El concepto estratégico de la revolución Bolivariana

El 16/5/04 el Presidente Chávez en un discurso, que si mal no recuerdo pronunció en el Jardín Botánico de la UCV, señaló la necesidad de organizar la defensa del movimiento popular desencadenado por la explosión social del 27/2/989 que condujo a la revolución política impulsada por ese mismo movimiento transformado en poder constituyente el año de 1999. Se trató de una tardía repuesta a una situación estratégica que ya se había hecho evidente con el golpe de estado del 11/4/02 y el paro petrolero de diciembre del mismo año. Ambos controlados por la acción casi espontánea de ese movimiento popular.

Positivamente en ambos casos, a diferencia de lo ocurrido en procesos similares como la Revolución Francesa (1792) y la Bolchevique (1917), el liderazgo político de la Revolución Bolivariana no había previsto la contingencia de una reacción violenta de las fuerzas conservadoras, esta vez globalizadas y actuando dentro de la estrategia propia de la llamada “guerra de IV generación”. En 1793 la Revolución Francesa estaba al punto del colapso, atacada por la reacción de las fuerzas monárquicas europeas coaligadas para la defensa del absolutismo, y la insurgencia interna de los sectores desplazados de la aristocracia. Pero hubo una dirección política eficaz, proporcionada por los jacobinos, que organizó un gabinete ejecutivo, “el Comité de Salud Pública” encabezado por Lázaro Carnot, quien organizó eficazmente la defensa del movimiento popular. En igual situación se encontró la Rusia soviética en 1918. Invadida por 21 ejércitos extranjeros, que respaldaban un movimiento interno reaccionario, la dirigencia política bolchevique le confió a León Trosky la dirección del Comité Militar Revolucionario, que defendió exitosamente el movimiento proletario que desplazó el zarismo del poder.

Nuestro movimiento popular, como claramente lo percibió el líder de la revolución política en el discurso mencionado, no ha escapado, salvando la distancia histórica, geográfica y circunstancial, de amenazas similares a las experimentadas por los procesos revolucionarios mencionados. Incluso, en esa alocución se esbozó acertadamente una línea estratégica para la defensa de la revolución: la resistencia popular. Pero aquí no ha habido ni un “Comité de Salud Pública” ni un “Comité Militar Revolucionario”; ni un Lázaro Carnot ni un León Trosky. El Estado Mayor del Comandante en Jefe, posiblemente respondiendo a esta misma necesidad, se lo fagocitó la burocracia militar, la misma que intento anular previamente al propio Chávez en su desarrollo como dirigente calificado del sector castrense de la nación. Se trata de la misma burocracia, que hoy encabeza como Presidente de la República, cuyo ejercicio entra en conflicto con su posición de dirigente político del movimiento popular. Una controversia personal interna que produce acciones contradictorias generadoras de confusión e incertidumbre. Es cierto que la dinámica estratégica en el campo de la defensa nacional ha avanzado. Cientos de militares activos han tomado en serio la transformación del pensamiento militar convencional hacia la idea irregular de suplir con la fuerza de la voluntad y el ingenio la desproporción de los medios materiales de un probable enemigo. Del mismo modo que el movimiento popular ha respaldado la idea, incorporándose a la reserva nacional y buscando organizar la defensa territorial en el marco de la estructuración de la vida comunal.

Pero ahora, justamente cuando en la frontera occidental se adelanta una operación de influencia orientada por el imperio; en Brasil los militares ponen en marcha un amplio plan de fortalecimiento no justamente para combatir la hegemonía del capital transnacional; en Surinam se autoriza el establecimiento de una base militar; y, en el propio país la quinta columna se moviliza en nuevo intento desestabilizador, el Presidente decide reactivar el viejo proyecto de la década de los 50 de la brigada combinada como centro de la estrategia de defensa. El plan, que junto con la movilización de las reservas, llamadas al momento “excedentes”, creo la incertidumbre interna que dio al traste con el gobierno de la época. En este caso las dudas son similares. Son cientos las consultas realizadas por periodistas, militares, líderes vecinales y políticos que se me han hecho con relación al asunto, en expresión de la incertidumbre generada por el anuncio. Una situación que al colocar las milicias como parte de esta estructura, prácticamente las convierte en fuerzas convencionales manejadas por la burocracia militar representada en los estados mayores castrenses, quienes dentro de esta estructura gerencial de poder le pondrán una camisa de fuerza a la voluntad y al ingenio creador mostrado por el movimiento popular, y propio de la guerra de resistencia. Los reglamentos, directivas y protocolos elaborados por esa burocracia cumplirán cabalmente su papel, sustituyendo la reflexión y la heurística propia de los genuinos jefes militares, como José Antonio Páez; Ezequiel Zamora o Cipriano Castro.

escruz@movistar.net.ve


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Alberto Müller Rojas


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