Del país profundo: Con los Diablos Danzantes de Corpus en Castilla-La Mancha

Llegar con pasos cruzados a ese territorio que se vincula a la más afamada novela de Miguel de Cervantes fue el propósito inicial. Todavía en aquella Comunidad Autónoma de España la fiesta de Corpus Christi, que originalmente se celebraba sesenta días después del Domingo de Resurrección, mantenía vivos algunos elementos básicos, dignos de cuidadosos análisis al abordar el tema en Venezuela. Lugares de la península ibérica como Lagartera, Navalcán, Oropesa, Elché de la Sierra, Villanueva de la Fuente, Hellín, Pozo Seco, Valverde de los Arroyos, Porzuna, Los Hinojosos, Iniesta y Camuñas, para nombrar solo algunos, nos ayudarían con sus ejemplos. La organización de los cófrades, la manera de adornar casas y calles, la elaboración de altares, el recorrido procesional y la particular presencia de danzantes y músicos en varias localidades, resumían semejanzas y diferencias con lo que han protagonizado nuestros Diablos Danzantes de Corpus Christi, generación tras generación.

Allá en Castilla-La Mancha hay comarcas donde los danzantes se lucen con el sonido de las castañuelas y aquí en Venezuela será el repicar de las maracas el ritmo natural que sustituiría al instrumento de percusión europeo. Tambores redoblantes, pañuelos, máscaras, capas, trajes de colores vistosos, alpargatas ornamentadas, velos, cintas y cruces atadas a las telas son comunes en ambos países, guardando las distancias y similitudes que en cada caso distingue a la relevancia ritual.

De la riqueza festiva de España por sus tradiciones populares trasladadas también a América, conversamos mucho con el excelente embajador e inolvidable amigo Bernardo Álvarez. Hablábamos de los choques que ha ocasionado en la historia ese préstamo de culturas. De lado y lado hubo consentimiento para saborear las hechuras de un país y de otro país, y así se fueron amontonando las ideas que dieron origen a la creación de un Centro de la Diversidad Cultural de Venezuela en España, que tendría como propósito esencial a partir del año 2013, el intercambio mutuo de experiencias entre las dos naciones, con especial acento en el contenido del patrimonio cultural inmaterial, de allí que la exposición abierta al público en Madrid, en la sede de la calle Hermosilla, distrito de Salamanca, aquel mes de junio, mostró un recorrido sobre los saberes del pueblo representado en las regiones amazónica, andina y caribeña, Nosotros, Orgullo de ser Venezolanos, con una colección de objetos, fotografías, piezas de audio y videos pertenecientes a nuestro Centro de la Diversidad Cultural en Caracas. La propuesta inicial del nuevo proyecto buscaba unir esfuerzos entre los dos Centros de la Diversidad Cultural, tanto el recién creado en Madrid, como el de mayor tiempo y legado en Caracas, para abrirle espacio a un gran diálogo de culturas entre los portadores patrimoniales de las dos naciones. En la fecha anunciada del importante suceso y con la presencia de todos los embajadores de Europa y del Canciller Elías Jaua Milano, colaborador permanente de estas formas de entender la cultura, no se podía pasar por alto el ascenso de los Diablos Danzantes de Corpus Christi de Venezuela a la condición de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, ya se había acordado iniciar con ellos el programa Vínculos, orientado a una primera experiencia de intercambio con alguna región de España donde existieran antecedentes y prácticas actuales de una manifestación similar. Nada mejor que la celebración del día de Corpus en ambos territorios, y de España, por supuesto, nada más propicio que la Comunidad de Castilla- La Mancha y la exactitud del protagonismo que tiene la población de Camuñas, con antecedentes hispanorromanos y árabes en ese lugar del margen izquierdo del río Amarguillo.

Se cumplieron las reuniones de rigor con los distintos grupos de Diablos Danzantes de Corpus Christi de Venezuela y quedó establecido que viajarían para este primer encuentro por la población de Turiamo Juan de Dios Martínez; Cata, Ángel Díaz; Chuao, Juan Vicente Aché Bolívar; Ocumare de la Costa, José Echenagucia; Cuyagua, Máximo Fajardo; Patanemo, Julián Lugo; San Millán, Jonathan Camacho; San Rafael de Orituco, Rafael Gota; Naiguatá, Kelvis Romero y de Tinaquillo, Luis Cabrera. Las primeras muestras sobre la manera de consagrarse ante la esencia de Corpus en las distintas comunidades se cumplieron en la misma sede de Hermosilla en Madrid, al celebrar la apertura de este Centro de la Diversidad Cultural de Venezuela en España.

Finalmente emprendimos nuestro recorrido a Castilla- La Mancha y sería Toledo con su recinto amurallado y su cruce de culturas nuestra primera escala. Allí, junto al río Tajo a inicios del siglo XIV, mucho antes de la llegada de Cristóbal Colón a estas tierras de América, ya se celebraba el día de Corpus, la fiesta que impuso la iglesia en el viejo y en el nuevo continente. Tienen fama en la ciudad de la antigua Mezquita Cristo de la Luz, los inventarios del Sagrario de la Catedral de Toledo que dan razón de dos importantes custodias para la honrar al Corpus Christi en su día, una que “la reina Isabel mandó a realizar al orfebre barcelonés Almarique, en esmaltes y oro del primero llegado desde América…” y otra que se conserva desde 1524, la de más prestigio, encargada al orfebre Enrique de Arfe que utilizó para su realización 183 kilos de plata y 18 kilos de oro, además de abundantes perlas y piedras preciosas. Bajo la Sagrada Forma está la presencia de Cristo unida al término teológico de la transustanciación.

No solo nos atrajo en Toledo aquella catedral gótica, la Catedral Primada con su Custodia de Arfe y los misterios de la fe, que tiene en la celebración de Corpus su llamada Fiesta Grande, de tanta fama en el mundo. Estar en esa ciudad con más de dos milenios de historia, rodeados de obras maestras pertenecientes a distintas civilizaciones y religiones fue una experiencia incomparable. Seguimos juntos apreciando la Puerta del Sol, la de Bisagra, la plaza de Zocodover donde desembocan las estrechas calles, el Barrio Judío de Toledo, la Sinagoga Santa María La Blanca, los vestigios de un antiguo puente romano, sus calzadas, la riqueza de la arquitectura gótica y del barroco en otras iglesias, sus museos y las formas de expresión artística presentes en sus tejidos y en la elaboración de armas, y por supuesto el imponente espectáculo de la ciudad patrimonial del mundo que se aprecia en su máxima longitud desde los miradores del río Tajo. Seguimos y seguimos para encaminarnos luego a nuestro principal encuentro con la Hermandad del Santísimo Pecados y Danzantes en el pueblo de Camuñas, el municipio de la provincia de Toledo que celebra con danza, música y autos sacramentales el día de Corpus.

Es domingo 16 de junio ese día del año 2013, cuando llegamos a media mañana al Museo de Pecados y Danzantes en la Plaza Vieja de Camuñas. Allí nos esperaba la alcaldesa María Cano con su equipo de gobierno local, incluido un miembro de la oposición y los jefes de los grupos de los Pecados y Danzantes, junto a la directiva de la Hermandad liderizada por su Presidente Gabriel Romero que se amigó todo el día con nosotros. Recorremos las salas de exposiciones donde se exhiben los distintos elementos populares que sirven para escenificar la lucha entre el bien y el mal. Trajes y ceremonias se vinculan al máximo en las dos cofradías que vamos reconociendo, la de Pecados y la de Danzantes con dos tipos de máscaras diferentes.

Nos dicen que los accesorios de los rituales tienen similares características desde hace tres siglos, colores muy llamativos y materiales de seda para la confección del vestuario, calzones hasta media pierna y hasta los pies, fajas anudadas a la cintura, chaquetas y chalecos, telas bordadas y encaje ancho para las valonas que es un tipo de sobrecubierta colocada encima del traje ceremonial, pañuelos grandes con cruces. Entre los Pecados y Danzantes destaca un personaje femenino representado por hombres y conocido como la Madama que usa alpargatas, medias y enaguas de hilo blanco, sayas o faldas adornadas en su relieve con distintos matices, además de ropas interiores como corsé, corpiños y una prenda que en España se llama miriñaque que cuelga de la cintura y sirve de armazón a la saya. Vimos mucha presencia de cintas en todo el vestuario, especialmente en las varas de maderas que portan algunos celebrantes. Sobre las máscaras, en su mayoría de dos cuernos, observamos con curiosidad la llamada máscara de Pecado Mayor que semeja el rostro de un cerdo y guarda cierto parecido con las de nuestros Diablos Danzantes de San Rafael de Orituco y sobre la música nos llamó la atención la particularidad de los únicos cuatro instrumentos utilizados para el baile, el tambor redoblante, la sonaja, que es equivalente a un pandero sin parches, las castañuelas y la porra, hecha de madera dura como el olivo y que está formado por dos partes que se percuten.

Todas las características de la fiesta las pudimos apreciar en la muestra del Museo, pues para la ocasión de la visita, distante al día de la celebración de Corpus, no le estaba permitido a los practicantes usar los trajes, que corresponden a un momento reservado solo para la gran fecha donde se invoca el misterio de la transustanciación, en cambio nuestros Diablos Danzantes de Corpus Christi sí pudieron lucir su compleja y variada indumentaria. La más amplia y esperada actividad se apreció con la exhibición de videos, imágenes y un foro abierto en el salón de conferencias del lugar, donde Pecados y Danzantes de Camuña y Diablos de Corpus Christi de Venezuela con sus pasos cruzados, lograron intercambiar experiencias en la larga jornada. Saltó a la vista la esencia africana que los descendientes de esclavizados en nuestro país agregaron al novísimo ceremonial, asimilado en estas tierras por todos los cristianizados desde los primeros tiempos de la colonización europea. Aquí y allá hubo pecado. Hubo danzantes. Hubo demonios y dioses entremezclados en todas partes con el consentimiento de la iglesia.

No terminó así el primer encuentro, pues antes del recorrido de la tarde a varios lugares, contando la plaza pública, la sede parroquial de Nuestra Señora de la Asunción y el antiguo Molino de Arriba o Molino de la Unión, se nos ofreció lo que los camuñeros o camuñanos llaman un almuerzo del tiempo del Quijote, “una olla de algo más vaca que carnero”, una receta de antaño que incluía delicias variadas, las infaltables migas, espárragos, duelos y quebrantos, guiso de “Las Bodas de Camacho”, flores manchegas, copa de mistela y el celebrado queso de tanta fama de la provincia de La Mancha, conocido universalmente como el queso manchego. Ese día lo probamos de oveja y de cabra al aroma de azafrán. Más de diez platos diferentes junto al vino embotellado con su sello característico por los propios cófrades de Pecados y Danzantes de Camuña que fueron obsequiosos ese domingo con toda la delegación venezolana.

Delegación de los Diablos Danzantes de Corpus Christi de Venezuela en España. 2013
Credito: Ángela Collins




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Benito Irady

Escritor y estudioso de las tradiciones populares. Actualmente representa a Venezuela ante la Convención de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial y preside la Fundación Centro de la Diversidad Cultural con sede en Caracas.

 irady.j@gmail.com

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