en que fue redactado, deja entrever que el asesinato fue cometido por personas ligadas a nuestras autoridades.



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Alfredo Schmilinsky Ochoa


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