Le tengo una vela prendida a SAN BILL

¡Qué tal, camaradas! Por supuesto, en entrenamiento continuo con miras a la enmienda. Esto se refiere a permanentes conversaciones con escuálidos, medio escuálidos y pre-escuálidos, y uno que otro débil revolucionario. Abrirles los ojos.

Bien. Me permito resumir algunos aspectos destacados relativos al Mal, perdón Mall -con otra “l” que es Peor- de la Candelaria. Voy:

¿Quién dio los permisos para la construcción de dicho matroteto?

¿Por qué esperar que la obra esté casi lista para proceder a su expropiación? ¿Cómo es que nadie se había percatado de lo que allí estaba ocurriendo?

¿Por qué nadie les paró pelota a los vecinos que manifestaron su rechazo desde el principio? ¿No y que el poder reside en el pueblo?

El urbanista William Niño a quien describen como “uno de los cerebros del proyecto Caracas Cenital”, expresó: “los centros comerciales son estructuras embutidas y cerradas que no hacen bien ni a la ciudad ni a sus habitantes pues chupan toda la energía que debería desarrollarse a campo abierto”.

Y una breve síntesis de aspectos explicados por Marx:

“En una sociedad cuya prosperidad (económica, le agrego) crece, sólo los más ricos pueden aún vivir del interés del dinero. Todos los demás están obligados o bien a emprender un negocio con su capital, o bien a lanzarlo al comercio.

Con esto se hace también mayor la competencia entre los capitales.

Cuando la concentración de capitales se hace mayor, los capitalistas grandes arruinan a los pequeños y una fracción de los antiguos capitalistas (medios, le agrego) se hunde en la clase de los obreros, que por obra de esta aportación padece de nuevo la depresión del salario y cae en una dependencia aún mayor de los pocos grandes capitalistas.

Por cierto, los invito a que lean un poquito a Carlos, porque es muy extensa su obra. Ah, y se toparán con Federico. Los más estudiosos, sólo a releerlos.

¡Qué analistas y pensadores! Los últimos grandes filósofos.

Necesitamos actualizarnos ya que estamos tratando de transitar, casi mundialmente por la crisis, por el sendero del Socialismo. En Venezuela, de la Mano de Chávez, damos los pinitos.

Bien. ¿Saben algo? Lo que ha ocurrido con los centros comerciales es consecuencia de la importación de costumbres, métodos, de países desarrollados y que no se adaptan, o se adaptan poco, o lo hacen contribuyendo a perjudicar a otros esquemas comerciales más sencillos, populares los más.

El concepto de supermercado, generalmente asociado a centros comerciales, marcó una pauta de competencia desleal con los abastos, pulperías, etc. No con los mercados municipales ya que estos se ubican en sectores de bajo poder adquisitivo y que muy raras veces, salvo casos excepcionales, requieren de los servicios iluminados y con aire acondicionado. O no están acostumbrados y los ven, o veían, como fuera de sus alcances.

Los supermercados están conceptualmente diseñados para el consumismo, para los gastos en exceso. Inclusive, la mayoría, para gastos innecesarios. La idea es que usted tome un carrito y comience a recorrer estanterías para ver qué le llama la atención. Y es tan efectivo que usted le mete cualquier cantidad de latas, frascos, bolsitas, etc., aunque no los tenga en la lista de compras.

Es lo que se conoce como “ventas por impacto”. En esos locales rara vez identifican dónde están los productos. Aunque desde hace algún tiempo colocan letreros para ubicar “carnicería”, “verduras”, por ser sectores obvios.

Como les dije, termina usted con un cuentón y lleno de pendejaditas, latas y laticas, hasta con productos dañinos desde el punto de vista alimenticio. Y un colador, unos vasos de plástico, etc., que a veces no utiliza.

Los centros comerciales, más grandes llamados malls, en los inicios eran abiertos hacia las calles. Uno paseaba de noche viendo vitrinas. Pero ahora los diseños, bien proconsumistas, son cerrados por fuera para que usted se vea obligado a entrar; y entrar es comprar. Más con el envenenamiento colectivo, mediático, de estímulo al consumismo.

Generan una desventaja doble: primero, venden más barato que los abastos y bodegas por comprar en abundancia y segundo, porque los más humildes, sin vehículos, pagan más en los abastos porque no hay descuentos: precio marcado.

Aunque eso de los descuentos es el otro gancho para la compradera: “Coño, mi amor, están rebajados los tomates y la pasta corta…” Y salen a comprarlos y meten todo lo demás.

O sea que en vez de “ventas por impacto”, podemos llamarlos “ventas por engaño”

Menos mal que nuestra Revolución, golpeada por el paro que afectó la distribución de alimentos en todo el país, se sacudió y ha implantado un mecanismo de importación y de producción conque ha paleado la situación de abastecimiento y costos con los Mercales y los Pedvales.

Otros elementos que han perjudicado a los pequeños comerciantes y profesionales son las cadenas de ferreterías y de farmacias.

Las ferreterías pequeñas ha quedado para los tornillos, un teipe (tape), un bombillo, un metro de esto o de lo otro y algo más, pero más caros en las comunidades. Un saco de cemento, un par de cabillas. A casi todas se las tragaron las “ferre… ferrevergas”

Y aquella ilusión de tener un(a) hijo(a) farmacéutico(a) y darle un empleo seguro “montándole” una farmacia en el garaje de la casa, en un pequeño local o hasta en un centro comercial mediano desapareció porque las grandes cadenas tienen súper ventajas. Y el humilde comprando más caro, sin descuentos de ningún tipo.

Ha ocurrido con los locales de comida rápida, que además han macdonalizado a gran parte de la clase media. Que acaso se comen unas arepas, o una rica cachapa con queso –uhmm…– después de una parranda y porque a esas horas de la madrugada las gringoventas están cerradas.

Y dentro de la deslealtad de las competencias capitalistas una de las más salvajes es esa que le hace honor al santo del billete, en inglés, San Bill.

Vale recordar que los dueños introdujeron una modalidad que consiste en no vender sino alquilar los locales comerciales.

Son tan bien diseñados –éxito arquitectónico– que generan un altísimo atractivo. Aire acondicionado total, tiendas súper decoradas y lujo. Pero destruyen la competencia comercial, desalmadamente a los más pequeños, los tradicionales.

Cuando uno visitaba nuestra hermosa isla de Margarita, en las avenidas 4 de Mayo y Santiago Mariño, y en el centro de Porlamar, simpáticos locales, medianos y pequeños, cubrían la ávida demanda de compras de “cosas importadas”, en especial los que no llevaban automóviles.

Un rattanazo mermó un poco la zona, por lo anteriormente descrito. Pero desde que apareció el San Bill, ha habido una lenta muerte comercial de los pequeños y medianos.

En el caso de La Candelaria hubiese ocurrido lo mismo. Dígame en esa zona que ha mantenido locales de variada índole, generalmente de españoles muy venezolanos, se espicharían poco a poco porque el gran santo es un comebilletes desalmado. Y repleto de los mismos negocios que se posicionan en casi todos los “san billetes”. Mini monopolios.

En síntesis, no debimos importar o copiar todos los modelos de los países en desarrollo. Acaba con los pequeños y medianos productores y comerciantes. Claro, nos lo metieron con salivita de loro y ahora hay que morir con ese otro elemento transculturante.

Es tiempo de rescatar costumbres, tradiciones y sobre todo, valores.

Por cierto, debemos empeñarnos, aunque nos llamen comunistas o como les dé la gana, en desplazar al otro san, el de la Navidad, Santa Claus. Ya nuestro “Niño Jesús” no recibe cartas ni trae regalos, juguetes.

Es el viejo gordo, aunque simpaticón, quien recorre los cielos con trineos para nieve y baja por nuestras chimeneas. Talvez cómodo en Mérida. Y coloca los juguetes bajo un pino canadiense, con nieve.

Es muy baja la posibilidad de que se tropiece con un nacimiento.

Sí, el símbolo tradicional y artesanal, participativo, de nuestra propia Navidad. El que debemos promover en todas y cada una de las escuelas y los barrios. Con los concursos y cantando aguinaldos.

Miren, ya que el niño Jesús no puede con tantos juguetes, así lo entienden los niños y su fantasía debe ser respetada y alimentada, propongo un concurso para crear un personaje criollo que compita con el gordo que lo único que le toleramos es que viste de rojo-rojito. Deberá tener también aspecto bonachón, con poncho andino, sombrero de cogollo, alpargatas, etc.

También rescatar la patinadera.

Y ¡FELIZ 2009!

¡FELICES MISIONES! ¡FELIZ ENMIENDA! ¡FELIZ PATRIA!


edopasev@hotmail.com


Esta nota ha sido leída aproximadamente 2321 veces.



Eduardo Palacios Sevillano

Ingeniero Civil. Escritor y caricaturista. Productor radial y locutor. Miembro de la directiva de la Orquesta Sinfónica del Estado Anzoátegui. Miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Bolivariana del Edo. Anzoátegui. Coordinador de la Red de Historia, Memoria y Patrimonio de Anzoátegui.

 edopasev@hotmail.com

Visite el perfil de Eduardo Palacios Sevillano para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes:

Comparte en las redes sociales


Síguenos en Facebook y Twitter



Eduardo Palacios Sevillano

Eduardo Palacios Sevillano

Más artículos de este autor