La undécima víctima

Gerardo Rico murió el miércoles tras pasar 23 días en estado de coma, luego de una golpiza que recibió por parte de unos vecinos que salieron a "drenar su arrechera" sobre él, luego de que su candidato Capriles perdiera las elecciones del 14 de abril.

Se convirtió así en el muerto número 11 que ocasionaron los opositores por su frustración. Su deceso no mereció ninguna nota destacada, en esos medios que se afanan por defender los derechos humanos de solo una parte del país.

Fue en Táchira donde la furia fascista cobró más víctimas. Al de Rico hay que sumar también los nombres de Keller Garizábal, José Ospino y Henry Manuel Rangel, muertos a balazos por iracundos derechistas. En Zulia, un monstruo llamado Antonio Vides Bravo, pasó su camión dos veces por encima de los cuerpos de los niños Rey David Chacín (11), María Victoria González Báez (12) y del adulto Johan Hernández, además de herir gravemente a otros 10 vecinos que celebraban el triunfo de Maduro. Cabe destacar que a María Victoria le fue amputada una piernita, pero no logró sobrevivir a las lesiones recibidas. Agonizó durante una semana. Es el segundo arrollamiento masivo y mortal que sufren chavistas zulianos, por resultados electorales. El 7 de octubre de 2012 fue el otro, con saldo de cinco muertos.

En Cumanacoa, Ender Agreda fue asesinado a balazos. Junto a él otras personas resultaron heridas. En Baruta, José Luis Ponce, Rosiris Reyes y Johnny Pacheco defendieron con sus vidas el CDI de La Limonera, que estaba siendo asediado por opositores. Los tres fueron literalmente acribillados de pura ciega arrechera.

Once chavistas asesinados por causas políticas en solo un mes. Pero alguien debería llevar la lista de los muertos que la intolerancia ha regado en estos últimos lustros. Es el saldo del odio que los medios ocultan; son una pérdida mucho más grande que los moretones que tienen cobertura mundial y que claman por una intervención extranjera; son las víctimas que la OEA no conoce ni ninguna ONG reclama; son los jóvenes de la patria cruelmente desaparecidos por la rabia de un fascismo, que se dice decente y se autoproclama ganador de una causa que sabe perdida. Más vale que sepan que esos muertos tienen, por lo menos, 7 millones y medio de dolientes.

Mariadela Linares
mlinar2004@yahoo.es


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