La revolución bolivariana es una expresión más de la resistencia mundial de los pueblos

La Resistencia Popular como práctica concreta

Un año de experiencia trabajando sobre las premisas que comenzaron a dibujarse dentro del Proyecto Nuestra América a comienzos del años pasado nos ha permitido ir organizando un conjunto de principios de acción que pueden ser la base para ir organizando el espacio de acción propio del Movimiento 13 de Abril, y más allá de él, un aporte para la refundación de la organización revolucionaria dentro nuestro país. Estos elementos pasan por comenzar a hacer un glosario de principios políticos y construcciones prácticas sobre las cuales se ha venido caminando. De alguna manera como dicen algunos amigos todo esto ha salido de una subjetividad de lucha en desarrollo pero al mismo tiempo ha terminado fomentándola, convirtiéndose en nuevas premisas y nuevas prácticas de una lucha hacia el porvenir que promete ser muy dura y llena de sorpresas. En este trabajo nos concentraremos particularmente en el tema de la resistencia, su relación con el orden global y particular de lucha, la materialización del principio del pueblo en armas, además de sus implicaciones dentro del espacio organizativo que se viene construyendo.

Resistencia Popular: la resistencia global y prolongada, el principio del pueblo en armas, la rebelión permanente, la formación de las comunidades de vida... Abrimos este concepto con el fin de ir preparando las condiciones teóricas para el desarrollo de un espacio organizativo que desde estos rincones nacionales e inmerso en todo un proceso de transformación revolucionaria, asuma en pleno la tarea de la resistencia global de los pueblos contra el imperio militar, tecnológico, mediático, financiero, institucional, corporativo, cultural, que hoy pretende aplastar por entero a todos los pueblos del mundo. Asumimos por tanto la necesidad de construir un campo orgánico de resistencia atado al principio del “pueblo en armas”, a la “rebelión permanente” que nos ha tocado enfrentar desde aquel febrero del 89, e igualmente comprometido en la formación de verdaderas “comunidades de vida” que conformen el punto de partida para la construcción de una nueva sociedad. “La organización de los comunistas debe prefigurar la sociedad del mañana”, decía el viejo Marx. Resistencia que aún inserta dentro de los procesos insurgentes y constituyentes que se pueda dar dentro de nuestras naciones, seguirá siendo tal en la medida en que no logremos quebrar en sus puntos centrales la lógica monopólica, depredadora y genocida del imperio global del capital. Eso trasciende los límites de nuestro pueblo y de allí la pertinencia que hoy mantiene la visión internacionalista y nuestramericana de la lucha revolucionaria que hemos reivindicado.

La guerra en el mundo de hoy: guerra de cuarta generación, el enfrentamiento de clases dentro de la globalización imperial...Terminada la etapa de la guerra fría y comenzada la era del unilateralismo y el pensamiento único comandado por el imperialismo norteamericano, cambia radicalmente la naturaleza y modalidades del conflicto global. La resistencia y las principales experiencias de lucha de los pueblos, se repliega sobre las periferias (la periferia del propio espacio global como las periferias locales donde son desechados los restos de una clase trabajadora que sirvió a la expansión del capitalismo industrial), diversificando profundamente tanto las formas de lucha como los sujetos y tipos de organización implicados en ella; llegamos entonces a descubrir multitudes excluidas, activando y protagonizando todas las formas de resistencia, al mismo tiempo que enriquecen tremendamente la lucha de las clases trabajadoras. La guerra como confrontación entre los centros imperiales y los pueblos del mundo, en esta etapa adquiere necesariamente la característica de guerras básicamente “asimétricas” (así las definen los imperialistas después de la derrota en Somalia), donde se confronta un imperio tecnológico, cibernético y bélico descomunal reforzado por las corporaciones mediáticas e informáticas, ahora por las transnacionales mercenarias (privatización de la guerra), frente a naciones y pueblos que en muy pocas ocasiones cuentan con los medios de Estado para defenderse ni con fuerzas armadas dispuestas a ello. Se trata de confrontaciones por lo general difusas donde las grandes estructuras militares imperiales repartidas en el mundo al concentrarse en alianzas estratégicas con estados y sectores lacayos de sus intereses, desarrollan guerras de escalas y progresivas que van desde el sitiado político y mediático (Venezuela), el bloqueo económico (Cuba, Irán, Siria), la intervención en guerra de baja intensidad (Colombia) y hasta la guerra de ocupación (Irak, Palestina). La guerra pasa a convertirse en una operación permanente, envolvente y múltiple, en realidad son guerras sin fin activadas en operaciones puntuales de mediatización, control, presencia, ataque puntual o de ocupación, cuyos propósitos se centran en la caotización de todo el viejo sistema de naciones y principios de soberanía y la asunción de un imperio gendarme dueño y señor de todas las dimensiones del orden biosocial (nuestra vida como seres biológicos, nuestra vida como seres sociales y productores de cultura).

Guerra y revolución bolivariana: el conflicto particular, la estrategia continental... La manifestación de esta guerra asimétrica global contra los pueblos del mundo tiene en el caso venezolano un desarrollo particular que merece ser caracterizada. La llegada a la presidencia por parte de Hugo Chávez coincide en el tiempo con un conjunto de manifestaciones mundiales que pondrán a Venezuela en el centro de las nuevas polaridades que surgen desde finales de los años 90. La rebelión de Seattle y de Génova, la extensión de la rebelión zapatista y de los movimientos populares de resistencia en Brasil, Argentina, Ecuador y Bolivia, la agudización del conflicto en el Oriente Medio, pero al mismo tiempo la llegada de George Bush (fracción militarista de la plutocracia norteamericana) a la presidencia de los EEUU y la derechización del cuadro político europeo, hará al menos mucho mas visible y múltiple la confrontación entre periferias y centro al interno del imperio global. Venezuela y la revolución bolivariana de una manera muy procesual irán apareciendo como un punto de peso dentro de esta confrontación. Se necesitará la profundización del proceso a través de la emergencia progresiva de los movimientos populares y la radicalización de las posiciones expresadas por el presidente y medidas de gobierno (finales 2001, comienzos 2002), para que aflore lleno la “herejía venezolana” dentro del orden global y reviente la guerra contra nosotros. Ya a estas alturas, luego de la catástrofe en Irak, Venezuela y todo el eje andino y amazónico empiezan a convertirse en un centro vital para la sobrevivencia a futuro del imperio norteamericano ya sea por sus mercados, por su fuerza de trabajo y sobretodo sus recursos energéticos, hídricos y minerales. Se proyecta por lo tanto un cuadro realmente crítico de confrontación en la medida en que continúe y se profundice la revolución bolivariana, solo condicionado a la posibilidad de la congelación de la revolución a través de un pacto de clases en nuestro país, la derrota del movimiento popular y la hegemonía definitiva de la derecha incrustada dentro del movimiento bolivariano.

Resistencia y globalización: el problema del poder, el problema de la representación, centro y periferia, los modos de resistencia en la revolución bolivariana... En un mundo así cuando hablamos de poder nos damos cuenta que no vale nada el control de las estructuras centrales y descentralizadas del estado y la sociedad civil si antes, o paralelamente, no se producen las condiciones para la constitución de todo un tejido institucional alternativo que quiebre por completo los principios utilitaristas y deshumanizantes de la civilización burguesa y capitalista. Ya sabemos que los centros de poder y particularmente de estado son reaccionarios o muy conservadores por naturaleza. La democracia ahora se recrea desde la base comunitaria y productiva de los pueblos, rompe con los patriarcados políticos representativos, imputando al estado capitalista, la propiedad privada y la división social del trabajo en su conjunto. El nuevo orden como lo hemos probado en Venezuela no nace en el centro del poder sino de las periferias resistentes e insurgentes del mundo social, de los sindicatos clasistas, de los movimientos campesinos, movimientos comunales y de barrios, redes sociales y de profesión, movimientos civiles y culturales, alternativas comunicacionales. Ellas desbordan y violentan el poder constituido, fomentan el control de direcciones políticas revolucionarias e instituciones de estado, la apropiación de las tierras y centros productivos, constituyen nuevas instituciones de base como es el caso de las comunidades autogestionarias y los consejos comunales, las redes de comunicación alternativa, generando de esta manera las bases de un estado de democracia plena bajo el control de las extensas y plurales formas del poder popular. Lucha larga que exige fuertes organizaciones de resistencia, formación, combate, ligadas profundamente a la dinámica diaria de este vasto proceso. Cada región cada pueblo, va encontrando sus propias modalidades de resistencia y de avance de acuerdo a sus experiencias lucha, su sabiduría propia, sus referencias históricas, leyendas y creencias, así como sus propias modalidades de articulación con un sin fin de experiencias a nivel nacional y continental. La irrupción de un nuevo poder sobre este viejo tejido será el único camino de romper la hegemonía del imperio globalizante y sus reproductores nacionales.

Pueblo en armas: La constitución de una nueva subjetividad combatiente, ejército de multitudes, la conquista de la territorialidad liberada... Imposible sin embargo poder acometer estos fines si no se cuenta con una fuerza propia que permita desarrollar una eficiente defensa armada inserta precisamente en esta dinámica de resistencia. Un ejército conformado por las grandes multitudes excluidas del reino de la acumulación de capital y del consumo de bienes, empieza a formarse desde sus mismas necesidades. La dialéctica de confrontación va abriendo redes de inteligencia, comunicaciones, unidades milicianas, redes de movilización, grupos de seguridad, que se integran a partir la formación de comandancias territorialmente localizadas que juegan su máximo papel en la confrontación misma, no tratándose de estructuras autoritarias y de control externo de la iniciativa colectiva e individual sino de maquinarias de liberación que juegan su papel emancipador en los momentos y lugares donde deben jugarlo. La práctica permanente en función de estos objetivos va forjando niveles de disciplina, de solidaridad, de aprendizaje en el uso de las armas de todo orden, en la administración y gestión de recursos, la planificación de la acción colectiva, y sobretodo va consolidando valores y una ética común. Se forma una nueva subjetividad combatiente inserta en la formación de las diversas comunidades de vida: un nuevo venezolano que ya la revolución a empezado a fabricar, adverso completamente a ese ser hundido en su tragedia individual y presto por tanto a utilizar a cualquiera y lo que sea para salir de ella. De esta manera tanto en plano orgánico con en la dimensión subjetiva del “nuevo hombre” que nace se va materializando el principio del pueblo en armas, teniendo como objetivo la formación de este amplio ejército de pueblos y multitudes a través de la complementación de la iniciativa de fuerza con la iniciativa de vida en función de la creación de amplios territorios liberados de las ya inaguantables relaciones de opresión y explotación, de sumisión y autosumisión, a las cuales nos pretendieron acostumbrar.

Dos espacios del pueblo en armas: Ejercito de defensa-ejercito de resistencia, reserva y milicias populares, espacio de formación... La concreción del principio del pueblo en armas parte por lo visto del hecho de que hemos entrado en una situación de guerra que ya empieza a develarse según las escalas de las guerras asimétricas. En ese sentido se nos presenta la necesidad de generar una estrategia de doble dimensión que combine la estrategia de defensa nacional integral, como la ha llamado el presidente, con las luchas concretas que atañen a la resistencia de los pueblos frente al capital. Entendemos que son dos espacios diferenciados que se organizan, el primero, a partir de la propia transformación de la Fuerza Armada Nacional y la formación dentro de ella de una reserva organizada territorialmente, dedicada a la defensa de la nación y el proceso de transformación bolivariano. El segundo, desde la misma organización revolucionaria inserta en la cotidianidad de lucha, dedicada a cubrir el punto de fuerza necesario para garantizar el avance de las dinámicas de resistencia. La confrontación con el imperio por supuesto necesitará abrir mil espacios de combate: además de los propiamente territoriales, otros territorios audiovisuales, informáticos, transversales, productivos, que tienen que seguir desarrollándose y servir a este ejército del pueblo, incluidos los niveles de articulación entre la reserva y organizaciones milicianas, articulación entre el orden de gobierno revolucionario y el nuevo orden popular. Ello supone una práctica formativa constante; una escuela que se multiplique como un verdadero aparato formativo que se valga de todos los conocimientos acumulados por nuestro pueblo, desde las guerras de resistencia indígenas hasta hoy.

Corredores estratégicos de construcción: Las REMI, combinación con los sistemas de movilización, inteligencia, comunicación, combate, el corredor territorial...Lo mas importante para formar este espacio organizativo que combina la defensa con la construcción de verdaderas comunidades de vida, es la dinámica estratégica que vaya generando. Nos toca levantar una nueva sociedad en base a nuestras propias capacidades como pueblo ya que el capitalismo parasitario y rentario que impera en nuestras tierras no nos deja otra alternativa. En el caso concreto de la formación de un ejército de multitudes priva la necesidad de ir generando experiencias muy precisas que combinan la interacción entre lo que hemos denominado las REMI (redes de movilización inmediata) con la formación progresiva de redes de inteligencia y comunicación que aporten los insumos de conocimiento y logística tanto de la acción colectiva constructiva como la formación miliciana de combate. Sin embargo esto no tiene sentido en sí mismo mientras no trascienda el localismo y la dispersión que ha privado dentro de los movimientos populares al menos en los últimos veinte años. La construcción contextual de la organización necesita potenciar las iniciativas de articulación territorial y convertirla en verdaderos corredores de construcción revolucionaria donde se anudan colectivos de trabajo uno con otro hasta convertirse en bloques integrados sobre hilos territoriales que son estratégicos para la lucha popular en una determinada región o ciudad y que a su vez se entrelacen entre sí mismos hasta alcanzar vastos espacios nacionales. Allí se impone, en primer lugar, un conocimiento profundo del espacio y de sus posibilidades de movilidad y utilidad interna, de las infraestructuras productivas, de servicios, comunicativas, etc, y al mismo tiempo de un conocimiento estrecho de las potencialidades que se esconden dentro de la población que allí vive, trabaja o transita, de manera que su participación en la formación del corredor signifique el enriquecimiento permanente de las potencialidades del mismo a todo nivel: reservas alimentarias, centros de auxilio, reunión, producción, almacenaje, comunicación, intercambio, comercialización y sobretodo del aporte por sus propios conocimientos y cultura a la construcción a una organización a la altura de estos retos.

El espacio del PNA-M.13: como organización de combate, como comunidad solidaria, antonomía y centralización, el papel específico y no universal de la organización... "Lo que une es la lucha y la calidad de la misma, el programa que emerge de ella", se decía en una asamblea, pero a esto tenemos que agregar la necesidad de formar lugares síntesis de organización revolucionaria que hagan de su identidad programática, metodológica, ideológica, estratégica, simbólica, una palanca para facilitar, profundizar y potenciar el conjunto de las luchas populares. Las corrientes y proyectos (como es el caso de Proyecto Nuestra América) sustentados en identidades difusas a pesar del enorme aporte que han dado al proceso revolucionario, a estas alturas, dentro de un cuadro de guerra en desarrollo, ya no pueden responder a los retos de hoy. Se necesita formar identidades explícitas de organización, asumidas plenamente por sus militantes, que se enriquezcan de la práctica autónoma de la organización popular y de clase pero al mismo tiempo sirvan para sellar estas mismas prácticas con la irreverencia revolucionaria que se expresa en sus principios de identidad. La máquina de guerra del imperio necesita ser confrontada por verdaderas máquinas de liberación que produzcan política, unifiquen y direccionen las luchas concretas, doten hasta el cansancio de herramientas conceptuales y metodológicas a los movimientos de base, fomenten el espíritu libertario de nuestros pueblos, pero a la vez sean la palanca fundamental para la organización del “pueblo en armas” y el ejército de resistencia que ello supone. Es entonces una organización política, formativa y de combate que va forjando las estructuras básicas sobre las cuales se impulsa el poder popular, se construyen las comunidades de vida, se gana terreno en las luchas reivindicativas y revolucionarias, pero a su vez se organiza el ejército multitudinario que defenderá esta gran obra. Por supuesto, una máquina de liberación de este orden siempre será una comunidad profundamente antiburocrática, solidaria y democrática, donde los centros de dirección jueguen su papel como ejes referenciales de coordinación del trabajo y comandancia en el combate concreto, dejando plena autonomía al libre desarrollo de los colectivos y espacios de base. Es la autonomía que garantiza hoy y mañana la verdadera autonomía de clase, las tareas que aunque sean muy concretas y apegadas a las necesidades de cada colectividad, son las que construyen la verdadera obra universal de las clases trabajadoras. Una organización militante jamás podrá representar “los intereses universales de la clase” como se quiso durante tantos años; la organización revolucionaria obedece a sus intereses y necesidades de lucha, sea cual sea la expresión que ella tome en un espacio y un tiempo concreto. Sobre estos horizontes y principios proponemos que se discuta en todos los rincones la creación del Movimiento 13 de Abril, en honor a día glorioso que guarda en sí mismo todos los secretos del triunfo popular.

PNA-Movimiento 13 de Abril


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Roland Denis Proyecto Nuestramerica-Movimiento13 de Abril

Luchador popular revolucionario de larga trayectoria en la izquierda venezolana. Graduado en Filosofía en la UCV. Fue viceministro de Planificación y Desarrollo entre 2002 y 2003. En lo 80s militó en el movimiento La Desobediencia y luego en el Proyecto Nuestramerica / Movimiento 13 de Abril. Es autor de los libros Los Fabricantes de la Rebelión (2001) y Las Tres Repúblicas (2012).

 jansamcar@gmail.com

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