El fenómeno Chávez

EL COMANDANTE CHÁVEZ: Cuando sobrevino la insurrección militar del 4 de febrero de 1992, la parte siguiente de su historia se confunde con la de Venezuela, unas veces fue alejado, y otras veces se encontró en la cúspide de los honores. Así se completó una primera evolución política, él, que no había sido más que uno de los principales jefes de la insurrección militar del 4F92. Al comienzo del proceso electoral de 1998 no tenía gran aceptación para los medios de comunicación mediáticos y las castas burguesas, ni para la oligarquía, ese hombre pardo y verruga en la frente, hombre procedente de los estratos pobres del pueblo sin bienes de fortuna que, contrastaba con la prestancia de una Irene Sáez, Salas Roomer o el caudillo Alfaro Ucero; pero esta falta de “prestancia” no le impidió hacer una campaña extremadamente brillante. Con el triunfo electoral de 1998, se completa una primera evolución de su liderazgo, lo cual es causa de la separación de sus compañeros de la sublevación militar contra el gobierno puntofijista, con ese distanciamiento, pasó a ser el jefe político supremo del MVR y Presidente de Venezuela. El comandante Chávez no tardó en transformarse en maestro conductor del pueblo y del Proceso Bolivariano.


Pues si Chávez es prudente en sus decisiones, las sabe mantener después con una voluntad y, aun, una obstinación que constituye uno de los rasgos salientes de su carácter. Posee sin duda cualidades excepcionales, una inteligencia real, una profunda astucia, que hacen de él un líder político tanto y más que un militar. Sabe disimular perfectamente su pensamiento. Es tranquilo, y sabe aprovechar perfectamente las ocasiones que se le ofrecen. Muchos azares afortunados intervinieron en la vida del comandante Chávez. Su ingreso en el ejército, la insurrección del 4 de febrero, “el famoso Por Ahora”, la prisión en la cárcel de Yare con lo que se aglutinaron grandes factores políticos en su entorno, son otros tantos elementos que explican la gran confianza en sí mismo que los observadores están de acuerdo en reconocerle. Pero Hugo Chávez es también un hombre sumamente católico. Su educación militar, las influencias ejercidas sobre él por un medio familiar social, cristiano y democrático, su respeto y amor por el pueblo pobre lo alejaron ciertamente de la burguesía y de un militarismo propiamente dicho. Chávez es un hombre respetuoso de los derechos del pueblo. El lugar al que lo llevó su brillante carrera política, con la que fue llevado por las masas de votantes a ocupar la primera magistratura de la Nación, los qué, le inculcaron la idea de salvar a Venezuela de las garras de la oligarquía, del atraso, de la anarquía, de la exclusión, de la miseria y de la corrupción adeco-copeyana en todas sus formas.

Realista, en principio, no obstante, no cree en la posibilidad de restablecer inmediatamente la revolución socialista en su forma tradicional, pues impactaría y dividiría a muchos de los grupos políticos que lo apoyaron, entre ellos, a los entonces partidarios del partido V república. Fue igualmente realista cuando rechazó todo compromiso con la vieja izquierda “muy democrática y trasnochada”, pues el abismo abierto entre los dos pensamientos no podía salvarse mediante una simple negociación. Comprendió también que, la oposición a su Gobierno montada por la burguesía y otros grupos políticos de derecha, que esa suma de fuerzas contrarias sólo puede ser vencida por un factor decisivo: el tiempo. La historia se desenvuelve en función del tiempo. Todas las innovaciones, si son justas, triunfan, pero no antes ni después del tiempo necesario para su maduración natural. Los pueblos, si tienen conciencia histórica de su época, miran con serenidad lo que vendrá. Es necesario que todos nos demos cuenta de que nadie acudirá en nuestra ayuda, si no somos nosotros mismos. No mejoraremos nuestra suerte mientras no nos sintamos solidarios, en tanto no formemos una sola familia, una sola Nación. Estrechamente ligados por el mismo deseo… el combatir por nuestros derechos y la justicia en socialismo.

Pero motivado por esta confrontación de ideas, el comandante Chávez tuvo que resolver las contradicciones profundas que dividían a las fuerzas políticas sobre las que se apoyaba. Para que su autoridad no fuese puramente nominal, tuvo que conciliar las tendencias conservadoras de los grupos burgueses, que querían evitar la renovación total del Estado. Para hacer esto disponía de un medio: la creación del PSUV partido, del que será el jefe indisputado. Urge ya acometer la gran tarea de la unión, cristalizando en el Estado socialista el pensamiento y el estilo de nuestra Revolución. La tarea es difícil, los grupos burgueses tenían y tienen una sólida organización económica. Las divisiones en los partidos puntofijistas que se habían borrado en la acción y el papel preponderante en la insurrección le permitieron absorber a gran parte de las fuerzas de las organizaciones populares. Por lo demás, los grupos políticos a los que se enfrentaba no eran los únicos que representaban un papel, el gran enemigo a vencer es la oligarquía y el imperialismo. Chávez supo utilizar su liderazgo, colocando en primera fila, a las organizaciones populares conformadas por el pueblo.

El principio del partido socialista y las reformas que Chávez proponía fueron aceptadas desde hacia tiempo por el pueblo venezolano. Su aplicación fue retardada, primero por el deseo de Chávez de obtener el consentimiento de todos a través de la consulta popular. Se trataba de no forzar la opinión. Lo más fácil fue obtener la disolución del partido V República, que, por lo demás, había perdido enormemente su influencia por estar amarrado al sistema de los antiguos partidos IV republicanos. Aparece así la idea profunda, la voluntad de crear no solamente un verdadero partido, es decir, una organización política utilizable para apoyar al gobierno, sino una hermandad, una sociedad solidaria y fraternal, tal como el pueblo venezolana podía suscitarla. La organización del PSUV le dio un medio de control y de acción sobre todas las actividades, y sobre el control de su militancia. Era el paso decisivo hacia la realización del nuevo Estado venezolano, de estructura socialista. Posteriormente, se produjeron dos hechos importantes, que contribuyeron a reforzar más la posición de Chávez: el primero fue la victoria alcanzada con la enmienda a la Constitución, y el segundo la escogencia de los delegados del partido socialista.

Los antiguos partidos Acióndemocratica y Copey prácticamente desaparecieron, igual le sucedió al MAS, la Causa R y otros, estos partidos políticos gastan sus mejores energías en la lucha por el predominio: al obrar así sus jefes traicionan a las masas de sus adeptos que se mueven a impulsos de los más puros ideales. Sus divisiones se habían borrado en la acción y el papel preponderante desempeñado en la insurrección militar le permitió absorber a gran parte de las fuerzas de los partidos tradicionales puntofijistas, pero las discordias dentro de estas organizaciones resucitaron la vieja intriga política y ponen en trance de descomposición organizaciones y fuerzas, con la desbandada de estos partidos se formaron otros grupúsculos a su imagen y semejanza. Volver a ligar el presente con el pasado, resucitar “la gloria de acióndemocratica y copey en forma nueva”, tal es la tarea de estos grupúsculos, por lo menos en lo inmediato.

La burguesía trata de tentarlo, tratan de tocarlo, dicen, este militar, no es diferente a los demás, “les gusta la buena vida, caña, cuca y real”. Con dos o tres vueltas lo mareamos y encerramos. ¿No les parece? La debilidad de estos militares provincianos está en su afán de disfrutar lo bueno y de sentirse parte de nosotros. No conocen aquel viejo refrán que dice: indio que se sube de grupo se malea. Chávez les echa una mirada de recelo. Estas castas nunca se identificaron como gentes de grandes gestos como ellos se manifiestan. Jamás en mi vida había oído hablar a nadie con tanto descaro. Se les ve en las trazas, en los modales, en la dicción, donde introducen con gracia un chascarrillo criollo de buen gusto, que los caraqueños llaman chispa. Son chistosos. Sobre todo, tratan de adular sin ponerse en “evidencia”. Una gente así no puede ser buena, pensó para sí y siguió observándolos, sin entender la mitad de las palabras que decían.

¡No volverán!

Salud Camaradas.

Hasta la Victoria Siempre.

Patria Socialista o Muerte.

¡Venceremos!

manueltaibo@cantv.net


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Manuel Taibo


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