El dólar negro: Autoestafa continuada

Es preocupante nuestra actual situación económica. El gobierno y todos los cuadros de dirección de la Revolución desde hace rato nos hablan de una Guerra Económica y ciertamente ésta es real: la padecemos día a día hasta cuando compramos una cajetilla de fósforos. No soy experto en economía ni pretendo serlo, simplemente analizo desde diversas perspectivas una situación que sin ánimo de ser ave de mal agüero nos lleva por un sendero muy oscuro. Todos los venezolanos hemos sido víctimas propiciatorias de algo que bien podría tipificarse como un crimen de lesa humanidad: nos están intentando matar de hambre lentamente.

Eso no es un cuento. Es una realidad. Si toda guerra implica la confrontación de dos bandos y en medio de ellos un grueso de seres humanos “inocentes y ajenos al conflicto”, al final habrán vencidos y vencedores... y daños colaterales. A mí en lo particular me preocupan los daños colaterales, porque en una guerra todos pierden. Lo más doloroso es que ni el gobierno procura darle un final al conflicto, ni el otro bando, empresarios, burgueses, capitalistas ni comerciantes dan su brazo a torcer, al contrario, ante las amenazas del gobierno por eliminarles sus prebendas económicas, éstos optan por generar escenarios donde incluso ellos salen perdiendo: paros patronales, cierres de empresas y negocios, migración de capitales, especulación, contrabando, acaparamiento.

La consecuencia inmediata es obvia: escasez, falta de producción, altos precios, inflación. Esta última palabra es casi desconocida para la mayoría de los venezolanos en cuanto a su significado pero es lo que más estigmatiza el bolsillo de todo el mundo. La inflación es el sub-producto más dañino de una economía enferma, se parece a la palabra inflamación, que en una enfermedad genera la sensación patológica de algo peligroso. Ahora bien, al gobierno le preocupa el daño “colateral” que pueda causar la inflación y trata de controlarla, al otro bando parece importarle un pepino pelado y procura más bien inducirla, sospecho que la razón es elemental: de ello obtiene ganancia.

Ahora hablemos del culpable de todas nuestras desgracias, de todos por igual. No importa cuán rico o pobre seamos, igual nos hace daño como un cáncer: el dólar, en todas sus formas de adjudicación o adquisición según sea el caso, pero sobre todo ese mal llamado dólar negro o paralelo. No se por qué peregrina razón los expertos en economía no nos dicen que ese tan anhelado dólar es un mero instrumento de saqueo continuo y permanente. Para nadie debería ser un secreto (y menos para el gobierno) que los dólares que recibe la nación son un papel sin valor, convertidos en “divisas” a cambio de nuestras riquezas naturales, adquieren un valor ficticio o relativo. El valor que adquiere entonces depende de qué podemos hacer con él. Los empresarios dejaron de producir por dos razones básicas: 1.- para ellos es más viable financieramente comprar un producto en el exterior con un dólar “barato” que producirlo con esfuerzo propio. 2.- el dólar en sí mismo es un mecanismo de enriquecerse sin producir nada. El gobierno ha sido pusilánime por no decir otra cosa ante la evidente perversión del uso indiscriminado de dólares para dañar nuestra propia moneda. Cuando vamos a la tienda a comprar un electrodoméstico (importado, por supuesto) el típico comerciante nos dice que el alto precio de tal aparato se debe a que lo importó con “dólar negro”. Esto quizá sea cierto, pero sólo por decir o insinuar tal aberración debería ir preso. Así de simple. Si el Estado es el garante del manejo de las divisas en dólares y fijar su tasa de cambio en moneda local, entonces nadie está facultado para ponerle un precio distinto. ¿De dónde o cómo obtuvo el comerciante tales dólares negros? ¿Si eran suyos, los declaró al fisco? ¿Acaso el uso de divisas de dudosa procedencia no es un ilícito cambiario? ¿Por qué el gobierno no actúa drásticamente y corrige tal entuerto? en el entendido que ser drástico es aplicar todo el peso de las leyes. Todas estas preguntas se las hace cualquiera que vaya a comprar un aire acondicionado que el año pasado costaba bs 10.000 y hoy cuesta bs 60.000.

Hablemos claro, en ese terreno la Guerra Económica esta perdida para el gobierno, y para el empresario o comerciante o burgués o capitalista también. Porque de todo eso sólo quedan ruinas y cenizas, vapores de la fantasía. ¿Dónde queda la riqueza? Si al final le estamos devolviendo al “imperio mismo” sus cochinos dólares valorizados previamente por nuestro insaciable consumismo de productos de “primera”, la Reserva Federal sólo tiene que imprimir tantos billetes verdes como necesitemos a cambio de nuestras riquezas naturales. Tremendo negocio. No hace falta ser muy creativo para hacerse rico, sólo hace falta obtener dólares, al precio que sea, no importa, el pueblo paga.

Todo esto no es más que una AUTOESTAFA, se estafa a sí mismo el gobierno cuando cambia nuestras riquezas por una moneda sin valor nominal, se estafan los empresarios, comerciantes, burgueses y capitalistas cuando dejan de producir para convertir los dólares en mercancía, se estafan los imbéciles que usan sus cupos en esa divisa para comprar productos en el exterior y revenderlos en el mercado local con precios referenciales al dólar negro, igual lo que vaya a comprar (que no produce y “necesite”) lo va a pagar a ese valor referencial.

Así no se va a acabar la corrupción. Sólo el año pasado se “evaporaron” 20 mil millones de esos billetes verdes. Casi seguro estoy que ese dinero está a dispocisión del que quiera y pueda pagarlo en el mercado “paralelo”. Así no se va a acabar el alto índice de criminalidad. Al contrario, es causa directa de su alarmante crecimiento, el obtener dinero fácil es razón más que suficiente para que cualquier delincuente procure perpetrar algún delito para obtenerlo. Se pierden los valores, y con ellos, nuestro futuro. La realidad nos acusa fríamente, dejemos de ser indolentes y empecemos a reflexionar con criterios objetivos y concretos, apartemos el discurso político de confrontación y abramos los ojos, estamos al borde de un abismo insondable, y en ese agujero negro vamos a caer todos, sin excepción.

Al gobierno le digo: dejen de repartir indiscriminadamente los dólares, úsenlos para generar riquezas y bienes tangibles que procuren bienestar social, inviértanlos en infraestructura industrial, vial, aguas abajo, incentiven a los venezolanos a ser productivos, creativos, no dependientes, un espíritu independiente no se subyuga ante ningún imperio por poderoso que sea.

A los empresarios les digo: dejen de ser parásitos de su propio sistema económico, usen su capacidad y conocimientos para convertir nuestras riquezas naturales en productos “Hecho en Venezuela”, no vendan la patria y la soberanía por “30 monedas de plata”, así como terminó Judas pueden terminar ustedes (a Judas nadie lo mató, el solito se fue a guindar de la mata, por si acaso), aún hay tiempo en dar el paso necesario para que todos caminemos por la senda del consenso. Dejen de pensar como políticos y asuman que son empresarios y piensen como empresarios.

A todos los venezolanos, sin distingo de clase, ni ideología política, les digo: no esperemos una catástrofe como la del terremoto de 1810 para unirnos en una sola causa, asumamos la letra de nuestra hermosa Carta Magna y las leyes que de ella se derivan y hagámoslas cumplir, sólo así podremos ser los protagonistas de la patria que soñamos, apartemos el individualismo que nos divide y nos aleja del ser social, la desunión fue la causa principal de la pérdida de las repúblicas anteriores a esta, la principal y suprema Misión que debemos atender es la de alzar nuestra voz y gritar con brío ¡abajo cadenas! y juntos romper el yugo que nos oprime y nos quiere vencidos y sin esperanzas. Nadie podrá vencernos si unimos con lazos de acero nuestros mejores sueños, mirémonos las manos: en ellas están las claves de nuestro mejor futuro, con ellas podemos construir un mejor país donde caben todos. A TRABAJAR JUNTOS!!!!!

VIVA VENEZUELA, HERMANOS MÍOS...!!!!!!!!

matatigre68@gmail.com



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Fidel J. Rodriguez


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