¿La poesía social será panfletaria?

"El arte expresa y refleja siempre la existencia, los pensamientos, y las ideas, los sentimientos, los ideales y las luchas internas de la sociedad que lo produce" César Rengifo.

A Luis Beltrán Prieto Figueroa.

A Anangeel Terán Barcos

A todos los poetas de encendida y combativa pluma, constructores del mañana.

La poesía social, la del compromiso pedagógico militante no es panfletaria

La poesía política del combate social no es panfleto, es herramienta de la esperanza para el encuentro humanista, solidario y medio para construir una sociedad de amor

La poesía no es neutral. Toda poesía es política.

SOBRE LA POESÍA SOCIAL

LA INEXISTENTE POESÍA PANFLETARIA

La poesía social o comprometida con nuevos tiempos civilizatorios, es condenatoria del estatus, del capital. Participa activamente en las confrontaciones de clases y en la construcción de una nueva sociedad.

La poesía social es profundamente crítica, juzga con rectitud en cada verso, profundiza en la documentación y en los sentimientos, piensa, razona, confronta, describe una verdad existencial y humana, sin la intención propagandística difamatoria.

La poesía social supera el proselitismo, la consigna y la militancia partidista. Su preocupación o centro poético es la humanidad, su entorno y las múltiples formas de vida en armonía con la naturaleza.

Su estilo, sentido y profundidad poética, como propuesta existencial, transita y se fundamenta en el ejercicio de la crítica, expresa su criterio sobre el mundo y las cosas, no por ello se puede calificar de panfletaria, ni difamatoria ni desviada y tendenciosa.

La poesía social es el más bello acto de amor por su desprendimiento de cálculos, medidas y prebendas, así el poema es un grito de conciencia y consciencia, transparente, límpida como agua de manantial, es la pluma, el grafito, las líneas en cada verso el compromiso, la voz del preboste, como eco de los valores universales, de la ética pura, el grito de los silenciados, de la ciudadanía, es mirar al mundo de tú a tú, sin miedo, sin temores, es el sol y su mirada fresca en múltiples rayos luminosos.

La poesía social la integran versos que confrontan, rompe cadenas, opuestos a la esclavitud, a los imperios, al hambre y a la miseria.

La poesía social es poesía solidaria, del dolor mayor, es la cara limpia de la inocencia infantil, la ternura, los afectos, también lo recio, lo implacablemente justo, el compromiso militante en la lucha diaria de los pueblos del mundo.

En la creación panfletaria hay vanidad, egocentrismo, rivalidad, competencia elementos éstos que niegan la poesía, el poema y a la condición intrínseca de ser poeta.

La poesía social trasciende al panfleto y se universaliza al estar colmada de nobles sentimientos, de historia, de pueblo, nutriéndose de sus luchas, construyendo su memoria, su identidad. No es el estruendo, ni el murmullo, tampoco la voz baja, ni la gritería ensordecedora propia del panfleto, pero eso sí, es voz recia, contrapunteo llanero en el cajón del Arauca, libre, erguida, de alas abiertas en la diversidad del paisaje, es río indetenible, copiosa lluvia en su creación y verdad, marcha triunfal, amplio horizonte en la multiplicidad de colores y pensamientos.

La poesía social contribuye a forjar una sociedad humana, digna, justa, solidaria, comprometida con la vida en armónica relación con la naturaleza. Valora el acervo y el patrimonio cultural de nuestros ancestros en la continuidad del presente. Combate toda forma y manifestación de dominación, subordinación, dependencia autoritaria, absolutista, monarquía, imperial y fascista.

La poesía social tiene olor a pueblo, a flores, a sonrisa y suspiro de mujer amada, a correrías infantiles a timbre y recreo de escuela, fundadora de vida, combativa, frontal, radical, sin tregua ni descanso en la construcción de un nuevo mundo, es presencia viva en todos los continentes, flecha aborigen apuntada al corazón del invasor, del conquistador de ayer y de hoy.

La poesía social tiene propósito de cambio, de árbol en crecimiento, de relincho y galope en abierta sabana, entre las gotas de esparcida lluvia y petricor de esperanza, es alimento, fruto que da fuerza y energía a las marchas en las empinadas cuestas, es firme pisada de libertadores, caminar triunfal permanente, venidera, vencedora de obstáculos e infamias.

La poesía social no es espera sumisa ni inexistente inspiración, es espíritu libre, trabajo disciplinado, reflexión constante, debate y búsqueda permanente, abundante lectura y pensamiento en ejecución. No es el episodio epiléptico, convulsivo del panfleto.

La poesía social es parte esencial del poeta como activista, militante intelectual, no indiferente y apático a lo que ocurre en la sociedad, en la humanidad, en su entorno. Fija posición con justa crítica, en un ejercicio permanente de juzgamiento sobre las cosas por lo que sabe de ellas, no por su apariencia.

La poesía social no es neutral ni apolítica, es sudor y olor a pueblo, a justicia, libertad y soberanía. Como sujeto transformador vive en una relación permanente con la sociedad, esto es con lo ético, con lo estético, con lo político y religioso, las cual, en su creación, pesa como "el aceite sobre el agua".

La poesía social, como toda poesía, está influenciada por las circunstancias de una época, nace de ella, es su confirmación o rechazo, siendo evidente su no indiferencia y su no neutralidad, la pluralidad de su ser como creación viviente. El panfleto es unilateral y sesgado, confesional, devela para el proselitismo acrítico y la propaganda, sin reparar en la difamación agresiva.

La poesía social jamás está a espaldas de la realidad social. No tiene velo en los ojos, tampoco es creadora de versos asemánticos y sin contenido.

El poeta en su creación social no escribe garabatos inútiles para el deleite o el reclamo grupal, en salones fríos de solemnes y formal etiqueta, ésto lo distancia y diferencia de la creación panfletaria, cuando la poesía social se universaliza liberándose de la mortal trampa de la vanidad y el orgullo excluyente e individualista.

La poesía social, en manos del poeta, es una guerrera de la pluma en su función de guía y adelantada combatiente. Sujeto creador del primer grito de vivir en libertad. El silencio no le es familiar ni posible, su alzada voz es dueña de todos los días en su radical ruptura de las cadenas opresoras.

La poesía social no es una caja de resonancia de los más de 500 años de cultura opresora colonialista, ni se viste con ropa de payaso para complacer, servil, divertir y entretener, al contrario es ejercicio práctico, el compromiso valiente, frontal para la libertad transformadora, integrándose como referencia para los valores de la dignidad y la soberanía, luz y faro de la conciencia artística e histórica de los pueblos, de las naciones. Es la expresión de la verdadera voluntad fundadora, bandera y guía de originales principios, frente a la desesperanza, la indiferencia y las claudicaciones, es el contenido y el valor de su mensaje.

Finalmente, *por ahora* preciso, expongo algunas líneas finales que ilustran sobre el escrito o la creación panfletaria y su absoluta imposibilidad de ser poesía o constituirse en un poema, ya que lo panfletario no pocas veces deja de ser peyorativo y se constituye en un escrito para la propaganda, la descalificación, el proselitismo de ideas y en ese afán exacerba las pasiones sin detenerse en descalificaciones, la difamación con fines malintencionado, también se empeña en denigrar, es agresivo, violento y hace apología.

Así la cosa, visto la esencia de la creación panfletaria, es absolutamente imposible que la poesía social, la del combate diario olorosa a pueblo, a humanidad pueda ser panfletaria, por cuánto el escrito, la creación si es poema no es panfleto, no existe poesía panfletaria por la imposibilidad que sea ambas a la vez, es decir poesía y panfleto. En el mismo sentido, como imposible es la existencia de un corrupto honesto, probo o que haya la negada posibilidad de un genocida humanitario. Si es corrupto no es honesto y si es genocida no es humanitario, de la misma manera, si es poesía no puede ser panfleto, ambas se contradicen y son irreconciliables, se excluyen como el aceite y el vinagre. La creación es poema o es panfleto, cada una es independiente, autónoma frente a la otra.

No es posible hablar de poesía panfletaria en presencia de la combatiente poesía social, de profundo sentir antiimperialista, propulsora de la auténtica identidad de los pueblos, de sus anhelos y aspiraciones, de los movimientos sociales, de la confrontaciones en las luchas de clases, de su combate contra el fascismo, las dictaduras y las guerras, por la liberación del campesino y del obrero y la construcción de repúblicas y ciudadanía, de vivir en democracia. ¿Cómo hablar de supuesta "poesía panfletaria" ante la monumentales obras de la poesía social presente en Roque Dalton, Cesar Vallejo, José Martí, Luis Beltrán Prieto Figueroa , Miguel Hernández, Pablo Neruda, Rafael Alberti, Walt Whitman, Pio Tamayo, Andrés Eloy Blanco, Rubén Darío entre otros, sin correr el riesgo de pasar pena y abrumarse de pesar, sentir el puñal de quedar desvelado?

Escuchar hablar de la no existente "poesía panfletaria", no es posible sin que medie los intereses, las descalificaciones de sectores sociales dominantes, sostenedores del decadente orden y de los subalternos intereses de refinados círculos intelectuales, que entre brindis y copas, migajas y canonjías vociferan improperios, cargados de alcohol, en contra de la valiente poesía social, descalificando inapropiadamente como panfletaria.

*El adjetivo de panfletario es en el fondo una postura política, de interesados sectores sociales, para descalificar la profundidad del pensamiento, del combate, de la propuesta y de la develación de la poesía social.*

¡¡ Viva por siempre la poesía social !!

¡¡ Por la universalidad del pensamiento!!

¡¡ Por la democracia del saber !!

¡¡ Somos historia y poesía insurgente !!

Polvorín. Explosión insumisa de ideas. Un combate por la vida.



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Eduardo Orta Hernández


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