Alquimia Política

Contradicciones morales

La Responsabilidad Moral en el marco de una sociedad del conocimiento, es ya un reto de redefinición y contrastes. No es sólo mantener el estudio en la complejidad de objetivos perceptuales, sino ahondar en los aprehensivos, comprehensivos e integrativos, para alcanzar una visión integral del problema y de su significado en el contexto sociopolítico de la Venezuela dinámica y cambiante de los últimos siete años.

Un referente importante acerca de este tema lo ha escrito Emeterio Gómez en su obra “La responsabilidad Moral de la empresa capitalista” (editado en Caracas por CEDICE, econoinvest-casa de cambio y Fundación Valle de San Francisco, 2005), es valioso tanto y en cuanto muestra el problema, pero la búsqueda de significados e interrelaciones del mismo en el contexto del capitalismo global, no queda claro, menos aún solucionado.

El abordaje de Gómez no nos convence; no termina de centrar el problema, puesto que su intento por desprenderse en momentos de su enfoque positivista, lo hace palidecer en el modelaje de algunas ideas. Y en un aspecto que chocamos con el autor es en su concepción de sinónimos entre ética y moral; pensamos que era un recurso pedagógico para motivar al lector a reelaborar sus mapas conceptuales en razón del tema, pero nos resultó que es una concepción particular del autor en cuanto a cómo concibe el aspecto moral en el marco funcional de la empresa capitalista. En este aspecto discrepamos con él y lo fundamentamos en razón de que la ética está separada, en lo que a la estructura conceptual se refiere, de la moral. Y es necesario que se mantenga separada.

En la visión esquemática de las dimensiones básicas del ser humano, Gómez presenta un cuadro interesante en el que contrasta el “ser natural” del “ser humano”, dándole al primero la potestad de la lógica, que es lo que lo hace racional, y al segundo la potestad de la ética que es lo que lo hace humano. Y en éste último punto culmina la relación del cuadro esquemático relacionando esa ética con “Lo que nosotros le imponemos a la realidad”, pero no aparece por ninguna parte del esquema a qué realidad se está refiriendo el autor. Y es donde le responderíamos: esa realidad es la moral.

Si bien los ejemplos en la propuesta de Gómez son reiterativos de posturas cotidianas ante el tema de la moral, se aprecia contradicción cuando se dice: “El problema de la Moral no atañe simplemente al tener principios y valores, sino a la idea básica de ¿cuánta fuerza espiritual tienes para imponer -o imponerte a ti mismo- tus valores? Y el tamaño de esa fuerza guarda una estrecha relación con el tamaño de la presión que la realidad ejerce sobre nosotros”.   

Y en otro aparte expresa: “La Ética tiene sentido mientras usted tiene posibilidades de imponerse por sí mismo sobre el vicio…o sobre la realidad”.  Entonces: ¿no es confuso hablar de fuerza espiritual y de un ejercicio de la realidad propio de cada persona y a su vez determinar que esa misma persona se impone sobre la realidad en un acto de superación personal? Es evidente que por mucho que se aprecia el interés de Gómez por definir los parámetros en los cuales se mueve la moral en su relación con las personas, persiste indefinición e inexactitud en la consideración de los principios y valores, puesto que no se aclara si son el producto de una imposición o de la presión que la realidad ejerce sobre nosotros.

En lo que se coincide con Gómez es que: “¡¡Cuando hay razones poderosas para hacer o no hacer algo, ¡la Ética no juega ningún papel, se queda completamente fuera de juego!! Tanto es así, que cuando hay razones poderosas para hacer algo y no lo hacemos, es fácil comprender que estaremos, no ante un acto inmoral, sino más bien ante uno de carácter irracional. NO ante una inmoralidad, sino ante algo mucho peor, ante el acto de un loco, de alguien que ha perdido la razón”.

Y es que este punto de vista afianza la percepción de que la ética es una conducta humana personal, la cual se asume o no, pero no por ello determina la moral en una organización o sociedad. La moral, en el caso de las organizaciones, entiéndase como base ontológica de la cultura organizacional, nos remite a un colectivo, a un consenso que se asume y que, al igual que en los paradigmas, tiene una vigencia limitada y tiende a ser sustituido por nuevos puntos de vistas consensuados.

Si una persona decide “no actuar” ante hechos o situaciones puntuales, por supuesto que no hace uso de ética alguna, es su decisión de “no actuar” la que se impone, y ello está en su derecho, tiene potestad para asumir esa posición, pero a su vez está infringiendo un deber: “la responsabilidad de tomar una decisión”. En este punto, al ser la toma de decisión una responsabilidad compartida por las personas que en consenso han asumido una moral pública, el acto de “no actuar” se torna ético al influir en el ejercicio de la toma de decisión, la cual es “responsabilidad” de la persona que decide.

A todas estas, tal cual lo expresa Gómez: “Decidir, en cambio, no es fácil, nada fácil; el Ser Humano se define como tal en la esfera del Decidir, esto es en la esfera de la Ética. Tomar decisiones nos compromete, nos obliga a asumir responsabilidades…” La Ética no debe ser resuelto “racionalmente”, porque el asunto es un debe ser moral, motivado por la influencia de esa moral general por todos aceptada, y no por la razón, puesto que ésta lejos de presentar los hechos morales tal cual son, los pervierte y contamina, orientándose los estímulos y respuestas hacia aspectos fuera del contexto real al que se aspira responder.



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Ramón Eduardo Azócar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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