Hugo Rafael

¡A 8 meses de tu Viaje,
el Pueblo que tanto amaste
sigue, a brazo partido, batallando!

Cuando Chávez no era Chávez, era Hugo Rafael. Un joven cuya vida, signada principalmente por una gran cantidad de dificultades y carencias económicas, hemos ido conociendo en la misma medida en que la grandeza del pensamiento y la obra de Chávez trasciende más allá de las mezquindades y las miseras mediáticas. Esta aseveración, que parece una de perogrullo, no es tal, si nos detenemos en dos textos que ahora mismo me sirven como soporte. Me refiero a los Cuentos del arañero; y, Chávez: mi primera vida (entrevista realizada por Ignacio Ramonet). En el primer caso, como ya sabemos, se ha editado el amplio y diverso caudal de historias, anécdotas, reflexiones, comentarios que él hizo cada domingo o cada vez que tomaba la palabra para estremecernos, para hacernos reír o para producir aquellas reflexiones en las que siempre nos sumergió. El segundo es una extensa entrevista donde encontramos un incontable número de relatos muy personales e intensos que, en muchos casos, nos corta el aliento.

Los Cuentos del arañero los leí, por primera vez, durante las catorce horas de cola que hice para poder despedirme de él. El segundo texto me lo ha comentado y dictado diariamente mi esposa, quien busca cualquier escapadita posible para meterse en la particular manera que tenía Chávez para recordarnos de dónde venía y hacía dónde iba. No pretendo hacer un esbozo de ambos libros. Eso no tiene sentido. Primero quiero invitarlos a que lean ambos textos. Van a sorprenderse con la gran cantidad de cosas que allí encontrarán. Impresiona cómo Hugo Rafael, el primer Chávez, pasó por una inmensa cantidad de vicisitudes y dificultades que perfectamente hubieran moldeado su carácter y su visión del mundo desde otra perspectiva. Es decir, cuando uno se entera de los innumerables inconvenientes que Hugo Rafael vivió y que no solo son inherentes a carencias materiales sino incluso a muchas vejaciones, humillaciones e impotencia pues él vio y vivió un país que estaba detenido, paralizado o, peor aún, dando vueltas sobre sí mismo... Entonces, luego de enterarse uno de lo que le tocó vivir a Hugo Rafael, surge de inmediato la pregunta: ¿y si en lugar de ser revolucionario que fue, ese muchacho hubiese convertido toda esa rabia en odio reaccionario?. ¿Se imaginan ustedes eso?. De haber sido así, la historia de Chávez y la nuestra seguramente hubiese sido otra.

En el mundo al revés, en el que nos ha tocado vivir, un giro histórico de esa magnitud hubiese significado una vuelta de tuerca de inconmensurables dimensiones. Si Chávez hubiese sido un reaccionario, sin duda, que sería un héroe para los poderes fácticos, económicos y terrenales. Los medios, esas meretrices empresariales de la in-comunicación, lo considerarían un caballero de la democracia. Para los gringos sería una suerte de dandy suramericano. A nadie se le ocurriría tocarlo ni con el pétalo de una rosa. Si en lugar de apoyar, como siempre hizo, a la causa Palestina, hubiese sido uno de esos inmorales que cierra los ojos ante las matanzas que lleva a cabo Israel, quizás, una estatua suya estaría erigida en pleno centro de New York, cerquita de Wall Street. Las celebridades más frívolas de nuestro país y las de afuera, lo elevarían a la categoría de Superstar. Bajo ninguna circunstancia las cadenas de televisión lo hubiesen tratado como lo hacían y, menos aún, se hubiesen atrevido a vilipendiarlo como lo hicieron por tantos años. En un mundo tan particularmente ¿extraño? como el nuestro, vemos a genocidas como Bush, Netanyahu o la versión andino-caribeña: el Uribe Vélez, caminando tan tranquilos por ahí... De hecho nos deja impávidos ver cómo esos “poderes” que tanto agredieron y agreden al Comandante Chávez, terminan siendo parte de todo ese funesto circo donde la maldad parece no conocer límites.

Si Hugo Rafael hubiese tomado el camino de la revancha social, como soporte de su conciencia ideológica, les garantizo que no solo estaría vivo sino que nos hubiera gobernado por cualquier cantidad de años sin que nadie chistara y sin que a nadie se le ocurriera decir que vivíamos en un régimen dictatorial. Todo lo contrario, Chávez estaría sanito y ninguna enfermedad lo acecharía. Hubiese muerto sereno y tranquilo en alguna gran finca del llano venezolano rodeado por una parranda de franquistas, pinochetistas, videlistas, stroneristas (que, al fin y al cabo, son la misma vaina en todas partes); y en grandes titulares, veríamos a esa ignominiosa prensa internacional, hablando de lo grande que fue Chávez para la siempre inhumana economía mundial. Pero, resulta que eso no sucede cuando abandonas la idea de ser un tipo que se conforma con alcanzar solo sus logros personales. Las grandes proezas que cambiaron y cambiarán al mundo, no las realizan ni las realizarán jamás los lame piso, los pasaláminas, los pusilánimes ni mucho menos lo carga-bandejas que, para garantizar su quince y último, perpetuán las infames relaciones corporativas del capitalismo cultural.

No, esas transformaciones las alcanzan esos seres prístinos, únicos que son capaces de ir a contra corriente, no por capricho, sino porque están plenamente conscientes de que las injusticias se combaten. Un verdadero revolucionario no agacha la cabeza ni se hace el loco, cuando sabe que ahí, cerquita de donde está él, desfalcan descaradamente el patrimonio de su patria. Los relatos contados por Chávez dan fe de lo que vivió Hugo Rafael y refrescan fielmente lo que muchos de nosotros vivimos a diario. Pero, lo más curioso es que Hugo Rafael no llenó su corazón de odio ni convirtió sus necesidades en excusa para erigirse como parte de la inmundicia que nos gobernaba para ese momento. Todo lo contrario cada una de esas dificultades le permitieron hacerse de una sensibilidad como pocas. La maldad o la soberbia jamás signaron sus días. Los que te amamos sin vacilación alguna, no tenemos ninguna duda sobre eso. Esto no suele ser el común denominador entre los seres humanos. Sé que Hugo Rafael nunca bebió de esos brebajes de la insolencia y por eso fue CHÁVEZ!.

Considero de suma importancia recordar a Chávez desde los inicios de aquel muchacho llamado Hugo Rafael y no a la inversa, ya que si pensamos a Chávez solo desde Chávez, nos perdemos de todo el camino recorrido y estaríamos lejos de entender por qué este hombre se convirtió en el extraordinario estratega político capaz de convertir lo que parecía una derrota, en una tremenda victoria. Es vital para la Revolución que, cuando las cosas se pongan más difíciles, traigamos a nuestra mente a ese capitán que pisó por primera vez Miraflores, una tarde en que los “generales de la cuarta” lo mandaron a llevar una caja de whisky. El que andaba en un carrito destartalado tratando de sobrevivir a una época en la que inocencia e ignorancia parecían un mismo destino. Un destino impuesto y celebrado por las castas que siempre nos vieron como seres inferiores a los que nunca les dolió todo el arsenal de pobreza al que nos tenían sometidos: Esos hijastros de la pseudo cultura académica que siempre han visto al venezolano(a) de a pie con mucho asco.

No tengo que insistir mucho en este asunto, pues para eso existen una gran cantidad de datos de toda índole que sostienen esta afirmación, muchos de ellos ofrecidos por el mismo Chávez. Lo que sí considero vital para seguir en esta dura batalla, es que no perdamos de vista a Hugo Rafael porque en él se concentra gran parte de lo que ahora estamos viviendo. Me explico mejor: cuando estemos en la cola de algún producto (de los que han escondido los desgraciados de la ultraderecha), no pensemos que esa situación representa una derrota. Sé que muchos (as) camaradas sienten rabia cuando tienen que hacer esas interminables filas que son como una penitencia y que a la vez son explotadas (mediáticamente) por quienes han servido como instrumento de ese vil aparataje. Cuando, por la razón que sea, nos toca ver cómo una parranda de ratas roban en cualquier institución del Estado. No desmayemos...

Tengo plena conciencia de que nos produce mucha indignación ver a esos infames mafiosos haciéndose ricos a costas de la Revolución. No puedo pasar por alto el hecho rotundo y contundente de que muchas alimañas están enquistados cobrando comisiones, alterando e hinchando facturas, comprando cosas innecesarias, rompiendo aquí para sacar más plata; incluso, sería poco honesto no decir (escribir) que, a veces, uno siente que los malditos ladrones seguirán robando sin que nadie les dé un parao y esto nos vienen a la cabeza, cuando sabemos que cuentan con el amparo y la protección de pseudos socialistas: esos insultantes cadáveres exquisitos que se pavonean con sus modos burgueses. Todos estamos hartos de que esos “adecos de la quinta” no restrieguen sus comportamientos corporativos y palurda cultura proyanki; pero, es ahí, camaradas, es donde tenemos que pensar en Hugo Rafael, quien también pasó por cosas similares y seguramente también se encabronó, pero debemos recordar que él utilizó todo esa furia para darle paso al Gigante Chávez.

También es vital que esto lo traslademos hacia el presidente Nicolás Maduro. No podemos pensarlo desde la mera comparación de carácter histórico con respecto a Chávez. No, eso es un error. Maduro primero fue Nicolás, y Nicolás no tenía en su cabeza la idea de ser presidente. Fueron las inesperadas circunstancias las que determinaron ese otro destino para él. Que Nicolás se equivoca, pues sí. Que a veces, en el discurso sobre la marcha, comete alguna falla, pues sí. ¿Cuál es problema? Si nosotros lo hacemos a diario y muchas más veces de lo que creemos. A Chávez lo hicimos entre todos (as), incluido los que porfiadamente solo supieron odiarlo. Por eso nos repetía “Yo ya no soy Chávez”. ¡Y no se trataba solo de una consigna!. Era el filo ardiente de la posteridad alumbrado sobre las tinieblas. En mi caso personal, cuando la gente empieza con su cantaleta de: “no se meta en problemas” “déjelos que roben...” “no se meta en esas vainas” “piense en sus hijas” “cuidao lo joden por ahí” “mire que un sicario a penas cobra 50 palos..” “se va a quedar sin trabajo”... Precisamente en esos momentos es cuando más pienso en Hugo Rafael y en las historias del arañero de Sabaneta sumado a lo que día a día, comento con mi esposa acerca del libro de Ramonet y es ahí donde mi espíritu recobra fuerzas para seguir en la lucha!

Hugo Rafael dio paso a Chávez, el Gigante; pero no sin antes bautizarlo en el fuego sagrado que siempre soñó con una patria más digna para todos (as).


¡CHÁVEZ VIVE.
LA LUCHA SIGUE Y SIGUE!


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Isaías Cañizalez Angel

Poeta y comunicador de calle, registrado con el número 14880, del Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información (SIBCI). Premio Nacional de Poesía Fernando Paz Castillo (2010). Premio Municipal de Poesía (Trujillo 2003). También es autor de Ceremonia de lo adverso, Las buenas Razones, Cuaderno Palestino, La Tierra & El Fuego y de Otoño en Pekín: Crónicas de otro viaje. Es Magíster en Estudios Culturales de la U-ARCIS de Santiago de Chile.

 i.canizalez@hotmail.com

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