¡Amores que no mueren matan!

Suena contradictorio que el amor, el sentimiento más profundo, sublime…en alguna de sus manifestaciones: eros, amor y atracción sexual que incluye pasión; fhileo, amor fraternal, amistad, con reciprocidad; storgué, amor entre padres, hijos y hermanos; ágape, amor incondicional y que se le atribuye a Dios, pueda hacer daño a nada ni a nadie, pero, es bien cierto que sí hay amores que dañan, perjudican, que hasta pueden llegar a ser eternos y pueden matar. Bien lo dijeron Juanga y Joaquín: “amor eterno, e inolvidable…”. Y, “Porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren”.

Uno, es “el amor al dinero, que, según la Escritura, es la raíz de todos los males”. No es el dinero en sí, es el amor desenfrenado y enfermizo al dinero. El otro, es el amor de los venezolanos por Colombia. Amor, que, han manifestado y demostrado, Bolívar, Chávez, Maduro, funcionarios venezolanos inspirados por el Comandante y por todo aquel que, para bien o para mal, saca provecho del sentimiento hacia esa tierra.

Bolívar, la amó tanto que, a pesar de haber sufrido excesivamente por ella, traiciones, atentados, celos, divisiones, intrigas, murió en sus brazos. Igual, el Comandante Eterno, con todo y recibir tantas decepciones, también murió amándola. Maduro, que también la ama, ha recibido lo suyo, en el poco tiempo que lleva al frente del Estado. Funcionarios bolivarianos, fieles al legado del Libertador y del Gigante, hacen de tripas corazones a fin de mantener estables las relaciones con la hermanita espinosita de Latinoamérica. Y, por último, todo aquel, que por encima del carajo desangra a Venezuela sin importarle las consecuencias. Consecuencias que han llegado a su máxima expresión últimamente: contrabando de extracción; desabastecimiento; escases; inflación; secuestros; paramilitarismo; sicariato; narcotráfico, lavado de dinero...producto de esos amores enfermizos y que afecta tanto a nuestra bondadosa y manoseada patria.

Según datos, más de 4 millones de colombianos conviven legalmente en Venezuela, sin contar los ilegales (?), y, cerca de 1 millón y medio (?), enviaban a su amada cerca de 450 millones de dólares anuales en remesas (?), medida que fue restringida recientemente. Actualmente solo pueden enviar 166 dólares mensuales, aparte de bienes y alimentos que también envían aunado al contrabando de extracción de todo lo que se produce, importa y hasta se subsidia para el consumo de los venezolanos y de todo aquel que resida en el país. “Cerca del 40 por ciento de los alimentos son vendidos por mafias de contrabandistas en Colombia”, afirma el presidente Maduro. 60 mil barriles de gasolina salen diariamente sumado al bachaqueo multiétnico que de poco o mucho también hace su roncha.

Recientemente, Gustavo Márquez, experto en comercio internacional aseguró que: “tenemos una economía ilícita en la frontera que maneja volúmenes mayores que la lícita que nos está afectando a todos, no solo desde el punto de vista del consumo final, sino en la producción, que para comenzar a resolver el problema de la frontera con Colombia, deben reconocer en todo su espectro las distorsiones y desequilibrios económicos que existen en esa región de ambos países”. El Gobierno ha tomado medidas, pero, la depredación persiste ante la irresponsabilidad del gobierno colombiano y el consentimiento de este lado.

¡Ah! Y, para colmo, los males de amor, mutan, se adaptan a tiempo y espacio, esto quedó demostrado recientemente en un extraordinario trabajo de la colega, Daniela Romero, publicado en Panorama, titulado”Así se fuga El Billete”. “El denominado bachaqueo ha desprendido otra arista a la que también le han buscado la vuelta para obtener ganancias: venezolanos llevan billetes de alta denominación a Colombia y venden el efectivo para ganarse una comisión de 40 bolívares por cada cien. Colombianos los adquieren para venir a comprar en Venezuela”. Otros, piensan que es para lavar dinero. En Maicao y Cúcuta es común ver los cambistas hacer cual agencias bancarias transferencias libremente.

¡Ey! Se deben tomar medidas drásticas ante semejantes problemas, cuidando por su puesto, las relaciones, la integración y ponerle el ojo al asunto migratorio. Creo, que ya basta de seguir manteniendo económicamente a la amada hermanita convertida en carga muy pesada perjudicando a la nuestra en gran manera, “Lo que nada nos cuesta, hagámoslo fiesta, dice el refrán.

Dos hermanas con ideologías y gobiernos diferentes pueden convivir en amor y paz, con respeto, cooperarando, pero, sin aprovecharse descaradamente de la buena voluntad de la otra. ¡Se nos va la Patria, carajo! Nuestra identidad peligra imitando culturas ajenas, nos saquean, disfrutamos solo las migajas de lo que por ley nos pertenece, producto del descuido de siempre en las fronteras, y de algunas políticas internas y externas erradas, maniflojas y consentidoras.



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Elmer Montero

Licenciado en Comunicación Social,locutor,productor radial,escritor,compositor,músico,poeta.

 elmersanto@hotmail.com      @elmersanto

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