La decrepita y la corrupción

Sacaremos de sus madrigueras
a todas aquellas piltrafas
que, usando los colores de la Revolución,
andan metidos hasta los tuétanos
en actos de corrupción.

Nicolás Maduro Moros

La corrupción es un cuerpo decrepito inundado de arrugas que desprende los más fétidos olores. Su asqueroso cuello es la gruta donde van morir las ilusiones de un país diferente: esa patria por la que entregó su vida nuestro Comandante Supremo. La corrupción es la repugnante baba con que intenta perfumarse, ese vejestorio ambulante que día a día multiplica las formas del fascismo y hace de su miserable existencia, la nauseabunda voluntad que legitima cualquier forma de la paralegalidad. La corrupción es ese cadáver ambulante y cuarto republicano con ínfulas de aristócrata que impone a sangre y fuego todo el arsenal corporativo propias del capitalismo cultural. Ese deforme esperpento que, como no puede con su conciencia, tiene darle su elegante y distinguido maletín a alguno de los coprófagos de turno. La corrupción es el santo y seña de ese infame MAFIOSO que se ha enconchado en la administración pública para desfalcar el dinero del pueblo y hacer de cada institución un vulgar centro comercial.

La corrupción es esa mácula imborrable que llevarán consigo eternamente esas lacras, cuya (sempiterna) maldición habitará todo el dinero que sean robado. La corrupción es la denigrante actuación del ilustre académico que cierra los ojos y se aferra a su cuchitril, mientras el MAFIOSO lo deja deambular como un demente por los rincones donde corta y pega los refritos de su magnánima erudición. La corrupción es ver a los rastreros de siempre ingeniándose nuevas formas para delinquir sin que nada les pase. La corrupción es la propalación de los antivalores que hacen de un LADRÓN DE OFICINA un héroe. La corrupción es una de las formas más expeditas para tratar de aniquilar el ejemplo de nuestro Comandante Supremo, porque un corrupto es un traidor a su legado. La corrupción es la despreciable estética fundada y difundida por la narco novela que, como mercancía mass media, termina imponiendo la cultura de la prepago: ese abominable escupitajo salido de los guiones de la tele basura; de las que son hijastras, pues su lánguidos cuerpos, sus cerebros llenos de aserrín y su sempiterno sueño de vivir en los mayamis, las hace soñar eternamente con la “fama” que nunca alcanzarán. La corrupción es quedarse sentando frente al computador mientras los facistoides aplastan a todo el mundo, menos a mí. La corrupción es hinchar facturas, es inventarse reparaciones, es llegar a la hora que me da la gana porque soy el jefe y los demás se callan. La corrupción es cuadrarse con el MAFIOSO para inventar COOPERATIVAS CHIMBAS, las mismas que se pagan y se dan el vuelto y son convertidas en verdaderas máquinas de hacer plata, lo que le permite al socio del LADRÓN pavonearse y creerse intocable. La corrupción es la asquerosa voluntad que pretende devolvernos a la podredumbre de la época adeco-copeyana.

La corrupción es el servilismo inyectado por el capitalismo cultural, el cual genera las condiciones óptimas para “la institucionalización de la división del trabajo, la formación de las clases privilegiadas, el abuso descarado de una minoría que, para beneficio personal, ha pactado con el patrón [...] Todo esto sucede ya que lo sagrado ha justificado el ordenamiento cósmico y ontológico que corresponde a los interés del AMO (Debord, 25:1967). Lo que, a lo largo del saqueo administrativo, va a garantizar que la camarilla de lacras nunca sienta temor por lo que les pueda pasar, ya que el impulso aberrante de la LEY IMPUESTA POR EL MAFIOSO, ha decretado la impunidad en todos los sentidos.

La corrupción es la inmunda condición social de la cual jamás podrán librarse las pirañas administrativas sobre todo cuando el grito seco, rotundo y contundente, lanzado desde cualquier esquina, les recuerde que: ¡ÉSE QUE VA AHÍ, ES UNO DE LOS LADRONES!

¡CHÁVEZ VIVE!
¡LA LUCHA SIGUE!



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Isaías Cañizalez Angel

Poeta y comunicador de calle, registrado con el número 14880, del Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información (SIBCI). Premio Nacional de Poesía Fernando Paz Castillo (2010). Premio Municipal de Poesía (Trujillo 2003). También es autor de Ceremonia de lo adverso, Las buenas Razones, Cuaderno Palestino, La Tierra & El Fuego y de Otoño en Pekín: Crónicas de otro viaje. Es Magíster en Estudios Culturales de la U-ARCIS de Santiago de Chile.

 i.canizalez@hotmail.com

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