Cuanto mas elecciones, menos democracia

Por muchas razones Venezuela es un país excepcional y sorprendente, y quiero tratar aquí una de esas razones, que se refiere a la oposición política y a las elecciones que acontecen con frecuencia, pues Venezuela desde hace 10 años ostenta el record de un promedio superior a una elección por año, exactamente 1,5.

Tenemos una culta y distinguida oposición política al gobierno del Presidente Hugo Chávez y es tan distinguida que suele autodenominarse “democrática”, mientras califica de “autocrático” al gobierno, siendo por cierto ésta una oposición que le ha propinado a ese gobierno una variedad de golpes bajos. Por ejemplo, golpes de estado (secuestro del Presidente y militares sublevados en Altamira), golpes mediáticos (cerco mediático, inducción al y filmación del golpe 11-A), golpes financieros (fuga planificada de divisas), golpes petroleros (total paralización de la actividad petrolera y gasífera), golpes económicos (bloqueo de alimentos, medicinas y, en general, de los puertos venezolanos) adobado todo esto con desestabilización continua (plan político antipatriótico dirigido desde algunos países extranjeros) e incluso intentos de magnicidio con paramilitares colombianos. Sin embargo, la oposición se queja todo el tiempo de que es reprimida brutalmente, que no es tomada en cuenta, que el país está dividido por los odios, y que el gobierno tiene planes macabros para empobrecer a toda la población, militarizarla y expandirse por el mundo.

A pesar de la superioridad de los medios de comunicación opositores (televisión, radio, prensa escrita, revistas, internet), pues más del 70% de los medios están en manos de la oposición, y le hacen la guerra al gobierno, cuando no la vida difícil, sin pasar por alto los medios internacionales en manos de la derecha internacional, que también forman un coro combinado contra el gobierno, con todo eso el gobierno ha impulsado siempre consultas populares (referéndum) o elecciones frecuentes. Aunque a veces la oposición las exigió a la carta con el grito de “¡Elecciones Ya!”, la mayoría de veces ha participado en ellas a regañadientes y arrastrada por los acontecimientos.

Pero ahí está el detalle. En cada elección la oposición genera sistemáticamente desconfianza en el Poder Electoral, y suele tildar de dictadura o autocracia al sistema político del proceso revolucionario venezolano, aunque llamando a medias tintas a votar en elecciones. A medias tintas, porque la oposición suele jugar en los dos tableros simultáneamente: en el de la desestabilización golpista en periodo electoral (y no electoral) y en el de la participación en elecciones.

Una sola excepción paradójicamente confirma la regla. En las elecciones a Asamblea Nacional de 2006 se retiraron en bloque dos días antes, precisamente como parte de su estrategia de desestabilización. Jugaron allí en los dos tableros de un día para otro. Pero la jugada les salió mal, porque perdieron el Parlamento (como perdieron la Compañía Estatal Petrolera) y quedaron condenados durante cuatro años a purgar su error y lamentarse, mientras que – y aquí sigue su inconsistencia –a quejarse también de que esa Asamblea es ilegítima porque no los representa.

La oposición festeja sus victorias electorales mientras arroja dudas sobre el árbitro donde pierde. Siempre en dos tableros. Nunca se comprometió a respectar resultados electorales. De 14 elecciones ha perdido todas las elecciones menos una, y sostiene sapientemente que ellos son la mayoría del país. Dispone de la mayoría de los medios de comunicación y se queja del Estado asfixiante que “controla todos los poderes”. Tiene ahora cinco gobernaciones y un número significativo de alcaldías con la alcandía mayor metropolitana. Pero los opositores siguen quejándose de ser “reprimidos” por la revolución democrática, enfrentando —en sus fantasías oníricas— a un supuesto tirano, que si hasta ahora no ha asesinado ni torturado, ni perseguido a nadie por motivos políticos, “algún día lo va hacer”. Esto es como escribir un curriculum a futuro. En Venezuela, como dijo alguien atinadamente, no hay presos políticos, sino algunos políticos presos por delitos comunes.

Finalmente, llaman engañosamente a su política “el cambio”, mientras no asoman otro proyecto de país que frenar todos los cambios progresistas que se vienen dando desde 1999, incluyendo la prosperidad económica, la reducción de la pobreza, la alfabetización, el crecimiento de la educación y la ampliación de los derechos ciudadanos. Niegan todos estos cambios progresistas así como todas las obras públicas que ha hecho el gobierno, alegando que nada ha cambiado.

De modo que cuantas más elecciones se celebren en el país, tanto más esta oposición se convence de que hay menos democracia, porque las victorias del gobierno son de desconfiar, ya que fortalecen el proyecto de implantar una dictadura. Así de absurdo. Ayer hubo un referéndum en Venezuela por una Enmienda a la Constitución, y la oposición por decimocuarta vez salió derrotada [Sí =6.310.482 (54,85%) y No = 5.193.839 (45,14%)] Pero escuchando las declaraciones de líderes opositores, por magia de palabras ellos se sienten ganadores, exactamente igual que en las elecciones de diciembre 2008, cuando alegaban haber derrotado al gobierno al vencer en 5 estados (antes tenían 7) contra la victoria de candidatos bolivarianos en 17 estados, más el que ya tenían en Amazonas. Los opositores festejaron entonces el milagro aritmético de que 17 < 5.

Tan admirable es todo esto que viene como anillo al dedo parafrasear a Dean Howell: “qué maravilla tener una oposición que no se puede equivocar, pero si lo hace, tiene la razón, en todo caso.”

johanonegrete@cantv.net




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