Rangel: Gobierno Nacional no debe caer en la trama de los aventureros

Este es el último programa que de acuerdo a la normativa legal puedo tratar el tema político electoral. El próximo domingo 15 los venezolanos estaremos votando, por consiguiente solo estaremos abordando en esa oportunidad temas distintos al referéndum constitucional. Quiero puntualizar lo que está planteado para el próximo domingo, ante todo la importancia para los venezolanos de poder expresarnos en comicios libres, sobre los más diversos temas. Nadie puede discutir que en Venezuela ha logrado un envidiable desarrollo democrático, cuando los hechos más importantes los puede dilucidar convocando a los ciudadanos para que manifiesten su opinión.
 
Alguien durante la cuarta república, recuerdo, dijo algo que suscitó diversos comentarios que "los venezolanos no éramos suizos", evidentemente que no lo somos, pero cada día nos parecemos más a esa nación europea, en materia electoral. Donde todo o prácticamente todo se resuelve a través del sufragio, en continuos referéndum. Es lo que explica que en los 10 años que tiene el proceso bolivariano en el gobierno se hayan realizado más elecciones que en los 40 años de la Cuarta República.
 
Los ciudadanos concurriremos a las urnas electorales, para decidir en torno a una figura con rango constitucional, como es el referéndum para enmendar la carta magna. Materia sobre la cual acaba de pronunciarse favorablemente el TSJ, quienes se oponen apelan a deleznables argumentos, carentes de solidez y de seriedad. Pero en todo caso están en su derecho y la forma de expresarlo es a través del voto a través del sufragio, no puede haber otra manera.
 
Por eso resulta incomprensible el uso de la violencia para oponerse a la enmienda. Sí el camino legal o político estuviese cerrado, no hubiese la posibilidad de hacer manifestaciones públicas, propagandas a favor del NO, quizás se explicaría las acciones guarimberas: quemas de cauchos, bombas molotov, incendios en parques nacionales y trancas de la vía pública. Pero estas acciones realizadas en un clima de absoluta libertad, tienen como único objetivo desestabilizar el país. Con el argumento de oponerse a la enmienda, utilizan la violencia, lo cual es una clara muestra de irresponsabilidad. Sobre todo porque esos jóvenes involucrados en las acciones de calle estudian en universidades públicas y privadas y se forman para el ejercicio de la democracia, para el debate cívico y no para el empleo de la fuerza.
 
Pero lo más grave de todo – de esos brotes de violencia entorno a los recintos universitarios - es la sombra de quienes los inspiran. Detrás de esos hechos hay poderosos intereses que buscan caotizar la situación para que el proceso de enmienda se de en el marco de una aguda conflictividad.
 
Esa posición la monitorean dirigentes políticos, que deberían estar haciendo campaña por todo el país y rectores universitarios que degradan el cargo académico al alentar política francamente aventurera. Son personajes que desde la comodidad de su despacho incitan a los jóvenes a cometer acciones delictivas. La respuesta a lo que pasa en la calle, al propósito de desencadenar la violencia debe ser firme pero sereno. El gobierno nacional no debe caer en provocaciones. Hay gente que está buscando muertos y hay que tener particular cuidado esta semana que comienza mañana y no hay que darle esa monstruosa satisfacción. En toda democracia la repuesta a la violencia es la aplicación de la ley, excederse es contrario al estado de derecho. Y un gobierno que durante 10 años descartó la represión, no debe flaquear en esa actitud y caer en la trampa de los aventureros.
 
Pongamos entonces el acento en votar, por el sí o por el No, pero votemos que es la mejor manera de derrotar a los violentos y ganar la paz 
 
 


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