8 de mayo de 2023.- "Estoy esperando que venga un día malo pa’ ver cómo es". Así me dijo un día en La Candelaria en una acogedora panadería italiana a la que me llevó. Nos sentamos a hablar de todo un poco, al calor de un cafecito marrón y degustando unas polvorosas de almendras. Conocer a Félix Gerardi es acercarse a una actitud particular de alegría desbordada, que no sólo alecciona, sino que forma parte y se percibe categóricamente en su trabajo. No hay duda de que Félix es un rockstar que se pasea por las calles, conversando, echando broma y fotografiando, como si Caracas fuese el patio trasero de su casa. Es imposible andar una cuadra con él, sin detenernos varias veces a saludar. Desde una moto le pitan, otro le grita desde la otra acera, le lanzan besos. Y ¿cómo no hacerlo? Nacido en Caracas, lleva el sello de San Agustín -la parroquia en que nació- impreso en el correr vehemente de sus venas.
Conocí a Félix a las afueras de Ciudad Caracas gracias a Ricardo Romero, gran amigo al que estimo. En principio supe que Félix era fotógrafo de prensa, vinculado también a La Inventadera, luego habría de enterarme del universo artístico en el que ha pululado. Félix, jocoso y vivaz, de inmediato me saludó y comenzó a hablar conmigo como si fuéramos panas de toda la vida. Y así, como una vorágine andante, este agradable gigante en shorts, fue apareciendo en todos lo espacios a los que me iba vinculando. Lo vi en San Agustín cuando conocí a mi amiguita Luisana y a Manzanoarte Festival; estaba allí cuando se inauguró el proyecto de CACRI en Bellas Artes y me presentó a Wladimir Guerrero, el artista plástico merideño que hace poco tomó la GAN con su extraordinaria propuesta.

Comencé a seguirle por redes sociales @fotogerardi, y me impactó enormemente su trabajo de fractales. Toda Caracas en reflejos, toda la expresión de lo que nos es propio en imágenes que además representan una apertura al concepto de ver, pues uno cree estar viendo algo, y de pronto Gerardi, voltea la foto, y te voltea el mundo. En su libro Fractales (2022) -que con cariño me obsequió- uno se siente no menos que fascinado. Se trata de una potente propuesta visual que no sólo rompe con la forma habitual de ver una imagen, sino que hace lícito el recurso del celular como herramienta creadora del fotógrafo. Gerardi expuso en la Galería de Arte Nacional en 2021 con Fractales y puso a Caracas de cabeza.
Quise conocer un poco más sobre su trayectoria, los conceptos que lo motivan y muy particularmente, sobre la vocación comunitaria y pedagógica que ha llevado a cabo por muchos años, y de la cual se expresa con especial brillo en su mirada. Así que prendí la grabadora para registrar parte del recorrido artístico y humano de a quien ahora considero también, un amigo.
Adriana: ¿Cuándo empezaste con la fotografía?
Félix: Desde muy chamo. Creo que desde los doce años. Pero formalicé mi primer trabajo gráfico a los 17 años. Osea que ya tengo más de cuarenta años en este berenjenal (risas). Estudié en la U.V.C. en la Escuela de Artes, mención Cine. Y básicamente, he estado vinculado a lo que tiene que ver con la fotografía periodística por mucho tiempo. 30 años como fotógrafo de prensa.
Adriana: ¿En dónde has trabajado como fotógrafo de prensa?
Lo último, como jefe de fotografía en Ciudad Caracas. Pero pasé por El Universal. Hice vacaciones en Últimas Noticias. Para revistas nacionales e internacionales como stringer. Toda esa vaina que hace uno para ese momento, pues.
Adriana: ¿Por qué el foto-periodismo?
Félix: Primero que nada, me gustaba mucho eso de estar en la calle y hacer fotos. Pero antes de eso fui laboratorista de negativos. Pero eso me llevó a ser fotógrafo. Y me fui quedando en el foto-periodismo como tendencia. Pero siempre se trató de fotografía comprometida con mi arte, con la mirada que yo tenía sobre lo que estaba pasando. Mostrar otra realidad, otro contexto. Porque el fotógrafo capta un momento de la historia desde su background, no la historia de la humanidad. Nosotros no detenemos el tiempo, registramos un fragmento de la realidad.

Adriana: ¿Qué era La explosión del callejón?
Félix: Era un movimiento cultural de San Agustín del Norte. Se hacía poesía, murales. Se jugaba pelotica de goma. Quiero decir, había de todo y el grupo "Madera" nos apoyaba con presentaciones allá. Había un compañero que se llamaba Totoño, un tipo con un gran liderazgo, con formación política y formación artística. Era sendo músico y tremenda persona. Yo empecé a hacer títeres desde muy chamo y me fui a hacer títeres en el Teatro Cantalicio de la U.C.V como por los 80s. Había un títere gigante que se llamaba "Naríz de chancleta" y yo hacía a veces de boca, a veces de manos. Allá en San Agustín fundamos el primer grupo de títeres en esa época.
Adriana: ¿Todavía haces trabajo escénico?
Félix: No. Osea, yo me dediqué gran parte de mi vida a la fotografía de teatro. Empecé a hacerla, primero por curiosidad y luego como una tendencia propia, por el tema de la luz teatral que es bien particular. Tuve un gran maestro que se llamó Miguel Gracia, a quien tengo mucho por agradecerle. Ya murió.
Pero desde un tiempo para acá he empezado a usar el Félix, este concepto mío porque bueno yo soy Félix -feliz- y eso es un atentado contra la "civilización", contra el sistema. El sistema todo el tiempo te hace infeliz. Entonces yo me opongo a eso, ese es mi concepto.
Adriana: ¿Tratas de mostrar eso en tus fotografías?
Félix: Sí, siempre. Mi fotografía es contenta, es feliz. Ahorita, todo mi trabajo fotográfico es pensante. Fíjate este que estoy haciendo de los fractales, de los charcos de agua.; porque cuando la gente voltea el teléfono, le cambia la potestad de lo que estaba mirando, le cambia la percepción.
Adriana: ¿Se trata ver de otra forma?
Félix: Es ver de otra forma. Fíjate, cuando la gente salía de la exposición en la Galería de Arte Nacional, la gente salía buscando reflejos en el piso. Uno debe buscar lograr algo con una exposición porque exponer por exponer no tiene sentido.
Adriana: ¿La fotografía tiene alguna importancia en lo social?
Félix: A eso iba. Una de las cosas más importantes de la fotografía, es la conservación de la memoria de lo que somos, fuimos y seremos. Como las "Arreadas de burros" de Enrique Abril de principios de 1900, te remontas a una memoria de lo que somos y hemos sido. Muchos fotógrafos contemporáneos olvidan que vienen por ejemplo de Arturo Michelena, de Reverón. Esos son los paradigmas para construir el imaginario que estamos haciendo en este momento. Toda fotografía es memoria histórica. Desde el plato de comida, pasando por la foto callejera. Toma una foto de los 90s y compárala con una del 2023 y verás la diferencia en vestimenta, diseños, modas. Esa es una forma de preservación de la memoria.
Adriana: ¿Hay alguna diferencia entre el fotógrafo y quien hace fotos?
Félix: primero, el fotógrafo preserva su registro como una posibilidad; segundo, el fotógrafo conceptualiza una tendencia, una estética. En muchos casos, el fotógrafo está ávido de descubrir desde la fotografía, lo que él es. Otra cosa importante, es que el fotógrafo tiene la necesidad de exponer, mostrar su trabajo. El fotógrafo busca construir un imaginario para divulgarlo. El que sólo hace fotos, no construye un imaginario.
Adriana: ¿Qué buscas tú, cuando sales con tu cámara?
Félix: Lo primero es divertirme muchísimo al reconocerme en la ciudad. Por eso yo manejo varios temas de la ciudad. Si voy, por ejemplo, a hacer la foto de los murales, me conecto con eso, es decir, ¿por qué los muralistas están construyendo esto? ¡Ah! Para que cada habitante de este lugar, se sienta a gusto de vivir allí. ¡Ah! Entonces en mi fotografía, yo conecto con eso. Uno debe captar ese espíritu. Y además, sé hacia dónde voy con esa propuesta, lo sistematizo todo en mi cabeza.
Adriana: ¿No sales sin un tema?
Félix: Sí, claro. Yo a veces salgo a ver qué me consigo. Voy a la cacería.
Adriana: ¿Cuántas publicaciones tienes?
Félix: Bueno, tengo De las gráficas a las tablas y Fractales. Pero aparezco en otros libros de otra manera. Por ejemplo, en algunos libros de poesía, le hecho la foto a los poetas. Por ejemplo en las de Benito Mieces, Anaís Arismendi, Tareck William Saab. Participé también en un libro en colectivo que se llama, Cincuenta años de reporterismo gráfico en Venezuela, escrito por Pedro Antonucho. En revistas. Bueno, son muchas vainas. 4F por ejemplo, fotografía del golpe. Yo participé como fotógrafo de prensa. Un libro en papel periódico. Fíjate, qué ha pasado con muchos fotógrafos; se han quedado en una tendencia.
Adriana: ¿Tú no tienes tendencia?
Félix: Sí, mi tendencia es que yo soy un fotógrafo que refleja "lo venezolano" y a lo venezolano.
Adriana: Y ¿qué es eso?
Bueno, ese imaginario que construimos a diario. Porque ser venezolano no es cualquier cosa. Uno sale a la calle y puede pasar cualquier cosa (risas). Somos demasiado... Somos bochincheros, sabrosos. Por eso cuando llegamos a algún lugar fuera del país, nos volvemos tendencia. En el fondo, nosotros lo que somos es Kariña. A nosotros nos dicen, "Mira, pa’ allá no puedes pasar", y al rato estás allá. No nos paramos por nada. Es algo de actitud.
Adriana: ¿Tienes alguna vocación social con tu fotografía?
Félix: Sí. Mi vocación es enseñarle a las comunidades a mirarse a sí mismas. Muchos fotógrafos se me han acercado para decirme que a partir de un taller que yo dí en tal lugar, han empezado a fotografiar sus comunidades. Porque yo puedo llegar, por ejemplo a Gavidia y decir, "Ay, yo soy el fotógrafo", pero porqué mejor no llegar y enseñarle a esa comunidad a mirarse su ombligo, a mirarse a sí mismo, a volver al origen. Por ejemplo, Felicia Liendo hizo un taller conmigo a los trece años, y mira dónde terminó. Terminó siendo fotógrafa de su propia gente. Ella registró la historia de las hilanderas. Porque yo puedo registrar a los diablos danzantes, pero imagínate a los diablos danzantes, fotografiándose a sí mismos. Se trata de sistematizar su mirada respecto a lo que son. Porque yo llego como espectador visual a recrear un imaginario de ellos, pero ellos tienen su propia dignidad y su propia percepción.
Adriana: ¿Tiene entonces una doble función, reconocerse desde el registro de lo propio y divulgar desde esa mirada?
Félix: Exactamente. La fotografía es una herramienta de conocimiento. Porque uno no puede ser tan arrogante para mirar a los demás como si fueran objetos.
Adriana: La cosificación de lo que se fotografía...
Félix: Exacto. Fíjate, ¿qué hacían los fotógrafos viajeros? Captaban una realidad pero no se involucraban con ella. No dejan nada. Yo me involucro con la comunidad, la gente me abre las puertas de su casa, me llevan a sus casas. Por ejemplo, hay un grupo de mujeres que están construyendo un edificio en Antímano. Les di un taller y si vieras la calidad de fotos que están haciendo sobre su trabajo.
Adriana: ¿Desde hace cuánto tiempo tienes este proyecto pedagógico?
Desde hace treinta años. Yo empecé con los talleres infantiles y empecé a considerar la fotografía fuera del eurocentrismo. Que descubras que tienes más sentido que el que te han impuesto.
Adriana: Y ¿una valoración sobre la fotografía en el país?
Félix: Bueno, lo ideal sería tener una organización de fotógrafos. Primero para renovar equipos, para tener intercambios. Un encuentro o círculo de fotógrafos. En México y en especial en Brasil tienen organizaciones importantes. Tener en cuenta que el trabajo fotográfico tiene un valor. Porque el fotógrafo tiene un compromiso con las fotos. Este es un momento muy bonito de la fotografía.
Sería bueno hacer un compendio de la historia de la fotografía en Venezuela. Un estudio serio. Por regiones.
Adriana: ¿Tienes cuatro premios nacionales?
Félix: Sí, pero bueno yo no hablo mucho de eso. Porque en realidad los premios qué son. A mí me interesa más este tipo de reconocimiento; el trabajo con la gente. Más nada.
Aun cuando poco le gusta hablar de eso, cabe mencionar que Félix Gerardi es Premio Nacional de Cultura, mención Fotografía (2010). Premio Alianza Francesa (2014) y Premio Nacional de Periodismo, mención Fotografía (compartida) (2015 y 2017).
En algún punto de la conversa me comentó que fuera de la fotografía, también participó en el Teresa Carreño dos años como productor del musical de Franklin Tovar, "A barrio vivo". Contándome esto, de repente me soltó la bomba que había trabajado en Jericó, -magnífico largometraje de Luis Alberto Lamata- como parte del equipo de la producción general. "Era como un obrero de producción". Asimismo, con Rafael Lacau, -fotógrafo merideño- trabajó como productor de campo para el proyecto, "Los niños fotografían Venezuela".
Me quedo corta para resumir en esta entrevista, la cantidad de proyectos y participaciones artísticas en las que se ha desarrollado este magnífico personaje. Otras tertulias y otras polvorosas de almendras, -tal vez- traigan nuevas revelaciones. Me queda el gusto de compartir parte del legado y trayectoria de este excelente fotógrafo. Un humilde reconocimiento que con cariño fraternal le ofrezco, desde mi propio arte. Gracias.
Adriana Rodríguez
e-mail: rodrifuentes.a@gmail.com
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