"Dejad que los perros ladren…es señal de que cabalgamos."
Esta frase, atribuida al ingenioso hidalgo Don Quijote, resuena con fuerza en estos tiempos turbulentos para Venezuela.
Mientras los críticos, opositores y voces externas arremetan con ruido incesante, contra el capitán Diosdado Cabello algo bueno estará haciendo y algo muy malo para ellos significará su presencia, mientras mas ataques le lancen mas seguros estamos de que el hombre continúa su marcha firme en apoyo al legado del comandante Chávez, demostrando una vez más por qué es y ha sido una pieza clave en la estabilidad y la continuidad de la revolución bolivariana.
Desde el histórico 4de febrero de 1992, cuando como joven militar acompañó a Hugo Chávez en la intentona que marcó el inicio del proceso revolucionario, Diosdado Cabello ha estado en la primera línea de la lucha. Aquel día no solo se plantó la semilla del cambio, sino que se forjó un compromiso inquebrantable con el pueblo y la patria. Su trayectoria no ha sido la de un espectador, sino la de un actor principal: sobrevivió al golpe mediático-empresarial de abril de 2002, cuando asumió brevemente la presidencia encargada por mandato de nuestra constitución y jugó un rol decisivo en la restauración del orden constitucional y el regreso triunfal de Chávez. En esos momentos de crisis máxima, su serenidad y lealtad evitaron el caos y preservaron la voluntad popular.
Hoy, en este delicado momento de transición política tras los eventos recientes que han sacudido al país —con el bombardeo y secuestro del presidente Nicolás Maduro y el ascenso de la presidenta encargada Delcy Rodríguez al mando—, Diosdado Cabello vuelve a erigirse como el garante de la paz y la unidad chavista. Como ministro del Interior, Justicia y Paz, su mandato a la calma y la cordura ha sido fundamental. Gracias a su liderazgo firme y su llamado constante a la reflexión y la disciplina, el pueblo chavista se ha mantenido en sus casas, en paz y organizado, evitando cualquier deriva hacia la violencia o el descontrol que tanto anhelan los enemigos de la revolución.
Es precisamente su apoyo explícito y público a la vicepresidenta Delcy Rodríguez lo que ha mantenido al chavismo en una paz condicionada, pero sólida. En un contexto de presiones externas e internas, donde se buscan fracturas, la imagen de unidad que proyectan ambos dirigentes —con Cabello respaldando sin ambages las decisiones de Delcy— ha sido el factor disuasorio más poderoso. Los sectores más radicales y leales al legado de Chávez confían en él como en pocos: saben que Diosdado no permitirá traiciones a la patria ni cesiones que pongan en riesgo la soberanía.
La confianza en su liderazgo es el verdadero ancla de la tranquilidad actual. Mientras otros hablan, él actúa con la prudencia del soldado experimentado y la convicción del revolucionario consecuente. Ha navegado crisis tras crisis —desde el 4F hasta el golpe de 2002 y ahora esta nueva etapa— demostrando que su prioridad siempre ha sido la preservación del proyecto bolivariano y la protección del pueblo.
Por todo ello, mientras ladran los perros del odio y la desinformación, Diosdado Cabello sigue cabalgando y con él, el pueblo chavista. Mientras Diosdado siga al frente , la revolución permanece viva, el pueblo chavista permanece unido y Venezuela cuenta con un hombre fuerte que vela por su estabilidad.
No estoy desmereciendo para nada la presencia de Delcy con su criterio, con su voz poderosa y clara, no, ella es la comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional en representación de Nicolás Maduro y la patria entera está valorando y agradeciendo su sacrificio, entereza y claridad, pero es Diosdado el pilar que nos hace seguirla mas allá de sus méritos, es Diosdado el comandante del pueblo chavista y eso lo sabe el enemigo.
Capitán Diosdado Cabello, cuando dejes de oir a los perros ladrar a tu paso, entonces todo estará perdido, pero eso no pasará, los perros seguirán ladrando como signo de que la revolución bolivariana sigue en pie y tu sigues siendo el pastor del rebaño de Chávez, nosotros, los patriotas.