Kuruvinda, el cronista que Maracaibo nunca olvidará


Ha muerto este sábado Régulo Díaz, mejor conocido como Kuruvinda, y uno
siente que quedó en deuda con él, que Maracaibo quedó en deuda con él,
porque nadie como este cronista para conocer, desentrañar y divulgar el alma
de este pueblo.

Supe de Kuruvinda hace muchos años, supongo que fue César Chirinos el
primero que me habló de este personaje, de sus andanzas, de sus ocurrencias,de su infinita memoria e insaciable curiosidad.

Eventualmente lo veía en algunos sitios de la ciudad, pero nunca llegamos a
hablar, hasta que hace algunos años, me lo encontré en un banco y era tal su
abandono y su dificultad por una ceguera que le dificultaba su quehacer, que
me le acerqué y lo ayude en lo que hacia.

A medida que pasaban los minutos sentía que ese hombre, todo un icono no
oficial de esta ciudad, no podía seguir viviendo en las condiciones que lo
hacia; solo, ciego, desasistido. Kuruvinda nunca se casó, no tuvo hijos y la
familia que tenía era casi inexistente.

Recuerdo que se emocionó mucho por mi gestó, lloró y me dijo que casi no
podía hacer nada, que se quemaba mientras cocinaba, que ya no podía ir al
mercado a comprar su comida, que ya no aguantaba más...

Guarde silencio, un profundo silencio y entonces, aprovechando ese momento,
le pedí que me acompañara a un sitio, donde sé que podría estar bien, que
confiara en mi, que si no le gustaba podría irse. Temí que no aceptara, pero
lo hizo.

Fuimos juntos a la residencia geriátrica administrada por una eficiente
profesional como es la doctora Olga Silva, quien lo aceptó y segura estoy, terminó tomándole mucho cariño a pesar de su mal humor. Allì pasó sus últimos años.

En esa residencia lo visité en algunas oportunidades y conversábamos mucho, mejor dicho,lo escuchaba, era una enciclopedia andante, el perfecto autodidacta, no había tema que no conociera, amaba la música clásica y se emocionaba hasta
el llanto. Poca gente he conocido en mi vida que tuviera tanta pasión por el
saber.

Por su boca supe como llegó la electricidad a Maracaibo, la visita de
Gardel, los conciertos en el Hotel Granada, la pintura del plafón del teatro
Baralt, el tranvía, de cómo aprendió a tocar solo la guitarra, de su pasión
por los conciertos, en fin, era una película que nunca acababa. Siempre me
decía que él iba a vivir más de 100 años y era muy probable, por cuanto
venía de una familia muy longeva. El año próximo cumpliría su deseo. Había
nacido en 1906.

Recuerdo que me asombró su precariedad en contraste con los ahorros que
poseía para ese momento y más de una vez me dijo que con ese capital y las
tasas de interés vigente él sería rico en 10 años. Por supuesto, nunca pensó
pasar sus últimos años en un asilo, donde él tendría que sufragar los
gastos.

Ejercició muchos oficios, pero creo que el más constante y el que hacia con
más pasión era el de cronista no oficial de esta comarca, que tanto quiso y
tanto conoció.

Autor de varios libros ¿Quién es Maracaibo? Sensorio delirante (1945) La
pequeña Venecia (1945) y El Camino de los grandes Lagos (1985) en este
último narraba sus experiencias, junto con otros dos zulianos, de un largo viaje que hicieron de Maracaibo a las zona de los lago en EEUU en un carro de la época.

También como pintor realizó algunos cuadros que forman parte del patrimonio
de varias instituciones zuliana. Memorable es su pintura de la Batalla
Naval del Lago de Maracaibo que reposa en el MACZUL y que según él contaba,
su abuelo presenció a finales del siglo IXX. También no puedo dejar de
mencionar el plafón del teatro Baralt, toda una obra de arte donde él
colaboró.

En el libro ¿Quién es Maracaibo? reimpreso por la editorial Kuruvinda y
bautizado hace apenas 15 días, Régulo Díaz, que ese era su verdadero nombre,
afirmaba en el prólogo "parecióme conveniente personificar a Maracaibo, y de
ello se desprende lo que tenga de rareza el título de la obra ¿Quién es
Maracaibo? ¿Qué? ¿Quién?... ¡ Ya lo vais a saber!..."

Recuerdo de manera especial, la teoría que tenía de que el petróleo podía
producirse en laboratorio y de como tal teoría había convencido a un estudiante de Ingeniería de LUZ, quien lo había tomado como su proyecto de Tesis, sin embargo, no creo que lo haya podido culminar, porque en más de una
oportunidad casi quemaba la casa donde vivía. Alquimia pura.

Yo creo que Kuruvinda era un sabio, iba más allá del simple conocimiento,
reflexionaba permanentemente y disfrutaba y se vanagloriaba de su excelente
memoria. Para repetir un lugar común, nada humano le fue ajeno, por ello
digo, que Maracaibo nunca olvidará a este cronista que acaba de dejarnos,
porque para Kuruvinda, Maracaibo fue su verdadera pasión, el amor realizado,
la obra infinita que nunca concluyó.


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Morelis Gonzalo


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