77 años del asesinato del teólogo mártir Dietrich Bonhoeffer

"Bonhoeffer es estimulante porque se atrevió a pensar lo que constituyen nuestros problemas, a saber, cómo encontrar a Cristo en un mundo descreído, cuando pensamos que es equivocada la frontera que separa a creyentes y no creyentes"

Ana Moravsk

"Nuestra Iglesia que durante estos años sólo ha luchado por su propia subsistencia como si ésta fuera una finalidad absoluta, es incapaz de erigirse ahora en portadora de la palabra que ha de reconciliar Y redimir a los hombres y al mundo. Por esta razón las palabras antiguas han de enmudecer y nuestra existencia de cristianos sólo tendrá en la actualidad dos aspectos. Orar y hacer justicia entre los hombres."

De Resistencia y sumisión

"El tiempo: es lo primero que inquieta cuando se evoca a Dietrich Bonhoeffer. Cuesta creer que tras setenta años de su muerte su ausencia se perciba tan grande. O, mejor dicho, que su presencia se antoje tan necesaria, casi vital. Suya es la estirpe de esos hombres que revolucionaron el mundo no solamente a partir de sus ideas o sus actos, sino también por la forma en la que ejercieron su espiritualidad."

Carlos Jesús González

Dietrich Bonhoeffer fue un pastor protestante y teólogo alemán. Se lo conoció como una de las pocas figuras de la década de 1930 que comprendió la teología tanto en alemán como en inglés. Fue, también, una de las principales figuras de la resistencia alemana al régimen del Tercer Reich encabezado por Adolf Hitler.

Dietrich Bonhoeffer nació como Edith Stein en Breslau, (Silesia) un 4 de febrero de 1906 en el seno de una familia numerosa de la alta burguesía alemana, culta y aristócrata. . Fue el sexto hijo de Karl y Paula Bonhoeffer. Su padre fue catedrático de psiquiatría y neurología en la Universidad de Berlín; su madre, una de las pocas mujeres de la época con título universitario. Toda la familia de una forma u otra sintieron el zarpazo del régimen nacional-socialista (un hermano y un cuñado fueron con él ejecutados)

Bonhoeffer estudió teología en Tübingen, Berlín, y en el Seminario de la Unión Teológica en Nueva York. También participó en el movimiento ecuménico europeo. Bonhoeffer no fue en ningún sentido un cristiano superficial. Este pastor protestante y teólogo luterano fue perseguido, arrestado, encarcelado y asesinado por el régimen de Adolfo Hitler

"Esto es el final, para mí el comienzo de la vida". Estas fueron las últimas palabras de Dietrich Bonhoeffer antes de ser asesinado (ahorcado desnudo) por los nazis en el campo de concentración de Flossenburg (Alemania) la mañana del lunes, 9 de abril de 1945. Su cuerpo fue quemado en una pira. Aún no había cumplido 40 años.

Bonhoeffer es un ejemplo donde convergen dignidad y liberación, en este caso mediante una praxis de lucha contra el nazismo y la elaboración de una ética de la resistencia desde su experiencia religiosa radical.

Las Iglesias alemanas se sometieron al nazismo. Renunciaron a la defensa de la dignidad de los seres humanos por conservar su estatuto de privilegios y evitar la persecución nazi. Aceptaron la protección del Führer mientras sus hermanos de la resistencia eran detenidos, acusados de alta traición y ejecutados, como ocurrió con Bonhoeffer. En un clima así, y en medio de la incomprensión de no pocos hermanos cristianos y colegas teólogos, Bonhoeffer convierte la defensa de la dignidad y de la vida del ser humano en el centro de la fe cristiana, de su vida, de su reflexión teológica y de su ética. La fe, afirma, es, ante todo, un acto de vida. Jesús de Nazaret no crea un nuevo sistema de creencias, no llama a adherirse a una nueva religión, sino a la vida.

La atmósfera moral y religiosa que se respira en la vida y los escritos de Bonhoeffer recuerda bastante a la que evocaba Kierkegaard en el temor y temblor de Abraham ante el mandato divino. Decía el filósofo danés que solo cuando el hombre pone en juego toda su existencia temporal a causa de lo eterno, se arriesga en el sentido propio del término. Uno de los más nobles ejemplos de esta forma de arriesgarse la ve Kierkegaard en Sócrates quien, a pesar de la incertidumbre objetiva, tuvo la temeridad de creer en la inmortalidad y de llegar a la muerte por esta fe. También el cristiano debe saber que si permanece en retaguardia buscando razones objetivas para decidirse, acaba sustrayéndose a la acción de la providencia divina: quien quiera salvar su vida la perderá.

Si la Iglesia no quiere permanecer en una actitud esteticista y espiritualista, debe estar al servicio de los demás y defender la dignidad de los seres humanos. Así lo expresa Bonhoeffer en Resistencia y sumisión: la Iglesia solo es Iglesia cuando existe para los demás y colabora en las tareas profanas desde la ayuda y el servicio, no desde la dominación. La Iglesia solo puede cantar gregoriano si al mismo tiempo levanta su voz a favor de los judíos, dirá el místico y activista Bonhoeffer en otro momento, señalando con el dedo acusador a la Iglesia alemana, instalada cómodamente en el sistema. Y para hacer eso realidad, crea junto con Martin Niemöller la Iglesia Confesante, una de las organizaciones cristianas más críticas contra las medidas discriminatorias del nazismo contra los judíos.

Orar y practicar la justicia: ésta es la tarea de los cristianos en la sociedad, y en un clima de persecución contra la dignidad humana. Es la forma de esperar el tiempo de Dios. Es así como la palabra de Dios puede recuperar todo su sentido transformador.

La defensa de la dignidad humana constituye el horizonte de la Ética, cargada de denuncias, con frecuencia crípticas y sutiles, contra el nacionalsocialismo, al que acusa de debilidad: "La idea de aniquilar una vida que ha perdido su valor social no procede de la fuerza, sino de la debilidad".

Bonhoeffer se distancia gradualmente de los planteamientos éticos de la teología de su tiempo, tanto los de tendencia liberal, que eran una versión matizada de la «ideología del progreso», como los de la teología dialéctica, que acentuaba la distancia radical entre Dios y el ser humano, y, por ende, desembocaba en un pesimismo ético. Ofrece una doble fundamentación de la ética: antropológica y cristológica. El origen de la ética hay que buscarlo en el ser humano en cuanto persona libre, autónoma y responsable de sus actos. El bien ético por excelencia que debe protegerse es la dignidad y la vida del ser humano. En la base de la ética se encuentra, asimismo, Jesucristo, que es la realidad última, pero no el Cristo dogmático, sino los hechos y padecimientos de Jesús de Nazaret. Aquí se encuentra una superación de la concepción puramente dogmática del cristianismo y una afirmación de su dimensión moral. Ética y cristología se interrelacionan y convergen en la praxis liberadora de Jesús a través de la transgresión de la ley y de la acción responsable a favor de la dignidad de los seres humanos a quienes se les niega esta última. Bonhoeffer es, un ejemplo de coherencia entre la "moral formulada" en su Ética a favor de la dignidad humana y la "moral vivida" a través de su compromiso por la libertad y su lucha contra el nazismo.

Algunas de sus obras

• Escritos esenciales, Sal Terrae

• El precio de la gracia: el seguimiento,Sigúeme

• Ética, Barcelona 1968, Estela

• Redimidos para lo humano(Cartas y diarios1924-1942), Salamanca 1979, Sigúeme

• Cartas de amor desde la prisión(a Maria von Wedemeye), Trotta

• Resistencia y sumisión(Cartas desde el cautiverio),, Sigúeme

REFERENCIAS



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Luis Antonio Azócar Bates

Matemático y filósofo

 medida713@gmail.com

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