Notas para un análisis: ni derrota ni victoria... sino todo lo contrario

La conocida expresión acuñada por el folklore político venezolano, “Ni lo uno ni lo otro…sino todo lo contrario”, aplicada a la lectura general de las observaciones y opiniones sobre el 2-D hasta ahora, puede considerarse un recurso retórico altamente sugerente con un fondo racional si se examina con detenimiento. Cuando un estrecho margen estadístico separa resultados que no esperaban los grupos enfrentados, parece muy difícil aceptar para cada uno de ellos o una derrota o el cantar victoria de manera entusiasta. El problema a que remite el “todo lo contrario” es, ni más ni menos, que el análisis del significado de los resultados que se esconden en una situación caracterizada, en una primera hipótesis, por el cierre de una fase histórica y la apertura de otra. Eso requiere mucho más que autocríticas o recuento de factores positivos o negativos situados en la perspectiva de lo inmediato.. Exige más bien el inicio de un análisis histórico político que precise los objetivos de las fuerzas en pugna, la naturaleza actual de éstas y el carácter del conflicto, si se acepta la premisa de que el 2-D es un verdadero punto de inflexión cuyas consecuencias pueden tener serios efectos para el proyecto bolivariano. Si se acepta provisoriamente tal premisa, un primer significado del 2-D es el de que abre una situación de pre-crisis, en la que se desplegaría un reajuste de fuerzas para preparar una derrota del adversario y una victoria propia. Dos esperanzas opuestas que comportan una sola situación futura: el cierre de una crisis histórica de la cual el propio movimiento bolivariano es una expresión.

No se trata de aceptar en el análisis la lógica militar amigo/enemigo, como aproximación reductora que permitiría cómodas clasificaciones de personas y acciones. Si hay una crisis ad-portas, esperar que ella se desarrolle dentro de los marcos de la continuidad institucional y en plazos legalmente establecidos es una ilusión conveniente para fines de gobernanza, lo que requeriría acciones políticas definidas en ese contexto, o para autoengaños producto de temores. No se debe olvidar que hacer política es, en parte, operar en la generación y administración de ilusiones, además de impulsar una práctica de masas orientada, en este caso, por objetivos revolucionarios.

En una primera parte de estas notas se enunciarán los resultados del 2-D como hechos políticos, es decir, como datos con significados de poder, intentando responder la pregunta: ¿qué sucedió?. En una segunda parte, se plantearán los principales problemas político-estratégicos que se desprenden de las constataciones y apreciaciones para visualizar probables cursos de acción. Se intentará responder la pregunta ¿por qué sucedió?, y así examinar qué es lo que está en juego.



I



1.- La victoria electoral de la Oposición por un estrecho margen y su comportamiento social precedente ponen en evidencia hasta el momento que:

a) no lograron aumentar su población electoral respecto de las cifras históricas y que mantuvieron sus bases sociales de apoyo en las principales áreas urbanas del país, las que se presentan compuestas por importantes segmentos de clases medias altas y bajas, pequeña y mediana burguesía, y algunos sectores populares.

b) su capacidad de concurrencia derivó en buena medida de la espontánea movilización y alto grado de cohesión de su base social, logrando sobrepasar la capacidad de dirección y organización de sus dirigencias políticas profesionales.

c) su movilización contó con el apoyo activo en coordinación y con financiamiento de importantes segmentos institucionales públicos y privados, nacionales e internacionales, siendo estimulada por liderazgos sociales.

d) el objetivo central de la participación en la consulta fue boicotear los resultados que se obtendrían, pues sus direcciones políticas, sus medios de comunicación a nivel nacional e internacional esperaban una derrota.

e) la movilización política se coordinó con un plan nacional de levantamientos urbanos diseñado con agentes externos, el cual fue hecho público con anterioridad al dos de diciembre, lo que obligó a sus directivas a plegarse a la base social que se orientaba a la participación en la consulta, y al aislamiento de las tendencias de ultraderecha que colaboraban directamente con las organizaciones norteamericanas dispuestas a preparar condiciones para derribar al Gobierno.

f) visto en términos de imágenes, objetivos colectivos y contenidos psicosociales, se evidencia una situación de masas con claros contenidos no democráticos, es decir, un tipo de movilización que adoptó los métodos de la acción directa insurreccional como normales para conseguir objetivos. El que sus direcciones hayan aceptado los resultados de la consulta no es ninguna evidencia de la aceptación de la legitimidad democrática del Gobierno ni de cambios en las aspiraciones de esa base social. No se consolidó ningún espacio democrático dentro de la institucionalidad actual. Si lo planteado hasta el momento es correcto, el objetivo central de las direcciones políticas de la Oposición y de sus liderazgos sociales seguirá siendo el de eliminar el proyecto bolivariano dentro del actual escenario histórico, con independencia de plazos legales e impedimentos institucionales. Se han sentado las bases sociales para una fascistización de segmentos de las clases medias.

g) dentro del escenario internacional, al aceptar el Gobierno los resultados ha recuperado legitimidad democrática, la que se había visto seriamente deteriorada por los gruesos errores de estilo y conducción cometidos. Sus objetivos estratégicos se han cumplido hasta el momento manteniendo capacidad de maniobra, no obstante la tendencia a confundir las relaciones intergubernamentales con las relaciones personales. En todo caso, no cabe suponer que tal situación de fortalecimiento de imagen democrática vaya a ser aceptada por el gobierno norteamericano, el que ha abandonado su estrategia político-militar de contención del proyecto bolivariano adoptando una estrategia militar-política de eliminación por pluralidad de vías. El enemigo central para éste sigue siendo Chávez, en tanto líder de un proyecto con potencialidad revolucionaria orientada a objetivos socialistas.



2.- La derrota del Gobierno en la consulta evidencia que el problema electoral central fue la abstención de una cantidad significativa de su antigua ‘base electoral’. Esto significa que:

a) la ‘base social’ del proyecto bolivariano no sólo sigue intacta, sino que los resultados de la consulta no permiten deducir que los contenidos y orientación socialista del proyecto hayan perdido legitimidad para las masas. Lo cual tampoco significa que la abstención sea un problema interno al chavismo como movimiento político, es decir, sólo un problema de comunicación entre líder, aparato político y bases.

b) la base social de apoyo que se abstuvo a nivel popular seguramente rechazó los efectos reales de las políticas públicas en sus condiciones de vida actuales y la contrastación de tales efectos con las prometidas en ellas. Probablemente rechazó también en alguna medida las consecuencias temidas, de distinto tipo, respecto del giro estratégico que comportaba la aceptación de la Reforma, cuya orientación socialista no era discernible en sus contenidos. Hasta el momento, y a la espera de evidencias resultantes de investigaciones empíricas, los aspectos mencionados que apuntan a la fuente de los rechazos parecen ser los más probables. Los efectos negativos de la propaganda de los medios de comunicación de la Oposición que apelaron a desvirtuar el ‘socialismo’, propios de la propaganda anticomunista predominantes durante la Guerra Fría, pudieron haber derivado de la incapacidad táctica de las fuerzas de Gobierno. Sería un error atribuirle, sin embargo, un peso significativo a la ‘campaña del terror’.

c) análisis con evidencias más definidas que las actualmente disponibles deberán dilucidar hasta qué punto puede diferenciarse una base social de apoyo al líder, identificado con un Gobierno, de una base social identificada con un proyecto bolivariano orientado al socialismo el cual podría indicar un grado de maduración de una ‘conciencia revolucionaria’. La aceptación sin más de la proposición de que ‘sin Chávez no hay revolución, pero sólo con Chávez tampoco‘ conlleva a aceptar ya el papel central del líder o ya el papel central popular. En todo caso, parece innegable que en general la abstención admite un rechazo tanto a un estilo de gobierno, con la ineficiencia generalizada de un aparato público, como a una política de masas propia a un aparato político donde la ineptitud es también predominante.

d) el paquete de reformas propuesto resultó a todas luces de un cálculo estratégico erróneo y no tan sólo efecto de problemas de diseño, tramitación y presentación, atribuible fundamentalmente a la alta dirección política. Como cálculo fallido incide en las posibilidades y obstáculos de operación dentro de un marco institucional que no es aceptado por la Oposición. Ésta no acepta la legitimidad fáctica derivada del enfrentamiento tendiente a resolver los problemas que afectan a las masas, y tampoco acepta la legitimidad de la nueva institucionalidad basada en la estructura jurídica disponible de un cuerpo normativo histórico. Concretamente esto significa que el tiempo disponible para la consolidación del proyecto bolivariano no se enmarca dentro del plazo legal de cinco años. Por ende, el error de cálculo afecta al margen de maniobra en el futuro inmediato definido por el curso de la crisis política internacional en el Medio Oriente y la crisis económica internacional, dadas las alianzas internacionales y el papel económico de Venezuela en ese contexto.



3.- De los puntos anteriores se desprende que la situación de pre-crisis resultante del 2-D puede desarrollarse hacia una crisis abierta, dentro de una coyuntura internacional signada por los aspectos señalados y por el impacto social previsible de una situación económica interna en la cual el proceso inflacionario es sólo un indicador. El punto débil del proceso que impulsa el proyecto bolivariano es, sin duda, la revelación de su incapacidad para retener en su base social de apoyo los contingentes electorales disponibles con anterioridad. Tales contingentes son potencialmente el núcleo de un centro político, actualmente inexistente como fracciones sociales políticamente aprovechables para establecer juegos de equilibrios que aspiren a negociar perspectivas encontradas. La consolidación de un centro social político de esta naturaleza sólo es posible si encuentra asidero en la disminución social de las bases de apoyo al proyecto revolucionario socialista bolivariano. Es cierto que ‘no hay cuatro millones de oligarcas’, pero si hay potencialmente tres millones de electores que, por diferenciación frente a ‘escuálidos’ y ‘chavistas’, podrían estar disponibles para la estrategia de la Oposición a condición de que existan errores políticos en el movimiento bolivariano. Y uno de esos errores podría ser el establecer negociaciones con una Oposición no homogénea políticamente, excepto en su objetivo de cancelación de la experiencia bolivariana, que desplazaría esos contingentes a su propio campo de fuerzas si ésta optara por medidas ‘populistas de derecha’, de lo cual ya hay evidencias. Esto permite entrar a examinar los problemas de fondo implicados en esta situación de pre-crisis.



II



1.- Como se advierte, el examen de las condiciones que generaron la derrota del movimiento bolivariano en el 2-D, no pueden remitirse a un listado de factores que requerirían las correspondientes ‘medidas concretas’ en la actual coyuntura. Si las proposiciones anteriores son correctas, el escenario probable que enfrentaría el movimiento bolivariano tendría las siguientes características:

a) la Oposición jugaría con los medios legales e ilegales de que dispone, buscando la eliminación del proyecto bolivariano, con o sin la eliminación institucional del actual Gobierno. Si la consigna de sus sectores más moderados es ‘socialismo autoritario o democracia’, ello indicaría claramente que no existe reconocimiento de un Otro democrático, lo que desautoriza las esperanzas sobre la creación de un ‘espacio democrático’ producto de la buena voluntad de las partes. Esto no se opone a la intensificación de las tentativas de ampliar la sustentación social actual sobre la base de la postulación de las medidas a que obligue una coyuntura económica.

b) habría participación activa de agencias del gobierno de EEUU en el fortalecimiento de la alternativa planteada por la Oposición. Esto significa que ella no es ‘democráticamente endógena’. Con todo, el movimiento bolivariano está obligado a estimular diálogos democráticos, aunque sea un hecho de que sólo el actual Gobierno está en condiciones de sostener una perspectiva democrática todavía ‘representativa’, ateniéndose a los hechos históricos recientes.

c) en el mediano plazo, no tendrían posibilidades de existencia bases sociales capaces de sostener un centro político de amortiguación del conflicto social por la vía de los retrocesos en el objetivo histórico del movimiento bolivariano, excepto si el Gobierno produce hechos políticos que lo favorezcan. Precisamente aquéllos que propugnan la salida centrista sobre la base del liderazgo de R. I. Baduel no podrían probar la existencia en éste de un discurso de centro, si por éste se entiende aquél que negocia una posición equidistante. Los ‘centrismos’ de derecha como los ‘independentismos’ también de derecha no encuentran asideros dentro de los límites estadísticos a que remiten los resultados del 2-D.

d) el proyecto bolivariano cuenta a su favor con una correlación de fuerzas internas altamente favorables, dentro de la cual la alianza fáctica FFAA/movimiento social sigue vigente, dispone de una legitimidad democrático-popular y posee una importante base social urbana y rural.

2.- El significado de la derrota del 2-D del movimiento bolivariano radica en dos aspectos: uno, en que ella es un síntoma de agotamiento de un tipo de movilización social populista orientada por un objetivo socialista que le es contradictorio, lo que plantea el problema político de su reconducción por refundación, y dos, estrechamente articulado a lo anterior, se hace manifiesto el fracaso en desarrollar, a una nueva escala, una dinámica revolucionaria que permita avances hacia un objetivo socialista. Las premisas para comprender el meollo de estas hipótesis radican en aceptar que ni se estaban implementando medidas socialistas antes del 2-D en el ámbito económico y social, ni que las reformas propuestas contenían en sí medidas socialistas.. Estos puntos de partida son necesarios para la comprensión del significado del 2-D porque corresponden a una difundida creencia en la alta dirección que ha permeado sus decisiones y actuaciones, y que no parece ser compartida por la base social de sustentación del movimiento bolivariano. Tales creencias político-ideológicas de ninguna manera son casuales o corresponden a confusiones personales. Ellas son el resultado actual de la naturaleza de la movilización social que ha impulsado el movimiento bolivariano desde su génesis.

a) Inicialmente el MBR-200 se enmarcó en un ideario crítico nacionalista democrático, pero es a partir de 1994 cuando se efectúa el tránsito hacia un movimiento policlasista en el que el liderazgo de Chávez, el cambio de composición social de los apoyos y la nueva relación con el contexto político, conducen al desarrollo de un carácter populista en donde se reconfigura un nuevo sujeto político, el pueblo, estrechamente vinculado al surgimiento de un nuevo tipo de líder de masas. Reconfiguración, porque el nuevo liderazgo surgió de la realidad histórica venezolana de un ‘populismo de partido’, institucionalizado dentro de la IV República. Tal ha sido el punto de partida del movimiento bolivariano actual. El desarrollo de políticas anti-neoliberales desde el Gobierno hasta el 2001 sobre la base de esta dinámica, se apoyó en los potenciales democrático-populistas y democrático-populares que contienen los procesos de movilización masas de este tipo. El carácter contradictorio de tales elementos y la parálisis del Gobierno para activar la lucha democrático-popular condujo a un agotamiento de la dinámica de cambio. El resultado fue el fortalecimiento de una movilización de derecha contra-democrática y su culminación en un intento de control del Estado por una facción militar apoyada interna y externamente.

b) La debilidad estructural de la dominación burguesa en Venezuela, la profundidad de la crisis histórica de la que emerge el movimiento bolivariano y el carácter democrático-popular de éste, explican la debilidad política de la Oposición en el poder durante el golpe de Abril y su rápida caída. No obstante, la débil reacción de la dirección bolivariana con la consiguiente ausencia de una dirección estratégica adecuada a las nuevas condiciones y la pérdida de capacidad aglutinadora de la movilización populista, permitió el reagrupamiento de las fuerzas portadoras del proyecto de restauración neo-liberal. El Paro Cívico fracasó por la reactivación de los lineamientos nacionalistas democráticos en el movimiento social democrático-popular, con lo cual el Gobierno y el movimiento bolivariano pudieron entrar en una nueva etapa.

c) A partir del 2003 la dinámica movilizadora se caracterizó por un nuevo impulso a la solución de las demandas democráticas-populares de las masas, por la implementación de una estrategia orientada a fortalecer los cambios estructurales en la capacidad interna de acumulación económica dentro de una coyuntura externa favorable, y a la nueva definición de un horizonte socialista. La derrota del 2-D pone en evidencia que el balance muestra resultados contradictorios: no logró cambios sustanciales en la capacidad del ‘aparato de estado’ para resolver los problemas básicos de las masas (salud, alimentación, seguridad ciudadana, educación, habitación y transporte), a pesar de los recursos movilizados para atenderlos. Tampoco ha logrado avanzar con mayor rapidez en los cambios económicos orientados a cambiar los centros de la acumulación económica, no obstante la enorme disponibilidad de recursos de capital de los que se ha dispuesto. Y tampoco ha logrado crear un ‘aparato político’ capaz de hacer avanzar en profundidad una acumulación política de fuerza social capaz de servir de base para avanzar efectivamente en la dirección socialista.

d) Toda la crítica desarrollada hasta el momento revela que:

(i) las condiciones y la naturaleza histórica del proceso de movilización social que surgió como respuesta a la crisis histórica de la sociedad venezolana se han estado transformando en obstáculos para la continuidad de un proceso revolucionario hasta ahora básicamente político popular.

Las relaciones que han condicionado la movilización social en que descansa el proyecto bolivariano siguen siendo clientelísticas, las que han sido el nexo integrativo fundamental en la Venezuela del siglo XX para mantener la cohesión de un orden social competitivo fundado en la dinámica del capital. Este es el nexo principal que permite la organización del aparato político del movimiento y del el aparato estatal, siendo básico en la circulación social de la renta petrolera, fundamento de la ineficiencia burocrática y de la corrupción como mecanismo para sostener las alianzas que permiten el funcionamiento de tales aparatos.

La naturaleza populista de la movilización social base del proyecto bolivariano, expresada en un estilo de liderazgo, en una política de movilización de masas y en un tipo de gobierno, ha resultado de la experiencia histórica de un ‘populismo de partido’ que permitió a la IV Republica dotarse de una base de masas. Como tal, el populismo hasta el momento ha permitido sostener la continuidad de ese mismo orden social, basado en relaciones económicas que se sostienen en la valorización de un capital que requiere masas controlables, ya como consumidoras, ya como fuerzas de trabajo. El populismo tiene una naturaleza dual: contiene y alimenta tanto demandas autoritarias como democráticas en la constitución popular. El planteamiento democrático-participativo ha constituido la línea de avance histórico que ha permitido al movimiento bolivariano no sólo el intento de desarrollo de nuevas formas sociales sino que enunciar la posibilidad de instauración de un orden post-capitalista. Frente a esta posibilidad sólo se ha opuesto una perspectiva restauradora de un ordenamiento neo-liberal.

Tal naturaleza del movimiento social bolivariano ha permitido hasta el momento impulsar las demandas democrático-populares, incorporando a una dinámica transformadora a los sectores populares y radicalizando segmentos importantes de las clases medias.

(ii) los caracteres dinámicos de una movilización social nacional, democrática y popular se mantienen, en el marco positivo de un crecimiento económico sostenido hasta el momento dentro de una coyuntura internacional favorable, económica y políticamente. No obstante, contiene una ambigüedad constitutiva que oscila permanentemente entre sus elementos democrático-populares y sus elementos populistas históricos. La profundización de las transformaciones políticas y económicas avanza en la solución de los problemas de vida de los sectores populares, siempre que no afecten la satisfacción de demandas de los sectores medios que vayan más allá de lo político. Es obvio que la condición general para la conciliación de tales intereses radica en la redistribución de la renta petrolera en la cual la política económica actual ha sido exitosa. La capacidad de aprendizaje del liderazgo superior y la coyuntura internacional permitieron que el proyecto bolivariano admitiera el socialismo como objetivo histórico, en condiciones en que ni el Estado ni la economía han experimentado rupturas cualitativas respecto de sus modelos históricos. El poder económico y político, en sus elementos medulares, no ha sido apropiado por el movimiento bolivariano como fuerza social, ni se han tomado hasta el momento ‘medidas socialistas’. No se puede confundir la propiedad de la generación y el control de la circulación de la renta petrolera con la propiedad y control de los medios de producción básicos para la acumulación del capital privado global. La oposición al gobierno bolivariano proviene de las clases medias y altas, junto con sectores de la alta burguesía nacional e internacional directamente afectados por las políticas de reordenamiento del modelo económico, pero fundamentalmente por la posibilidad de deriva hacia un orden postcapitalista que altere los equilibrios de fuerzas a nivel iberoamericano. Los resultados del 2-D ponen en evidencia que tal orientación no es contradictoria con los niveles de aprendizaje alcanzados por las masas. Pero también evidencian que segmentos significativos de éstas todavía no pueden comprender tal formulación. Ante ellas aparece el presente inmediato, dentro del cual los resultados de las políticas en marcha son insuficientes, percibiendo que los responsables de su aplicación no se diferencian en estilo político, de aquéllos que en el pasado generaron los problemas que actualmente las aquejan. Sin obviar, naturalmente, la gravedad que plantea el hecho de que a lo menos un millón de militantes del PSUV no se hubieran plegado al contingente electoral del Gobierno. Las masas desconocen lo que significa una democracia socialista, porque todavía no acceden plenamente a formas democrático-populares trabadas por el clientelismo, incapaces de aportar soluciones a sus problemas de vida, y porque en el aparato político predomina una militancia para la cual las formas populistas de gestión les permiten aspirar, o acceder, a cuotas de poder en el aparato de Estado. La ambigüedad contradictoria intrínseca al populismo como forma de movimiento social no se resuelve ni en su eliminación como forma de control e integración de lo popular, ni en la consolidación democrático-popular, como forma de participación y control social popular

La adopción programática de la transición al socialismo supone que ni las formas autoritario-populistas ni las democrático-populares son viables históricamente como ejes de modelos sociopolíticos. Las primeras fracasaron durante el siglo XX en la integración política de las masas y en el mejoramiento sustancial de sus condiciones de vida y, las segundas, nunca han podido realizarse plenamente ni aún en los proyectos nacionales de afirmación histórica más avanzados, como en el Chile de la Unidad Popular. En la actual coyuntura venezolana, el proceso de aprendizaje de masas que comporta toda transformación revolucionaria sólo podría desarrollarse hacia nuevos niveles en la medida en que esa vía democrático-popular desenvuelva sus potencialidades de cambio. Esto significa reconocer que la sociedad venezolana no está en transición al socialismo, como parece creerlo un sector de la dirigencia del proyecto bolivariano, que tiende a un voluntarismo basado en ilusiones. Plantearse un objetivo no significa que se generen las condiciones reales para alcanzarlo

3.- Las anteriores notas obligan a concluir que el 2-D no es una ‘derrota estratégica’ sino un cálculo estratégico erróneo que exige al proyecto bolivariano replantearse problemas estratégicos: relativos a la organización y objetivos de su aparato político y los relativos a la dirección y funcionamiento del aparato de Estado en el curso de la nueva fase de conflicto que enfrenta. Tampoco puede atribuirse ese error principalmente a un ‘sistema vertical de conducción’ porque, en primer lugar, es a esa modalidad de conducción a la que se debe, precisamente, el actual nivel de desarrollo político. En segundo lugar, porque al interior de la modalidad de movilización social desarrollada hasta el momento, el estilo de liderazgo es sólo uno de los problemas que ella plantea, olvidándose que los componentes democrático-populares han tenido el suficiente peso como para se haya alcanzado una situación en la que el objetivo socialista es una opción inscrita como posibilidad histórica dentro del horizonte de las masas venezolanas. La hipótesis de una derrota estratégica como consecuencia de una dirección autoritaria personaliza erróneamente y magnifica los resultados de esa dirección personalizada, impidiendo comprender los problemas de fondo. Aún, si la hipótesis de la personalización autoritaria y vertical en la conducción del proceso se desvincula de la hipótesis de la derrota estratégica, como se entendería en otro acercamiento crítico, el señalar la existencia de un ‘cesarismo populista’ tampoco va al fondo del problema. Además de que contribuye nuevamente a responsabilizar a aquéllos que habrían convencido al líder de lo insustituible de su figura. En este acercamiento, sin embargo, es claro que se avanza en mayor profundidad al identificar a todo un segmento dirigente responsabilizándolo políticamente, lo que es pertinente. Y sobre todo, porque pone el énfasis precisamente en que la rectificación pasa necesariamente por renovar una práctica revolucionaria desde abajo y a partir de un poder popular autónomo, democrático y revolucionario. Las notas anteriores, sin embargo, alertan sobre el problema de que tal giro involucra algo más que una lucha contra el pragmatismo, el burocratismo y la corrupción.

En todo caso, si las anteriores premisas, hipótesis y observaciones de estas notas son correctas, el tiempo histórico del proyecto bolivariano estaría en sus límites de posibilidad. El 2008 será un año de elecciones en que rendirán exámenes sus dirigentes y aprobarán o reprobarán su asignatura, pero independientemente de la nota obtenida, el plazo de tolerancia concedido hasta el momento por la realidad histórica a un muy poco tolerante gobierno norteamericano, habrá terminado. En ese momento, si no se ha hecho aflorar ‘la victoria escondida’ tan celosamente por el 2-D…..¡qué Dios nos agarre confesados!.


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