De Lech Walesa a Clint Eastwood

La problemática que presenta actualmente los restos del sindicalismo en Guayana, me ha hecho recordar los tiempos en que se hablaba del surgimiento de la nueva conciencia sindical, que se auto nombró el 'Nuevo Sindicalismo', cuya figura central en Venezuela fueron los míticos Matanceros, conocidos en las universidades latinoamericanas como "los camisas caqui de Guayana".

A esos sindicalistas que estuvieron a tono con las reivindicaciones, tanto en el círculo laboral de esas empresas básicas, como de una sociedad que llegó a respetarlos y admirarlos por sus posiciones patrióticas, nacional y regionalistas.

Ese fenómeno de los Matanceros, se dio quizás por que el mundo despertaba al ver y vivir la lucha titánica de ese autentico líder Lech Walesa; punta de lanza del movimiento sindical Solidaridad que estremecía a la cortina de hierro con su voz, no de rebeldía, mas bien de conciencia por una libertad que habían perdido hacía muchos años.

Eran los años 80 y otro polaco en un escenario distinto hablaba con igual fuerza y con un colosal respaldo mundial, como lo fue el pontífice Juan Pablo II, y es que, dos hombres nacidos en Polonia, dos vidas paralelas; una en los profundos hornos de las acerias y el otro en la ternura inconmensurable de la fe. Ambos tan distintos que se tocan en el alma por una causa llamada justicia al ser humano; justicia a la lucha por la humanización del Estado.

Uno de ellos, un trabajador y el otro el líder espiritual de un mundo egoísta y capitalista que nos han hecho, sin escatimar esfuerzo y dinero, una cruz pret -a-porter a cada ser nacido y por nacer en este diminuto planeta globalizado e interconectado.

Fue la época en que ambos lideres polacoa arriesgaban todo por una libertad digna; mientras que en Venezuela los Matanceros daban señales de enarbolar banderas iguales pero con una gran diferencia, los lobos que acechaban a los polacos eran ideológicos, mientras los lobos que acecharon a los Matanceros eran económicos y estaban dentro de la misma estructura política que llevo a un trabajador a la gobernación y luego se lo devoró.

Es impresiónate ver como el sindicalismo se ha degenerado en Venezuela y pensar que en el mundo evolucionan. Como fue el caso de Lech Walesa, que fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1983 por sus esfuerzos para que el gobierno polaco reconociera Solidaridad. En 1990 fue elegido presidente de Polonia, después de contribuir a la formación de un gobierno de coalición cuyo eje principal era el sindicato.

Mientras que nosotros, en Venezuela, molimos en un trapiche a esos lideres sindicales, que hoy quedaron como simples pistoleros en una película de segunda de los Western espaguetis que trataban de imitar a Clint Eastwood, matando a cualquiera que ose en tocar su pequeña y descompuesta parcelita de poder. Que lastima que la sílfide espiritual sea ya una condición patológica de los que dirigen los sayones, perdón, sindicalistas de Guayana.

doristorrealba@hotmail.com




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Carlos Vicente Torrealba

Escritor / Über maestro en Filosofía / Entrenador de Vida / MTC

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