El Pelabolas se echó la pensión sacando fotocopias para la Fe de vida… Increíble pero incierto!

  1. La quincena de este Pelabolas es de 92 bolívares. El Pelabolas no tiene impresora porque además casi nadie anda imprimiendo documentos, pero en muchos lugares de nuestra administración pública todavía lo andan exigiendo. La Planilla de Actualización de Datos se la enviaron al Whatssapp de un colega del Pelabolas (de un grupo que forman otros jubilados). Tiene el Pelabolas que salir a un sitio donde le puedan imprimir la planilla (porque debe llevar tres). Tiene que sacar por otro lado, tres copias de la Resolución de su Jubilación. Por cierto, que el Pelabolas perdió esta planilla, de modo que tuvo que pagar pasaje para ir su Ministerio para que le prestaran una copia y así sacar cuatro (y así le quedara una a él). Le exigen además al pobre, que debe entregar tres copias de su Cédula de Identidad. El Pelabolas después de todas estas gestiones siente que ha bajado al infierno de Dante, yendo de oficina en oficina. Se vuelve a su casa, cabizbajo y agobiado por las arrecheras de estos trámites que lo hacen sentir más viejo y acabado que nunca.

  2. Escaso de dinero, el Pelabolas tuvo que ir a su ministerio. Al tomar una buseta quieren que se apiaden de él y se le ocurre, en su estrechez económica, apelar por una resolución oficial en la que los de la Tercera Edad están exentos de pagar pasaje. Cuando el Pelabolas con temor muestra un carnet que lo acredita como beneficiario de este programa, entonces el chófer le forma un peo y lo humilla, diciéndole delante todo el mundo: "¿Usted cree que yo como con esa vaina? No me joda, pague o se baja…"

  3. Qué les parece, que en JUSTIFICAR SU TRISTE EXISTENCIA con miserables papeleos, al Pelabolas se le esté yendo la vida. El Pelabolas en lugar de coger su pensión para comer tiene que gastarla en papeles que nadie lee ni a nadie le importa un carajo. Ah, pero sino lo hace, lo joden. Al Pelabolas le da mucho dolor que al Presidente Maduro, los burócratas no el paren en lo más mínimo. Qué cosa más kafkiana hay que sufrir cada año (después de viejo, ¡VERRUGA!) Qué sufrimiento al ver esa disposición que le envían de su antiguo centro de trabajo, en la que para asegurar que sigue vivo tenga que llevar un manojo de fotocopias de distintos documentos que son un agobio y un suplicio. El Pelabolas no ve la hora en que le llegue la Pelona para ahorrarse tantos coñodemadres burocráticos. La vaina cada vez se va haciendo peor, porque el Presidente ordena una cosa pero la burocracia es más poderosa, permaneciendo idéntica a la del siglo pasado. ¿Por qué esos trámites no se hacen vía internet y por qué a ciertos jubilados los obligan a pagar un billete en fotocopias? Billete que bien pudiera usarlo para comprar cambures, yuca o un trozo de hueso para la sopa (que tanta falta le hace)…

  4. Ya he contado que este Pelabolas le trabajó 36 años a la administración pública, tiene 83 años y todavía trabaja a destajo (ahora más que nunca). El Pelabolas para llegar a fin de mes da clases particulares, trabaja en jardinería, trilla y tuesta café, siembra algunas vainitas y ha llegado a vender aceite quemado por los Pueblos del Sur. El Pelabolas aunque no se rinde, le están dando demasiado duro…

  5. El Pelabolas hace a veces su mercadito y comprueba desconsolado, cuánto se han estado disparando los precios de todos los alimentos. No compra ni una quinta parte de lo que compraba hace un año. El Pelabolas filosofa, y se dice que el fulano crecimiento económico del cual ahora tanto se pregona radica en que los comerciantes cada vez nos están robando más. Échenle cabeza a esa realidad, estimados sesudos de la economía.

  6. El Pelabolas se rebusca con trabajitos a destajo y así va cuadrando la arepa de cada semana. El Pelabolas se doctoró en Ciencias Exactas, pero ahora cuida casas solitarias porque sus dueños cogieron las de Villadiego. El Pelabolas va a estas casas y abre grifos para que no se dañen las tuberías, barre, arranca monte, y detecta daños para luego reportárselo a los dueños. El Pelabolas ha aprendido algo de plomería, descubriendo que las filtraciones se producen en las casas abandonadas (y no tanto), básicamente porque las tuberías se atapuzan de miasmas de todo tipo. El Pelabolas filosofa mucho en este ocaso de su existencia y aprende cosas que debió haber conocido hace sesenta años.

  7. Claro que las sanciones han jodido muchísimo al Pelabolas, y de eso está él consciente, pero también la inercia maldita del pasado (la burocracia adeco-copeyana) que pesa sobre él como una losa en su tumba diaria de dolores, de sufrimientos. La corrupción en las alcabalas, en la distribución de la gasolina, en las fulanas permisologías, en la indolencia de ciertos funcionarios, en el dejar para más nunca lo que con urgencia reclama ser hecho ya. Es decir, que estas taras, estas lacras destrozan al pueblo tanto como las mismas sanciones gringas. Por doquier hay encaletados Rafael Ramírez, Clíver Alcalá, Hugbel Roa, Andrés Izarra, Cristian Zerpa, Hugo Cabezas, Luis Velásquez Alvaray… Increíble pero incierto!



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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