Estos maracuchos, primero se burlaron del santo y después se comieron el cordero…

Aquel regurgitar de pozos venía a desfigurar el viejo sentido de patria que hasta entonces se conocía. El nombre de Venezuela se estaba convirtiendo en un logo más para definir el espacio controlado por las compañías petroleras. La división político territorial venía siendo definida en cada lugar por el número de taladros que la perforaban. No hay poderes del Estado sino bufetes que se disputan como perros todo un mar de concesiones. No existe país sino territorios donde se han otorgado alguna concesión petrolera. Ya al tirano no le interesan las vacas ni la agricultura sino los barriles de petróleo. Al tirano le parece muy gracioso como se pelean aquellos catires por una “mierda negra, pegajosa y brillante, que se la deberían llevar toda, porque nosotros, para qué la necesitamos.”

Cómo reía el dictador viendo aquella guerra de abogados, y aquel congestionamiento de carros en Maracay, con una pertinaz visitadera de gringos, holandeses, alemanes e ingleses, sólo para hablar de aquel “oro negro”, porque además trataban de marearles a sus ministros con cuentas y negocios multimillonarios. Aquellos ministros que no se cansaban de felicitarlo, “porque nos sacamos el gordo de la lotería”. Así nos encontramos con que Pedro Tinoco, al tiempo que se desempeñaba como ministro de Relaciones Interiores, actuaba también como representante legal de la CREOLE. Por su parte, el gran defensor de la SHELL, era el señor Antonio Álamo, ministro de Fomento. Antonio Álamo se dedicó con ahínco, más que atender los problemas del país, a luchar porque no prosperase ante la Corte Federal y de Casación una demanda de nulidad de la Concesión Valladares que fue presentada el 9 de noviembre de 1929, por el norteamericano Harry M. Shumacher. La demanda fue declarada sin lugar, lo cual constituyó un triunfo para CREOLE, porque de este modo a esta compañía se le abría una gran oportunidad para participar en la repartición de enormes extensiones de tierra (que antes monopolizaba exclusivamente la SHELL, en los Estados Zulia, Anzoátegui, Carabobo, Falcón, Lara, Mérida, Trujillo, Táchira, Sucre y Territorio Federal Delta Amacuro.)

Al tirano le llevaban aquellos cuentos que, con la emoción, le hacían perder los lentes y la respiración. Qué vaina tienen esos musiues. Cómo inventan, cuántas cosas saben hacer. Pero qué simpáticos. Ay, Dios mío, yo no sé qué va a hacer del mundo de mañana con tanta inventadera y a dónde iremos a parar nosotros que estamos invadidos por esta nueva plaga. Yo no puedo catalogarlos de malos y de ladrones, porque no sé qué de malo pueda tener el que se lleven eso que para nosotros no es sino puro cagajón con barro negro.

Dentro de esta guerra sorda y tenaz de las compañías petroleras, vino a caer el rico Estado Zulia. Para preparar la secesión y controlar mejor los poderosos yacimientos de esta región, en 1928, un equipo de expertos norteamericanos, con la ayuda de sabuesos colombianos, comenzaron a maquinar un sutil complot. Al tirano le dijeron que unos legisladores maracuchos pensaban quedarse con el grueso del negocio petrolero, declarando independiente al Estado Zulia. “Qué buena vaina. Estos maracuchos, primero se burlaron del santo (el gobernador Santos Matute Gómez) y después se comieron el cordero (el gobernador Esilio Febres Cordero), pues ahora les mando a don Vincencio Pérez Soto para que me los encinture.”

Pérez Soto llegó poniendo orden y encerró en el castillo de San Carlos a un grupo de diputados que querían venderle la isla de Toas (en el Lago de Maracaibo) a la Gulf Oil Company y separar al Zulia de Venezuela.

Para el Presidente del Estado, Vincencio Pérez Soto, se mareó recibiendo órdenes del gerente general del Royal Bank of Canada en Maracaibo, un míster Muchel, quien volvió a plantear el negocio de declarar República Independiente al Zulia. Y se le pintaba Muchel muy bobito y fácil, tal cual como se había conseguido la creación de la República de Panamá. En seguida, William Tecumseh Shermann Doyle, Herbert Stabler y Broker representantes respectivamente de la SHELL, Gulf Oil Company y la CREOLE se dieron a la tarea de reforzar la desvergonzada trama. A Pérez Soto le ofrecieron apoyo diplomático de Londres y Washington, con recursos financieros y toda clase de armamentos. William Tecumseh Shermann Doyle, había sido director de la División de Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado y a partir de 1921 comenzó a desempeñarse como Director General de los intereses de la SHELL en Venezuela. William Tecumseh Shermann Doyle trataba al tirano con una enorme confianza y le “quería como a un padre”.

Todo iba muy bien, cuando la Gulf Oil Company descubre enormes yacimiento de petróleo, de excelente calidad en Oriente. Su dueño, el mafioso y multimillonario William Andrew Mellon, muy decidido fue a Maracay y le habló de delincuente a delincuente a Gómez. Le amenazó con, que si no le daba toda esa concesión, organizar una expedición armada, formada por muchos caudillos, para derrocarlo. El tirano se puso mansito y dio cuanto le exigió la Gulf Oil co. Entonces Mellon vio que fundar una nueva república netamente petrolera no era lo suyo de momento, y además, ¿para qué meterse en problemas con unos socios nada confiables?

Al perder el apoyo del Mellon, la CREOLE también se retiró del negocio.

En junio de 1928, circuló en Baltimore un manifiesto titulado: “A mis compatriotas: La independencia del Zulia”. Lo firmaba Asisclo Rincón, quien denunciaba los planes de Pérez Soto para separar el Zulia de Venezuela. Decía este documento: “En sus groseros y ambiciosos planes ha enviado a este país, una comisión secreta encargada de tratar, con un muy conocido zuliano, lo referente al apoyo militar y económico que los Estados Unidos prestaría al Dictadorcito del Zulia, para llevar a cabo la segregación de este Estado de los Estados Unidos de Venezuela. El mismo Dr. Rivas ha venido dos veces en aeroplano de La Habana a negociar con la citada comisión poniendo a disposición de ella la cooperación del tiránico Gobierno de Cuba (del cual es servil esbirro) a fin de que, repitiéndose el caso de Colombia y Panamá cuando castro reconoció a la segunda como nación soberana e independiente, la República del Zulia sea inmediatamente reconocida por como tal por el General Gerardo Machado, factor americano en Cuba”[1]


[1] Nora Bustamante, Isaías Medina Angarita –Aspectos Históricos de su Gobierno, Fondo Editorial Lola de Fuenmayor, Universidad Santa María, Caracas (Venezuela), 1985, págs. 230, 231.

jrodri@ula.ve


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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