La maldición del espíritu de Pío Miranda

Este patético personaje de la obra teatral “El día que me quieras” de José I. Cabrujas, estrenada, según Ibsen Martínez: “... hacia el final de una década cuyo paisaje moral estuvo – y no sólo entre nosotros: también en Europa – dominado por una desilusión política que no osaba decir su nombre.” encarnaba magistralmente el desengaño de una generación ante el fracaso de un modelo político.

En efecto, Pío Miranda aparece al inicio de la obra defendiendo obcecadamente las míticas tesis comunistas, para luego, en el desarrollo de la trama, desistir de ellas. Al respecto, Ibsen Martínez comenta, “Pero Miranda se ha salvado al abjurar de toda Arcadia filantrópica y futura...Su invocación de la vida koljosiana, de Romain Rolland, los kulaks y los emblemáticos tractores del trigo ucraniano tiene hoy, como nunca, toda la traza de una martingala engañabobos”
Imposible conseguir mejores palabras para entender como esa verdadera maldición del espíritu de Pío Miranda, ha generado conductas en un importante sector de nuestra sociedad, otrora llamado intelectual de izquierda o progresista, que han terminado por entorpecer la búsqueda de nuestra prosperidad..

En efecto, tal como el amante despechado jura no querer saber de nuevos amores, muchos de estos “intelectuales” renegaron de sueños idealistas y se plegaron, pragmáticamente, al realismo del mercado, que al final se impuso, para ellos, como el Gardel de Cabrujas.
Eso explica el divorcio de ellos del proceso que inició nuestro pueblo en la década de los 90 en búsqueda de un futuro de desarrollo y progreso. Sospechaban que detrás de cada propuesta o reclamo, estaba la intención oculta de establecer koljoses y sovjoses. Lo cual explica, también, la fácil manipulabilidad de que fueron objeto. Por ejemplo, ya en las elecciones de 1998, Salas Romer hablaba del proyecto castro-comunista de Chávez, despertando, sin lugar a dudas, convenientes reflejos condicionados.

Es por eso que sostengo que Carlos Blanco no tiene toda la razón cuando expresó en un artículo reciente que: “Muchos crímenes tiene esta izquierda chavista encima, tal vez el peor de todos sea haber dificultado (¿o eliminado?) en el futuro democrático próximo la posibilidad de una izquierda moderna, abierta, reformadora e intelectualmente dotada.

También, quienes han entorpecido esa posibilidad han sido, precisamente, esas posiciones a priori de estos Pió Miranda contemporáneos en contra de todo movimiento crítico, que han llevado a señalar a todo el que no esté de acuerdo con la dominación neo-liberal como personas a las que hay que acosar o exorcizar, pretendiendo, ora ridiculizarlas, ora amenazarlas.
Asimismo, ven en Chávez y a sus seguidores como fanáticos que quiere imponer un sistema castro-comunista.

No creo que, después de toda la experiencia vivida por la humanidad, este gobierno sea capaz de plantear soluciones tan absurdas y primitivas. Y si ese fuese el caso, un sistema así diseñado sería muy fácilmente derrotado electoralmente. La verdad es que no justifico tanta alharaca por parte de la oposición, si eso fuese cierto. A menos por supuesto, que no hayan propuestas propias, sino las consabidas neo-liberales, y que, incapaces de presentarlas públicamente, deseen llegar al poder por la vía de la violencia.
Pero, para lo que sí han servido las posiciones de estos conversos, es para que, paralelamente a obstruir la búsqueda de caminos acertados, se haya permitido la resurrección de la corrupción adeco-copeyana, ayudándola a presentarse como opción real de poder. Porque, efectivamente, si quitamos los artículos, opiniones y argumentos de esta reconocidas personas, ¿Qué articulistas, humoristas o caricaturistas de peso quedarían para defender el retorno de AD y Copei al poder? Realmente muy pocos, y de verdad, pésimos.

Pero lo más triste es que esa conducta negadora ha contribuido a que Venezuela permanezca casi muda ante el auge de la dominación neo-liberal y su intento de redistribuir colonialmente al mundo, no en la búsqueda de mercados cautivos, como fue a principios del siglo pasado, sino para asegurar el dominio de países y regiones que posean los recursos naturales, hoy en extinción gracias a la depredación irracional que de los mismos ha hecho el sistema imperial.
Y mudos también se han quedado muchos de esos sectores, que una vez se identificaron como progresistas, ante la ocupación de Irak, en donde se ha cometido y se comete, uno de los genocidios más horrorosos desde la época de Pol Pot. Como se quedaron igual de mudos cuando el golpe del 11 de abril, y la actitud fascista de la mayoría de los medios de comunicación, verdaderos agentes locales de ese neo-colonialismo.

De todas maneras, plantear ahora posiciones de izquierdas y derechas en la actual situación, como lo hace Carlos Blanco, resultaría tan dañino como el haber impulsado conflictos entre Pardos y Mantuanos en la época de nuestra independencia. Daños de los cuales España tenía plena conciencia, y de ahí nació la idea de promover a la figura de Boves como defensor de los pobres y enemigo de los mantuanos o patriotas. Gracias a la providencia surgió la lanza de Urica y la figura de Páez, que eliminaron ese estorbo y lograron la unidad de la nación para comenzar a convertir una guerra civil en una guerra por la independencia.
Hoy, la verdadera confrontación es entre nacionalistas y anti-nacionalistas, quedando definida la ubicación, por la postura ante la dominación neo-liberal. Estoy consciente que entender esto es difícil, sobre todo para quienes habían resuelto su problema existencial a lo Pío Miranda. Pero ni modo, hay un nuevo paradigma, y nada se logra negándolo.

Cualquier política exitosa que nos garantice un futuro de progreso para nuestro pueblo pasa, necesariamente, por tomar conciencia de las nuevas realidades, botar al cesto de la basura histórica a estos tabúes y prejuicios pasados de moda y acometer el objetivo de la unidad de nación.

PD: En la edición del 19 de junio pasado del diario venezolano de corte fascista “El Nacional”, se reseña una declaración de José Antonio Gil Yépez, presidente de Datanalisis, que expresa que “También es necesario convencer gente en las instituciones controladas por el régimen, para neutralizar ese control. Otra manera es hostigarlos con cacerolazos”.
En mi opinión ese tipo de expresiones constituyen un delito, una incitación a delinquir. La Constitución Nacional establece el derecho de cada ciudadano de desarrollar libremente su personalidad, y no puede ser que se utilice la intimidación y la agresión por tener ideas contrarias. Eso es fascismo. Eso lo hacía Hitler. O es que no se acuerdan de las estrellas amarillas de David en el pecho de los judíos. ¿Que diferencia hay entre una cacerola y una estrella de David en el pecho?

Venezuela no se merece esto. Necesitamos vivir civilizadamente, como país del primer mundo y dejar la violencia a los animales en dos patas. ¿Qué destino nos espera si estas ideas segregacionistas alcanzan el poder?
Lo lógico es que la Fiscalía actuara en casos como estos para castigar estos delitos.

Sin embargo, no me hago muchas ilusiones, sobre todo con un Código Penal, impuesto por los teóricos de la dominación neoliberal, que institucionaliza la impunidad y la corrupción.


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Carlos Dallmeier G


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