Los partidos y el golpe de abril

El rumor sobre la disposición del nuevo Gobierno a disolver la AN corrió como pólvora en el mundo político venezolano aquella mañana del 12 de abril de 2002. El punto causaba reacciones encontradas en el seno de los partidos políticos.

AD, segunda fuerza parlamentaria, estaba dividida en dos corrientes. Una, partidaria de la disolución del Parlamento, que estaba liderada por Rafael Marín, secretario general, y Carlos Ortega, presidente de la CTV. La otra, más moderada, encabezada por Henry Ramos Allup, jefe de la bancada parlamentaria, quien a pesar de su proverbial antichavismo no sólo se oponía al cierre, sino, en general, a las acciones con las que debutaba el nuevo Gobierno.

Tanto Ramos Allup como César Pérez Vivas, jefe parlamentario de Copei, habían hecho veloz contacto con diputados del chavismo para convencerlos de conformar un bloque mayoritario dispuesto a juramentar a Carmona, poniendo fin a la precaria mayoría legislativa que daba apoyo a Chávez.

Para el nuevo grupo gobernante, aquella opción era un arma de doble filo: dejar intacta la AN suponía, por un lado, dejar en vigencia la Constitución Bolivariana y, con ambas, a la vocería política del chavismo, parte de cuyos principales cuadros eran diputados. También implicaba colocar al Gobierno de facto a merced de una mayoría parlamentaria inestable, que en cualquier momento podía derrumbarse y, con ella, aquel árbol que tan torcido nacía.

Rafael Arreaza, primo y ministro de Salud de Carmona, le describió a Danilo Anderson lo ocurrido en Miraflores en aquellas horas:

“Inmediatamente se aparece Rafael Marín, secretario general de AD para ese momento, a sabiendas del decreto y de la formación de un Consejo Consultivo Nacional que iba a sustituir la AN. Se le veía muy tranquilo y lo único que le preocupaba, y así se lo exigió a Carmona, era que AD tuviera la misma proporcionalidad en el Consejo Consultivo, que la que tenía en la AN.

Me dio la sensación de que a todos los partidos políticos que hicieron presencia en Miraflores poco les importaba la disolución de la AN mientras conservaran su proporcionalidad en el Consejo Consultivo”.

Carmona escribe en su libro acerca de la reunión con Rafael Marín, pero la ubica en la mañana del día siguiente, sábado 13 de abril. Dice haberse negado a satisfacer la demanda de Marín, aunque sin aclarar qué reacción tuvo éste.

El presidente de la Conferencia Episcopal, Baltazar Porras, también fue a abogar por los partidos a Miraflores el viernes 12. Allí llegó en compañía de monseñor José Luis Azuaje, secretario general de la CEV.

Ambos trasmitieron a Carmona el mensaje de nueve parlamentarios con quienes venían de conversar en la antigua casona de la urbanización Montalbán, donde la jerarquía católica tiene sede. Los diputados, según Porras, decían representar a todas las toldas políticas, del Gobierno y de la oposición.

En sus Memorias de un obispo, Baltazar Porras se abstiene de precisar nombres o partidos. Simplemente atribuye a Pérez Vivas, de Copei, la versión según la cual existía “una mayoría cualificada dispuesta a juramentar al doctor Carmona como presidente interino o encargado, ante la ausencia del representante del máximo poder, si éste se presentaba personalmente en la AN”.

Para el momento en que Carmona recibe a Baltazar Porras, todavía estaban Carlos Ortega y sus compañeros de la CTV en el despacho presidencial, entre otros muchos visitantes.

—Apenas sí pudimos saludar al doctor Carmona y decirle que un grupo de parlamentarios quería conversar con él para plantearle una salida constitucional y rápida al vacío de poder. Nos dijo que no nos preocupáramos, que todo estaba en marcha y que en la tarde habría anuncios importantes en un acto público que estaban convocando. Sin más, luego de comunicarle a los parlamentarios dicha conversación, nos retiramos de nuevo a la sede de la CEV.

Los diputados con quienes se entrevistó Porras también habían acudido a Miraflores en la mañana, con la idea de hablar con Carmona, pero tuvieron menos suerte que el sacerdote, pues apenas consiguieron la promesa de una cita para las 3:00 pm.

Cuando llegaron de nuevo a Palacio, el jefe de la Casa Militar, Molina Tamayo, fue el encargado de bañarlos con agua fría:

—El Presidente les manda a decir que sólo podrá recibirlos después de la juramentación.

En el grupo de diputados estaban Pérez Vivas, Carlos Casanova, Vestalia de Araujo, J.J. Caldera, Liliana Hernández, Freddy Lepage, Luis Longart, Elías Mata y Timoteo Zambrano, según refirió Patricia Poleo durante su interpelación ante la Comisión Política de la AN que investigó el golpe.

De su lado, Carmona cuenta que en la tarde del viernes 12 supo que un grupo de parlamentarios “había deseado verme, momentos antes del acto”.

—Sin conocer su urgencia, sugerí que lo hiciéramos inmediatamente después del mismo, que tendría lugar en el salón Ayacucho. No hubo jamás subestimación a la importancia de ese encuentro, sino limitación física de tiempo.

Alfonso Marquina, subjefe de la bancada de AD, dijo ante sus colegas de la Comisión Política de la Asamblea que investigó el golpe que el grupo se fue de Miraflores aproximadamente a las 4:00 pm, bajo esta premisa:

—No nos vamos a quedar aquí para convalidar la emisión de un decreto que es inconstitucional, reprochado, y no goza de la aprobación de las fuerzas verdaderamente democráticas.

Los diputados no veían inconstitucional que se violara el mecanismo de sucesión presidencial previsto en la Constitución, sino que los despojaran a ellos de su investidura.

Carmona se debatía entre la disolución de la AN y la oferta de legitimación de los parlamentarios. Éstos se sentían capaces de cooptar votos chavistas suficientes para una nueva mayoría. Ese escenario, sin embargo, “no pasó de ser una conjetura”, según escribe Carmona.

—Si Luis Miquilena y otros dirigentes parlamentarios hubiesen podido sumar los votos requeridos para alcanzar esa mayoría, ¿cómo es que hasta el día de hoy ello no ha sido posible, circunstancia que habría cambiado la historia y le habría ahorrado a la nación tantos sufrimientos? Y de ser así, ¿por qué cuando hablé con él telefónicamente y le formulé la pregunta, sólo hubo respuestas evasivas?

Tomado de mi libro Abril, golpe adentro

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COTUFA

Para la conmemoración del Abril Bolivariano fui invitado por nuestros embajadores en Montevideo y Buenos Aires, Julio Chirino y Arévalo Méndez, respectivamente, a presentar mi libro Abril, golpe adentro en ambas capitales. Impresiona el interés de uruguayos y argentinos en el proceso político venezolano y su historia reciente. Un saludo a todos desde estas tierras del sur. La semana próxima les cuento detalles.


Villegasccs@gamail.com



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Ernesto Villegas Poljak

Periodista. Ministro del Poder Popular para la Comunicación e Información.

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