La lucha por el salario, es inherente al cambio social. Es ella un mecanismo para el movimiento. Los factores partidarios del cambio incesante, en busca de una sociedad equilibrada, tienen en ella una herramienta eficaz e irrenunciable. Quienes, a la sociedad quieren inmutable, son contrarios a esa lucha y tratan de desaparecer de muchas formas. Como que la bonificación salarial resulte un gesto bondadoso del patrón, el privado o el Estado. Entonces, el trabajador se limitaría a esperar que el bondadoso patrón decida regalarle o premiar, pues en verdad, él no tiene ningún derecho; nada de la riqueza que emana del trabajo le pertenece. Y si hay dificultades en el proceso económico, el patrón optará por la vía más fácil y conveniente, paraliza sus "regalías", deja hasta tanto pueda, de ser bondadoso.
La actitud que asumamos frente a ese asunto nos define. No importa qué otras cosas digamos y en Venezuela, el salario está preso. Lo tienen en ese estado, los patronos, privados y el Estado.
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Roberto Cantoral, de Tamaulipas, México, compuso la canción "El preso número 9", y con ella cantó:
"Al preso número nueve, ya lo van a confesar
Está rezando en la celda con el cura del penal.
Porque antes de amanecer, la vida le han de quitar".
Bastante que la escuchábamos, porque, en buena medida, somos mexicanos, o, como decíamos antes, "mejicanos". Los cumaneses como yo, en los cines Paramount y La Glaciere, el primero de Peña, a quien le gritaban "cuadro Peña", como advertencia para no destrozar el local por los cortes de cinta y el segundo, donde el "Bartolo" o Bartolomé Silveira, el señor vendía las entradas, ubicado frente a la plaza del Mariscal y al lado de la embotelladora de la "colita" o refresco del mismo nombre, escuchamos esa canción en abundancia. Pues el cine mexicano o mejicano, en nuestro espacio era gratamente recibido y esperado; y por él, fuimos, tuvimos y tenemos mucho del gran país de los aztecas y Benito Juárez.
"El preso número 9" de cantoral, cometió un gran pecado, "mató a su mujer y a un amigo desleal". Y por eso, prometió a sus traidores no dejarlos en paz.
El salario, está preso. Lo metieron preso sus enemigos, lo que es como natural, pero sus "amigos" también. Los amigos dijeron que era una manera de proteger a los asalariados de la inflación, pero más que todo de los especuladores. Como que el cura, se dejó atrapar por las maldiciones y malos designios del diablo.
Y además de preso, lo metieron dentro de una coraza, para que quien llegue a verlo no lo distinga, identifique y menos lo recuerde. Ellos dicen que, aumentar el salario, provoca mayor consumo y por esto, genera inflación; pasan por alto que, aparte de eso que los economistas llaman el volumen circulatorio de moneda, aun pudiera resistir, la baja demanda detiene el crecimiento económico. Pregúntenle a Jorge Roig, el único empresario que, por alguna razón acordada, habla de eso. Ellos, los empresarios, necesitan que el mercado se amplíe, pero hay un candado y unas llaves. Y esos instrumentos son como cosas divinas o de la iglesia y el santoral.
Los sacerdotes del salario que antes estaban en todas partes, están callados, parecieran haberse dedicado a otras labores; como que ella no da frutos o ya no creen que esa lucha suma aliados y despierta esperanzas en el cambio. El salario, entonces, ya no sólo está devaluado en sí mismo, sino que, como herramienta, arma del combate, perdió eficacia, para unir y despertar esperanzas y conciencias. Antes se decía que, la lucha salarial tenía mucho de economicismo, dado que el trabajador pudiera concentrarse sólo en ella y su bienestar y eso, detenía la lucha por el cambio. ¿Será entonces que, es tan grande y placentero nuestro bienestar de ahora que estamos paralizados y de allí que haya que olvidar la lucha salarial? ¿No será más bien que perdimos la conciencia? ¿Esta pérdida de conciencia y deseo de vivir mejor no detienen y herrumbran a la sociedad toda? ¿Qué porvenir nos espera? ¿Quién sentirá necesidad de crecer si todo está logrado o acerado, cercado estrechamente?
Por cierto, en el pasado, el gobierno, puso al frente de la gesta para defender a los asalariados y consumidores todos, a Tareck El Aissami y este para cumplir con su rol, de conformidad con sus credos y compromisos, creó aquello de los "precios ajustados". Entonces él, con aquella cara de "yo no fui", que siempre tuvo, anunciaba "precios acordados", que los abastos no reconocían porque a ellos, según decían, le habían vendido a un precio, nada acorde con lo anunciado por el entonces vicepresidente.
La gente de Fedecámaras siempre dijo que El Aissami, parecía acordarse con muertos o fantasmas; como que él, un joven bastante vivo, hizo del iluso Juan Preciado, el que se fue a Comala, el pueblo de Pedro Páramo, de la novela de Juan Rulfo, donde los muertos se lo comieron vivo. Tanto que, El Aissami, en ese mundo de puros muertos y de los precios acordados, era el único vivo y al final, no sólo salió con vida, sino más vivo que los vivos.
Entonces, El Aissami, anunciaba unos precios y en los abastos ponían otros. La gente se quejaba y, el alto funcionario, nada decía, quizás porque estaba centrado en otra cosa o en unos números más grandes, contingentes, sorprendentes que contarlos le restaban capacidad para ocuparse de lo pequeño. Y arriba y hasta debajo de él, nadie se percataba que, estaba envuelto en una tabla de multiplicar muy dinámica y multiplicadora, como para ocuparse de los precios y el salario. Los muertos, de madrugada, cuando ellos salen, se metían a los abastos ponían los precios que le daba la gana y los vivos, empezando por El Aissami, ante aquello "inexplicable", terminaban haciéndose los locos, pues debían mantenerse vivos, donde estaba su futuro. Y locos nos volvimos o somos todos, pues El Aissami, terminó siendo un muerto, un fantasma de Comala, estando vivo.
Y como aquellos precios estaban vivos y hasta alzados y el que se apropiaba, el mismo que se apropia, de los dólares, que además de estar vivo es un vivo, le pone los precios que le convenga, pues para eso está a su disposición "La ley de la oferta y la demanda", para establecer el equilibrio, no congeló, pues el hielo no es muy estable que digamos, más bien introdujo en una caja de acero, muy estrecha, al salario. Este muchacho rebelde, mala conducta, es el culpable de todo. Por él, sus deseos de subir, sin conciencia, todos estamos jodidos y amenazados. Y, siendo así, es bueno que no sólo esté preso, como el número 9, sino encadenado; pues matarlo no sirve, quienes de él viven hacen falta. La esclavitud no es solución, pero algo cercana a ella, en momentos hace falta. Como que puede haber una esclavitud pagada.
Y el salario, es como algo maldito. Nadie "importante le nombra". Los sindicalistas, desde que al salario le detuvieron y diagnosticaron como cosa infernal, con la complicidad de ellos desaparecieron, por lo menos aquellas grandes organizaciones sindicales partidarias o contrarias al gobierno, como los mariachis, callaron. Mi FENAPRODO o Colegio de Profesores de Venezuela, sólo existe para descontarme, de mi pobre salario, la cuota mensual.
Ahora mismo, recuerdo a David Alfaro Siqueiros, unos de los tres grandes muralistas mexicanos, detenido el 9 de agosto de 1960, sólo por ser acusado de ser agitador y apoyar las protestas estudiantiles y obreras de su tiempo. Cuando en verdad, sólo por ser entonces alto dirigente del Partido Comunista Mexicano.
En aquellos tiempos, Siqueiros se volvió un ícono de la lucha popular latinoamericana y hasta del mundo, justo en el período que, aquella se fundamentaba también en el gesto heroico del pueblo de Vietnam del Sur por su independencia.
Ahora, Maduro, está preso. Trump bailó o bailoteó como un trompo. Debía hallar cómo lograr su meta, la suya, la del petróleo, sin derramar los pozos y los vasos. No debía salpicar a quienes había embaucado haciéndoles creer que luchaba por la democracia de ellos. Una que empieza y no puede ser de otra manera, donde tengan el mando. Pero adentro, ellos, sus aliados anhelantes y ansiosos de poder, nada tienen; ni una alcabala, menos un cuartel. Sus "cuadros", esos que agitaban y encendían la pradera y lo que se les atravesase, hasta gente, cansados de tanto agite, hasta quizás abandonados por el fracaso y dejados en el "olvido", se volvieron migrantes.
Entonces la magia de Trump no pudo cubrir o lograr todo, sólo una parte; pero la que, en verdad, a él conviene, dada la realidad. Y, en buena medida, pese lo malo, se abre un escenario diferente, con los mismos actores, donde las reglas no son todas las esperadas. Trump logró en esencia lo suyo, lo que buscaba; no es para él, nunca ha sido, como siempre dijimos, indispensable, un determinado tipo de gente.
Y con lo que Trump logró, lo que viene, vino una Ley de Amnistía. Y esto no es malo, pues en ninguna parte debe haber presos políticos y menos motivos para que los haya. Aunque para no complicar las cosas, pondré un ejemplo, cuando la ETA, en la España post franquista, en la década del 60 y 70, hizo del terrorismo su práctica, nunca creí justo considerar a los detenido por ello, unos presos políticos. Debían pagar sus graves delitos.
Pero los presos políticos saldrán y deben salir; nadie debe ser detenido por político y expresar su opinión mediante cualquier forma que la legalidad permite. Eso celebro, pese el país, dado algunos detalles y el discurso de Trump y los suyos, pareciera haber quedado detenido. Y dije "detenido".
Pese los cambios, la amnistía, los justamente liberados, el salario sigue preso y lo está y pudiera seguir estando por largo tiempo o "quien sabe hasta cuándo", por el escaso ingreso nacional, de ese del dólar rentista que, como brujo, todo cura; pero también por la ortodoxia del monetarismo y de políticos que creen en la existencia de normas, como salmos y letanías religiosas que, pese nada curan, se usan para el consuelo y hasta como falso documento para ingresar al cielo. Hay quienes creen que es preferible inmolarse y hasta inmolar a un pueblo todo, por defender sus letanías e íconos religiosos o de brujería; más les interesa el cielo que la tierra.
Y es un preso que nadie o muy pocos recuerdan. Quienes por él claman nadie los escucha, ni les paran. Es un tema de misterio, digno de una seria meditación. ¿Será que vivimos en Comala? ¿Nos hemos vuelto fantasmas?
He leído acerca de la convocatoria de, algo así como una "constituyente laboral", cuyas conclusiones se manejarían por la Plataforma Patria. Un mensaje que no habla de luchas populares, reactivación de la contratación, sino de una forma de vida atrapada y, para ello se nombran figuras que, no están congeladas, como que un simple cambio de temperatura los pudiera liberar, sino aceradas. La muerte los atrapó y les hizo de acero.