Soy ácrata y qué

Llegar a ser ácrata es cuestión de tiempo, pero te ocurre de forma repentina, tanto así que el primer sorprendido eres tú mismo, cuando te percatas que eres pura experiencia de la existencia, y te vas dando cuenta de que te vuelves más sabio, y no es que yo lo sea, qué más quisiera con lo que llevo andado y ando en su búsqueda desde hace mucho, creo que desde siempre. Lo digo porque de los casi setenta que tengo aquí en la tierra, y lo que llevo a cuestas desde que estoy vivo, he sorteado entre querencias, paisajes, alegrías, tristezas, sinsabores, y aquello que aprendemos y aprehendemos, se trata de que algo queda impregnado como registro de quienes han sido testigos de lo que has sido. Cotejando lo que hay, mientras al paso del tiempo te acercas cada vez más en la verdad, a tu verdad, a la que se construye con los demás, llegas a ese momento al que muchos, la mayoría tal vez, le rehúye, le saca el cuerpo, porque se les ha metido en la cocora que es el final, y que no hay túnel ni luz, porque todo lo materializan, lo problematizan, para luego buscarle respuestas sobre lo que piensan, cuando precisamente se trata de esa idea con la que se inicia el trayecto de ese discurrir hacia el no sé qué, del no sé cuándo, ni por qué ni dónde. En esa trayectoria que se lleva a rastras o con lo cual se pretende hacer consideraciones grandilocuentes desde el intelecto, a lo que somos tan apegados en Occidente; pero que crispan los pelos, y hasta a algunos se les encanece del susto, al pensar porque creen, que no hay más allá, hacia dónde nos llevará la pelona, cuando llegue a pedirnos cuentas, más tarde o más temprano, al llegar ese momento en que lo que cuenta ya no es cuento, sino el saldo y las cuentas claras y en orden de prioridades ante el universo como juez. La lógica y la razón así lo manifiestan desde el estado de cosas que ocurren, y lo que se estila es una manera de ser y una forma de estar, ésta perpetua, aquella pasajera, ya que todo se supone según como se mire y entienda. Aquello que quieras creer lo creas, y sobre lo creado vives tu propia existencia, esa aparente realidad que emprendes apenas arrancas con tu primer grito desde adentro que se proyecta hacia afuera, entonces se inicia ese andar desde la utopía como manifestación de lo que ocurre a través de ti. Acaso no es lo que hay de lo que se considera real, de lo que pasa y acontece, es decir, memoria, recuerdo, deseos, anhelos, promesas y esperanzas. Entonces llega ese instante en que te das cuenta de cuánto te han contado y dejas de contar cuentos y despiertas, y ahora vas comprendiendo que todo se basa en la ilusión de los sentidos, porque tú eres tus sentidos, porque llegamos a ser lo que somos, desde el momento en el cual el proceso de gestación arrancó y de la fertilización surges como organismo vivo externo, al cual se inserta, se encarna, se aloja, aquello que está. No es un chip, ni un programa, no es una simulación, sino algo que se constituyó de la nada, y es lo que se empeña en tratar de llenar ese vacío de incomprensión, e ignorancia, de orfandad ante el desespero causado por la ausencia de sentido. Acaso lo que está y lo que es, las abstracciones, la imaginación, los simbolismos, las concreciones a las que se llega por múltiples vías, no nos conducen ineluctablemente hacia el mismo fin. No es un continuo entramado tamizado de lo que pensamos, que tiene en apariencia un comienzo y un final, y que todo lo que comenzó de la nada, cuestionable cuestión, criticable por parecer absurda, analizable en sus derivados y consecuencias, que hipotetizamos, teorizamos, o llevamos a doctrinas, nos pueden dar certezas de qué es real, que trascendente, y qué realidad.

Un ácrata lo cuestiona todo, persuadido de que todo lo que llega a ser viene de la nada, y cuando se está presente comienza el flujo, la vibración, la expresión como explosión que da sentido y es perceptible, porque ha sido intuible, la percepción lo sabe, y desde sí mismos, desde lo que yace adentro, ocurre, y se hace todo lo que puede estar afuera, como físico y palpable, pero es que acaso y por todo lo dicho no estamos tratando con la propia creación de cuanto existe en este mundo. De ahí que hablemos y se plantee la evolución, de las interpretaciones y las comparaciones sobre la manera de dilucidar la vasta y extensa posibilidad entre diversas y distintas posturas, porque tales cuestiones así lo requieren, y son los aportes desde esta perspectiva o la otra. Ácrata entonces se puede referir al individuo que defiende la acracia o filosofía política que busca que no exista gobierno y rechaza todas las formas de autoridad del Estado; abogar por una sociedad sin líderes ni estructuras de poder centralizadas. En sus inicios el ácrata se caracterizó por rechazar las jerarquías y el deseo de vivir en completa libertad, puesto que se fía en la idea de que cada individuo es capaz de autogobernarse, y no necesita de un sistema de autoridad para que su existencia sea armónica con las demás personas. Cuestionarlo todo, buscar autonomía individual, promover la supresión total de leyes y gobierno de unos sobre los otros, lo conduce a ese enfoque radical y desafiante ante la noción tradicional que condiciona desde la autoridad, por lo que busca crear un entorno de libertad y autodeterminación donde todo tenga equilibrio entre los individuos. Que la acracia sea en perspectiva una alternativa viable o no, no es lo que llevamos expuesto, porque el ácrata precisamente no cree en limitaciones ni en acotaciones que van surgiendo de las epistemes que encorseta la pura y plena libertad humana si se prefiere.

 

 

 

 

 



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Franco Orlando


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