Con la cabeza en el freezer

Los comentaristas o autores de artículos de opinión política, en algunos casos son ellos mismos políticos activos; otras veces, no. En todo caso, tienen una relación compleja con sus lectores. A veces, expresan la visión de estos porque se han ganado su confianza, o les sirven para resumir y organizar los pensamientos o apreciaciones que circulan en la calle o en las redes sociales desordenadamente. En todo caso, son mediadores de opiniones que, a su vez, expresan intereses de grupos y hasta de clases sociales, aunque estas últimas tengan en su seno muchas tendencias.

Por razones de amistad, trato personal o coincidencias en relación a algunas ocasiones (no todas), suelo leer los artículos de Gustavo Márquez, Luís Fuenmayor y Enrique Ochoa Antich. A veces, gracias al wasap, hemos tenido discusiones sobre algunos temas y las diferencias también son significativas. Hace poco han planteado el asunto de la valoración de las candidaturas en juego en la presente campaña electoral, en forma de dudas, enigmas o dilemas acerca de Edmundo González. Las interrogantes de los tres columnistas mencionados tienen en común la relación entre EGU y MCM. Coinciden en rechazar el liderazgo de MCM por representar presuntamente una posición extrema incorregible que ha caracterizado la conducta de la oposición desde 2002.

Tomando en cuenta las trayectorias políticas de los tres, observamos que dos de ellos fueron funcionarios de gobierno de Chávez. El otro, Ochoa Antich, no lo fue; pero sus diferencias con la oposición vienen de hace tiempo. O sea, que podríamos decir que lo que plantean expresan los dilemas de, por una parte, los chavistas no maduristas y, por la otra, del opositor descontento con el liderazgo de María Corina Machado. El primero pudiera representar un grupo de votantes que hoy se debaten entre devolverse (y votar por Maduro) por diversas razones morales (evitar disonancia con cosas que se dijeron e hicieron antes), políticas(identidad política, repelús de las posiciones de derecha como el respaldo a Israel, la trayectoria de la señora), de cohesión grupal (evitar ser tachado de traidor, temor ante la "violencia" de las guarimbas, evitar roces con los del CLAP, etc.). La otra opción que tiene este grupo es abstenerse porque no hay candidato que represente "posiciones populares o revolucionarias".

Debo aclarar que esa no es la posición de Gustavo Márquez, y creo que tampoco la de Luís Fuenmayor. Ochoa Antich ha expresado que votará por EGU, aunque siga teniendo sus dudas. Últimamente, ha admitido la posibilidad de un "zarpazo" del gobierno, aprovechando su principal fortaleza: el control de los organismos del Estado y de las armas. En todo caso, lo que exigen los tres a EGU es que se "deslinde" de MCM, el trago amargo, la rueda de molino que no cabe por el gaznate. Lo que no queda claro es la forma de esa diferenciación solicitada ¿Un deslinde como el que se solicita tendría la forma de un ataque a MCM? Difícil: todas las encuestas muestran que efectivamente MCM le endosó sus votos al seleccionado por consenso ¿O el cuestionamiento a la estrategia violenta, lo cual incluye el rechazo a la asamblea nacional en el exilio, la corrupción del "gobierno" de Guaido y cosas similares? Hay que reconocer que hubo un cambio de estrategia.

En todo caso, hoy la oposición que lideriza MCM, con su candidato EGU, insisten en que su camino es estrictamente electoral y hasta hay un discurso de conciliación, de diálogo, de respeto al otro. Incluso, EGU llegó a decir que le gustaría que algunos personeros del actual gobierno lo acompañen en el suyo hipotético. Claro: uno podría ponerse a especular en el sentido de que siempre hay un mister Hyde detrás de un doctor Jekill, una sombra acompañando a la luz. Quizás. Pero hasta ahora los cierres de venta de empanadas, los sindicalistas y cuadros políticos presos, las desapariciones forzadas, los rechazos a la observación internacional, las judicializaciones de los partidos políticos, no provienen de la oposición. Es decir, la violencia viene de quien tiene las armas desenfundadas. Me imagino qué se habría opinado si, todavía en 1973, le pedían a Teodoro Petkoff o alguno de los excomandantes que volvieran a hacer contrición, por su recién pasado violento. Recuerdo que Fedecámaras sacó un afiche del entonces candidato del MAS, José Vicente Rangel, de espaldas, mostrando una ametralladora, que no se veía en el afiche donde se le presentaba de frente, aprovechando su parecido con José Gregorio Hernández.

Curiosamente, Márquez y Fuenmayor piden un acto de contrición análogo al que María Alejandra Díaz, propuesta por algunos sectores como posible candidata de la izquierda y hoy una de las cabezas visibles del grupo "La otra campaña", pide al gobierno de Maduro. Se crea la duda: ¿y si hay una declaración parecida a un arrepentimiento o baja un poco la "soberbia", entonces se devuelven y vota por Maduro?

Por cierto, no entendí lo del "paquete chileno" que señala Márquez a propósito de las encuestas. Por supuesto, las elecciones no se ganan con encuestas, mucho menos estas que son tan atípicas. Como señala el amigo Ángel E. Álvarez, aquí no hay una votación normal. Aquí hay un ventajismo abusivo y aplastante, valga la reiteración, del gobierno. En todo caso, las tendencias principales de todas las encuestas desde que se empezaron a difundir en este proceso electoral, a saber: el rechazo al gobierno, la disposición a votar y el apoyo a MCM, no están en contradicción con el traspaso de votos de MCM a EGU. Más bien se refuerzan unas a otras, por su concatenación lógica, como cualquier grupo foco lo mostraría.

Los dilemas políticos debieran ser decisiones racionales, con la cabeza en el freezer. En este sentido, es bueno recordar el Dilema del prisionero, que se estudia en todas las escuelas de Economía y que podría servir, incluso para pensar en el tema de la famosa "transición" y resolver las dudas.

La policía arresta a dos sospechosos. No hay pruebas suficientes para condenarlos y, tras haberlos separado, el Fiscal los visita a cada uno y se les ofrece tres opciones de trato. Si uno confiesa y su cómplice, no, este será condenado a la pena total de diez años, y el primero será liberado. Si uno calla y el cómplice confiesa, el primero recibirá esa pena, y será el que confiesa el que salga libre. Si ambos confiesan, ambos serán condenados a seis años. Si ambos lo niegan, todo lo que podrán hacer será encerrarlos durante un año por un cargo menor.

 

Tú confiesas

Tú lo niegas

Él confiesa

Ambos condenados a 6 años

Tú eres condenado a 10 años y él sale libre

Él lo niega

Él es condenado a 10 años y tú sales libre

Ambos sois condenados a un año

Si se razona desde la perspectiva del interés óptimo de los dos, la respuesta óptima sería que los dos colaboraran y negaran, ya que esto reduciría el tiempo total de condena del grupo a un total de dos años. Si siguen sus propios intereses egoístas, cada uno recibiría una pena dura. Si confesar es la estrategia dominante, pues siempre pueden reducir su sentencia confesando. Pero si ambos niegan, tendrían la mínima pena. Un individuo podría pensar que se beneficia al máximo, cuando antagoniza y no coopera con los demás; pero, con cada repetición del mismo juego, las partes empiezan a incentivar la cooperación y llegan poco a poco a un beneficio mutuo: si confiesas y delatas, tienes un premio, solo si el otro se queda callado. Si callas, tienen una pena determinada. Si los dos confiesan, los dos son castigados. Pueden multiplicarse los dilemas del prisionero. No es sencillo decidir.

Por eso, pienso que hay que meter la cabeza en el freezer para terminar de decidir cuando se tienen esas dudas y vacilaciones ¿O habrá que consultar una Inteligencia Artificial? En todo caso, hay que tener la sabiduría del chivo: si se devuelve, se desnuca.



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Jesús Puerta


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