Mandatarios pantalleros

En varios estados del país se ha puesto de moda ponerle rostro a los logros, como si éstos no fuesen el producto de una obligación cumplida, sino más bien la obra graciosa de un artista de cine.

A algunos gobernadores, varios alcaldes y hasta presidentes de institutos autónomos, les ha dado por la autopromoción.

De esta manera el resultado de la gestión de un equipo lleva ahora el sello personal de quien lo dirige.

No es nueva esta modalidad de despilfarro administrativo, ni tampoco atribuible exclusivamente a los mandatarios de este gobierno. Viene de atrás, sólo que ahora, lejos de eliminarse porque las revoluciones no deberían tener nombre propio sino de colectivos, se ha incrementado notoriamente. El fenómeno, aun cuando no estamos en tiempos de campaña electoral, tiene su expresión en enormes vallas, cuñas en televisión, páginas completas en prensa, promociones por radio, canciones alusivas a determinados gobernantes e incluso inserciones publicitarias en partidos de fútbol. Hay casos de un vedetismo desatado francamente reprochable.

¿Cuánto le cuesta al país semejante despliegue de vanidad? ¿Qué sentido tiene? ¿Por qué hay ambulancias o autobuses con la cara pintada de alcaldes? ¿Y cuando ese alcalde deje de serlo la ambulancia y el autobús serán repintados con el rostro del nuevo gobernante? La ausencia de controles administrativos eficientes permite que estas cosas pasen, porque no concibo que una gobernación tenga una partida presupuestaria que se destine a la promoción personal del mandatario local.

Este gobierno necesita voceros, autoridades distintas al Presidente, capaces de dar respuesta a las preguntas y necesidades de un país en proceso de cambio. Pero eso no se resuelve con vallas promocionales ni con cuñitas de televisión.

La consolidación de liderazgos alternativos pasa primero por la necesaria evaluación de una gestión cumplida, por la eficiencia, por los objetivos alcanzados, por el respeto ganado entre la colectividad. Los verdaderos líderes, y más aún los que se dicen revolucionarios, no pueden ser el producto de una agencia de publicidad. No estamos comprando perfumes.

mlinar2004@yahoo.es


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Mariadela Linares


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