En relación a lo que creemos normal y hacemos sin ni siquiera saber la razón

El dilema del poder y el hombre libre, ¿es usted libre de verdad?

Hace poco leí el célebre libro del famoso filósofo Michel Foucault, titulada Vigilar y castigar y, además de parecerme una obra capaz de cambiar vidas, me decidí a compartir con ustedes, algunas reflexiones que seguro les servirán a todos o, al menos, a la mayoría.

Todos tenemos rutinas, y seguro las asumimos como "naturales", sin embargo, en realidad, son mecanismos de control. Así es, creemos que muchas de nuestras rutinas son "naturales", término que asimilamos a "normal". Por ejemplo: Levantarse a cierta hora, vestir de determinada manera (aquí entra el amplio tema de la Moda como mecanismo de control y estandarización de los seres humanos), trabajar siempre en el mismo horario, producir sin pausa, etc. Aquí nos indica Foucault, que nada de eso es al azar o no lleva una intención actual (nada inocente).

Desde su perspectiva, las rutinas de todos los días no deben ser entendidas como prácticas neutrales o netamente funcionales, pues todo aquello que suele presentarse como "natural", incluso la forma de comportarse del individuo en la sociedad, que es catalogada como "aceptable", es, en verdad, el resultado de procesos históricos en los cuales a través de las normas y la disciplina es presentada como "normal". Aquí las palabras claves son la disciplina y la normalización.

En "Vigilar y castigar", el filósofo francés analiza el surgimiento de una forma específica de poder que no se ejerce principalmente mediante la ley o el castigo, sino a través de lo ya señalado, es decir, una disciplina que actúa sobre las conductas de todos los días. Es por eso, que Foucault señala que la disciplina "fabrica cuerpos dóciles", útiles, previsibles, controlables y aquí quizá viene lo más importante para nuestra historia contemporánea, integrados a un sistema de producción, cualquiera que sea este. Es en este marco, que podemos claramente ver, que el poder no se limita a reprimir (recuerdo que en clases de Derecho en la Universidad del Zulia, nos dijeron una y otra vez, que el monopolio de la fuerza lo tiene el Estado), sino que produce. Pero ¿qué produce?, produce hábitos, criterios de normalidad y formas de subjetividad. Podemos verlo todos los días cuando los padres o los maestros repiten a sus hijos o a sus alumnos que hagan algo simplemente porque "así es como debe hacerse", porque "eso es lo normal"; es decir, aquí la explicación requerida tanto por los vástagos como por los alumnos es denegada y quien la deniega ya está, según Foucault, "normalizado", y actúa, a su vez, como agente de normalización.

Cuando se llega a este punto, ya el individuo ha internalizado lo que es "normal", y ha formado su subjetividad en base a ello, por tanto ya no se necesita una vigilancia permanente ni visible. Basta con que el individuo haya hecho eco de la mirada de control y se autorregule. Aquel modelo del panóptico, el de una torre central en una cárcel o prisión que puede vigilar celdas individuales sin ser vista desde fuera, hace la síntesis de este funcionamiento, donde la posibilidad constante de ser observado induce una conducta conforme a la norma, a lo normado. Hoy más que nunca ello es así, pues la estandarización, normalización y disciplina del comportamiento de los sujetos (e incluso la aceptación de leyes injustas, castigos draconianos, y hasta series de streaming) vienen dadas por la internet, cuya presencia es absoluta.

Cabe preguntarse entonces, ¿dónde radica la eficacia de esos mecanismos de carácter antes más discretos que ahora, aunque seguimos sin verlos estando frente a nuestras narices? Pues en que el control no se exhiba como algo que nos imponen sino como un hábito internalizado. Así, todos nos convertimos en agentes de nuestra propia disciplina, y ajustamos nuestras conductas sin necesidad de ser vigilados. Aunque es algo muy evidente y básico, esta fue la forma que encontró el filósofo francés de demostrar que el poder moderno no actúa principalmente a través de la prohibición o la violencia directa, sino mediante "reglas" que organizan nuestro tiempo y espacios. Lo que vemos como rutina y, por tanto, algo normal, no solo ordena la vida social, sino que es lo que produce nuestras subjetividades, nuestras maneras, al fin y al cabo, de obrar. Esta ha sido la forma de los sistemas de generar individuos que aprenden eso de la autorregulación siguiendo, y sobre todo en capitalismo, criterios de utilidad, producción, hiperproducción y eficiencia.

¿Qué hacer? Está en nuestras manos interrogarnos acerca de nuestras rutinas cotidianas, pero no para denunciar una dominación externa en sí misma, sino para darnos cuenta de que las cosas que hacemos, son las que organizan nuestra vida en conjunto; esto es, nuestro tiempo, nuestros cuerpos y nuestras conductas. Aquí llegamos a la obligación de ser críticos sobre las prácticas que estructuran nuestra existencia, para examinar de dónde vienen, quién o quiénes las han inventado e impuesto y para qué tipo de sujeto se producen (seguramente para uno que se cree autónomo y libre, y termina haciendo lo que le imponen).

Una de las mejores cosas que podemos hacer, no es solo cuestionarnos el orden en el que vivimos y revisar su historia, sino dejar que la innata curiosidad del niño tenga rienda suelta para que pregunte lo que desee, al mismo tiempo que nosotros buscamos, para las respuestas, razones que vayan más allá del "porque es así". Al mismo tiempo, los docentes están en la obligación de desarrollar el pensamiento crítico en sus aulas, y más que dar certezas deben dar dudas. Yo, por ejemplo, no conozco otra forma de vivir que no sea dudando de lo que me proponen, y hay que empezar dudando de nuestras más claras certezas.



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José Miguel González Villalobos

Abogado, Magíster Scientiarum en Derecho Procesal Civil, Cristiano, Bilingüe, con baja tolerancia a la estupidez. Entrenador personal.

 miguelvillalobos9@hotmail.com      @jomigovi

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