La Transición Política y las venideras elecciones en Venezuela

"Las elecciones no resuelven por sí mismas los problemas, aunque son el paso previo y necesario para su solución".

-Adolfo Suárez- exjefe del gobierno español y líder de la transición del régimen franquista a la democracia en España-

En los últimos días ha venido tomando cuerpo la discusión en torno a la cabida que debe tener dentro del debate político venezolano el tema de la transición, mas allá de los resultados electorales que arrojen los comicios presidenciales del venidero 28 de julio. Las transiciones democráticas que han sido guiadas por un acuerdo efectivo suelen ser, más ordenadas, seguras y confiables con relación a su inequívoco desenlace democrático. Igualmente, cabe mencionar que estas deben estar signadas, bien para transitar pacíficamente de un régimen dictatorial y autocrático a uno democrático o, por la aplicación violenta (caso de las revoluciones armadas o golpes militares), o en tal caso frente al agotamiento de un modelo democrático que genera crisis institucional, económica, social, política, etc... Y, por supuesto carencia de legitimidad popular, por lo que urge de su redimensionamiento.

Cuando cualquiera de estos escenarios se haya presente, el remedio aplicado a lo largo de nuestra historia republicana y de acuerdo con las réplicas experimentales en otras naciones, en especial en América Latina, son las dosis de revoluciones armadas, asonadas militares, autogolpes y otras manifestaciones de carácter violento, que suceden in extremis debido a la imposibilidad del entendimiento. Incluso a pesar del carácter épico de muchas de ellas (la Revolución Cubana, la Revolución Sandinista, el derrocamiento de la dictadura perezjimenista), otras trajeron saldos en rojo para nuestras naciones y sus consecuencias perduraron; basta con recordar el episodio del 18 de octubre de 1945, cuando un proceso de transición hacia la democracia (el primero en Venezuela en el siglo XX), fue cercenado abruptamente al ser derrocado el presidente Isaías Medina Angarita.

Y esto tiene que ver no solo con quienes tienen el poder político de la nación, pues mantenerse en el poder frente a todas las adversidades, incluso a pesar de la pérdida de respaldo popular puede generar una crisis mucho mayor que la que está en escena. Del otro lado si es el sector opositor el que gana y opta por la vía del desafío y la venganza, puede haber consecuencias ruinosas. Veamos un ejemplo, se trata del acuerdo de paz impuesto a los alemanes, luego de la rendición del imperio Austro-húngaro que puso término a la Primera Guerra Mundial. El 8 de noviembre de 1918 en el bosque francés de Compiégne, el mariscal Ferdinand Foch, comandante en jefe de los ejércitos aliados, invitó al sitio a la delegación alemana, no para negociar, apenas se limitó a entregarle un documento con todas las demandas de los aliados, concediéndole 72 horas para aceptarlas. Entre esas demandas se establecía: una fuerte desmilitarización, la pérdida de territorios, indemnizaciones de guerra y concesiones estratégicas a los aliados. Incluso, la obligación de Alemania de liberar a todos los prisioneros de guerra mientras que los aliados no estaban obligados a hacerlo con los alemanes, o la libertad de circulación de barcos aliados en sus aguas mientras se mantenía el bloqueo naval sobre Alemania. Las consecuencias todos las sabemos, las duras condiciones impuestas a Alemania plantaron la semilla del descontento de la que florecería años después el nazismo.

Cuenta el periodista especializado en historia Abel G. M. en su artículo "El armisticio de Compiégne, el final de la gran guerra y preludio de la segunda guerra mundial", lo siguiente: "Hitler nunca olvidó aquella humillación e hizo de "la puñalada por la espalda" la base de su retórica antisemita. El 22 de junio de 1940 le llegó finalmente la oportunidad de vengarse: el Tercer Reich había ocupado Francia y el ahora Führer obligó a los franceses a firmar un nuevo armisticio -esta vez, favorable a Alemania-, para lo cual hizo mover el mismo vagón de tren al mismo lugar donde, el 11 de noviembre de 1918, había terminado la primera Gran Guerra y había empezado el preludio de la segunda.".

Cuando estudiamos todos estos acontecimientos comprobamos lo necesario que siempre resulta una transición integrada y pacífica. Las propuestas de cambio excedidas de radicalismo solo sirven para los espectadores de barbaries al estilo del "circo de Roma". Las elecciones no resuelven por sí mismas los problemas, como dijo Adolfo Suarez, son parte de un proceso de transición que puede ser largo (La velocidad depende, como cualquiera de las circunstancias del proceso de transición, de una amplia gama de distintos factores involucrados en el proceso de cambio) y en ese proceso deben estar presentes la premisas de la no existencia de los ganadores absolutos o de los perdedores absolutos. Los presidentes Luiz Inázio Lula Da Silva de Brasil y Gustavo Petro Urrego de Colombia, han propuesto al presidente Nicolás Maduro Moros y a la oposición, "…hacer un plebiscito en las elecciones presidenciales que garantice un pacto democrático para que quien pierda tenga seguridad sobre su vida y sus derechos.".

Urge cristalizar el momento en que los actores fundamentales de la política nacional jueguen un rol de primer orden, en el rediseño institucional y político requerido para reestabilizar el país, bien para el que gane como para el que preserve el poder. De las premisas que los políticos deben tener presente están: huir de la improvisación, de las falsas premisas y de los desconciertos. Dijo Rodolfo Moleiro en su obra De la Dictadura a la Democracia – Eleazar López Contreras- Lindero y puente entre dos épocas: "…el político debe tener también mucho del gimnasta en lo referente a la necesidad de mantener todos sus actos en el centro de gravedad dentro de lo que los físicos llaman el "polígono de sustentación", única manera de poder garantizar el equilibrio que impida la caída.". Y es que, a decir del mencionado autor: "La serenidad no se demuestra en la bañera tibia o en el chinchorro placentero, sino ante el peligro, ante los riesgos, ante los retos planteados por las situaciones problemáticas.".

Venezuela contempla en estos momentos una conmovedora crisis estructural en sus diversos órdenes. Una situación crítica que afecta tanto a la gobernabilidad, a sus instituciones y a las grandes mayorías. Esto es comprobable, replicable, demostrable y verificable. ¿Qué esto tiene causas y razones que llevaron al país a esta situación? Por supuesto, desaciertos en la gobernabilidad, sectarismo, sanciones económicas de las grandes potencias occidentales, la desestabilización por parte de sectores internos y externos provenientes de la oposición radical, además de las manifestaciones violentas, la ausencia de acuerdos y entendimientos, la corrupción, etc., etc.… De lo cual se han derivado creencias, expectativas, pensamientos y emociones. Criterios desde ópticas particulares a partir de las cuales se arman discursos disimiles para superar la crisis.

El Pacto de la Moncloa en España, referido a un conjunto de acuerdos suscritos el 15 de octubre de 1977, que sirvieron para consolidar el marco en el que se asentó la democracia en España, constituye en ésta línea de argumentación, uno de los mejores ejemplos de cómo se pueden alinear a todas las fuerzas notables de una nación para dar paso a un cambio político de largo aliento, de forma concertada y satisfactoria para todos. Esta transición se produjo no por la vía de una ruptura radical con el régimen anterior (el franquista), ni a través de un proceso de auto transformación del régimen mismo. Se trató más bien del producto de una serie de pactos y negociaciones en los cuales fueron protagonistas claves varios actores políticos.

Y es que la transición política está en el deber de regirse por la brújula de los acuerdos o pactos políticos que incluyen de manera ordenada las diversas categorizaciones institucionales que sistematicen el transcurso de la transición bajo el establecimiento de metas y objetivos a alcanzar. De esta manera estaremos en el camino ideal para menguar la crisis y sentar bases para el entendimiento, la concordia y revitalizar el desarrollo, el progreso así como para enaltecer la vigencia de los valores y principios contenidos en nuestra Carta Magna, documento base para el acuerdo.

Decía el escritor francés Jacques Benigne Bossuet, "La política es un acto de equilibrio entre la gente que quiere entrar y aquellos que no quieren salir". O como dijera John Locke, militante del empirismo ingles y padre del Liberalismo Clásico: "Dios ha creado al hombre como una animal sociable, con la inclinación y bajo la necesidad de convivir con los seres de su propia especie, y le ha dotado, además, de lenguaje, para que sea el gran instrumento y lazo común de la sociedad".



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Victor Barraez


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