¿Proceso gerencial o capacidad de gobierno?

Ha dicho, José Vicente Rangel, después de conocidos los resultados del pasado 2 de diciembre, que el gobierno nacional debe ser llevado a un proceso gerencial, a fin de que pueda enfrentar con eficiencia y eficacia las ingentes demandas de la sociedad venezolana. Eso lo ha dicho, alguien que precisamente se ha desempeñado como Ministro de Relaciones Exteriores, como Ministro de la Defensa y como Vicepresidente de la República, de ese gobierno al cual se refiere. Él sabrá por qué lo ha dicho y justamente en este momento. Espero que no proponga que se decrete ese proceso gerencial, porque eso de la gerencia no es cualquier cosa, ya que más allá de una serie de técnicas y procedimientos como se pudiera pensar, es algo que debe formar parte de la cultura de un gobierno y de la cultura de una sociedad toda.

Pero más allá de un proceso gerencial y de una cultura gerencial, está lo que Carlos Matus da en llamar en su libro “El Líder sin Estado Mayor”, la capacidad de gobierno, que junto con el proyecto de gobierno y la gobernabilidad, conforman el triangulo de gobierno. Como él bien lo expresa: “El gran problema político de nuestro tiempo es la capacidad de gobierno. Es un problema mundial y no particular del segundo o tercer mundo. Naturalmente se expresa con más fuerza y adquiere mayor importancia en los países que están a la zaga del progreso científico. Esta capacidad de gobierno depende del grado de desarrollo del capital intelectual en algunos estratos claves de la sociedad, que son determinantes en la calidad de la gestión pública”.

Los estratos a los cuales se refiere Matus son: a) El liderazgo político, en el nivel nacional, regional y local; b) El nivel tecnopolítico, compuesto por directivos, ejecutivos, asesores y planificadores del aparato público; c) El nivel de los investigadores en el campo de las ciencias y técnicas de gobierno; d) El nivel general de los profesionales universitarios y de los científicos, situados en el ámbito público o privado, fuera o dentro de las universidades; e) El ciudadano y sus organizaciones de base. Respecto a este último componente, Matus señala: “Su formación depende muy fundamentalmente de la calidad de la enseñanza básica y de los medios de comunicación”.

El caso es que, la capacidad de gobierno no tiene que ver únicamente con el gobierno de turno, sino que involucra a toda la sociedad. Y eso es algo que los venezolanos debemos entender, para poder avanzar hacia un aumento en la capacidad de gobierno de nuestra sociedad. Porque ni con discursos revolucionarios ni con palmaditas histéricas y consignas libertarias, se construye la capacidad de gobierno. Así que, es fácil ver lo complicado que se presenta para el futuro la gestión y solución de los problemas que aquejan a nuestra sociedad. Sin duda alguna, estamos bien lejos de un nivel siquiera medianamente aceptable, bien lejos de los paraísos terrenales que unos y otros siguen prometiéndole a una sociedad que anhela emerger de las profundidades en que ha sido sumida.

* alportillo@ula.ve


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Alfredo Portillo *


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