Contar para creer (10)

Esequibitis: ahora todos somos Esequibo

"El asunto del Esequibo será eliminado del marco de las relaciones sociales, políticas y económicas de los dos países"

Hugo Chávez, en visita a Georgetown el 20/2/2004

El nombre del rio Esequibo proviene del apellido del lugarteniente Juan de Esquivel que acompañó a Diego Colón durante el tercer viaje a América en 1498, la corrupción fonética la cambio tal como lo conocemos ahora, aunque la mayoría desconoce que la toponimia se debe al río, a pesar que ahora todos somos Esequibo.

Antes del 22 de octubre a la gran mayoría de los venezolanos -incluyendo a quienes hoy se rasgan las investiduras-, les importaba un pepino la zona en reclamación, empezando por el gobierno que ahora sufre de manera incurable de esequibitis delirante. No había querido escribir del tema y tampoco lo haré desde el punto de vista histórico sino a manera de reflexión ante la cercanía y tantas torpezas que rodean al referendo. Votar o no votar, he ahí el dilema: lo primero no te convierte en más o mejor venezolano, ni tampoco dejar de hacerlo te forja en traidor a la patria. Ante todo, debe imperar el libre albedrío sin presiones ni chantajes. Quien menos culpa tiene es el venezolano de a pie. Los traidores son otros.

Esta es una disputa territorial que nos ha entretenido por 180 años, durante los cuales el mayor interés ha sido por quien ejerce el control sobre los recursos minerales existentes en la zona y avivada ahora por la insistencia del gobierno en un territorio que es nuestro y siempre perteneció al país. Lo que es nuestro no amerita reconocimiento. Bien lo dijo Augusto César Sandino: "La soberanía no se discute, se defiende…" y en nuestro caso con documentos en mano.

Mientras Venezuela se apega a una solución en paz en común arreglo entre las partes, según lo estipulado en el Acuerdo de Ginebra del 17 de febrero de 1966, el presidente de Guyana Irfaan Ali invoca que la controversia deberá resolverse en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) organismo de la ONU para revisar ese tipo de casos. Alegando entre otras cosas el desinterés que ha demostrado el país, incluyendo los vídeos donde el extinto presidente por conveniencia hizo declaraciones y concesiones para nada patrióticas. Pero existe un pero que nos favorece y es que para entrar en acción la CIJ ambos estados deben acogerse a esa instancia y Venezuela se opone, la Corte al admitir la controversia está violando sus propios estatutos.

Por connivencia al régimen le faltó oponerse con argumentos que los tiene de sobra, cosa que no hizo el gobierno demócrata del presidente Don Rómulo Betancourt cuando con toda la documentación en mano, se dio a la tarea de denunciar ante las Naciones Unidas el 14, 22 de febrero y 12 de noviembre de 1962 a través de su canciller Marcos Falcón Briceño las irregularidades encontradas en el Laudo Arbitral o arbitrario del 3 de octubre de 1899, que privó a Venezuela de los derechos que por títulos históricos y legales le asisten, lo que obligó al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte a convenir en una revisión del mismo que además estuvo viciado de ilegalidad y rodeado de una parcialidad comprobada con la falsificación de mapas, ocultamiento de documentos y extorsiones.

El reclamo nunca se detuvo, continúo en la década de los 80 y de los 90 hasta que Chávez llegó al poder y echó a un lado la disputa por su ambición de ser un emulo de Carlos Andrés Pérez "el bueno" como líder del Caribe y de las galaxias. Si bien es cierto, que Chávez recién llegado al poder protestó diplomáticamente la violación del Acuerdo de Ginebra, después cambio su postura radicalmente en febrero del 2004 al dejar de insistir en la reclamación y permitir concesiones a Guyana, cuando textualmente expresó: "El gobierno venezolano no será un obstáculo para cualquier proyecto a ser conducido en el Esequibo, y cuyo propósito sea beneficiar a los habitantes del área", fue un giro lamentable de 180 grados, que en diplomacia es mortal pues Guyana ya no se vio obligada a negociar. Esa es la verdad verdadera duélale a quien le duela, el que desee argumentar lo contrario que muestre las pruebas de la inocencia de Chávez o de Maduro cuando fue canciller que igualmente calló y se hizo eco de la frase: "La controversia con Guyana es el legado del colonialismo" para mantener a Guyana y los países de habla inglesa que agrupa la Comunidad del Caribe (CARICOM) de aliados, mientras pretendía escalar posiciones en el Comité de Seguridad de la ONU.

¿Qué despertó de nuevo el interés de ambos países y aumentó las tensiones? pues nada más que el descubrimiento por parte de Exxon Mobil y del gobierno de Guyana de vastos yacimientos petroleros hace más de una década o recién muerto Chávez, que además ya estaba a punto de explotar. Guyana paso de ser el comodín para que Venezuela alcanzará posiciones en el Consejo de Seguridad la Organización de las Naciones Unidas a convertirse en una afrenta sería y esto se pone de manifiesto el 29 de marzo del 2018 cuando el gobierno de la Republica Cooperativa de Guyana (antigua colonia de Guyana Británica) asesorada y apoyado por la Exxon Mobil introdujo ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya una solicitud de demanda para que resuelva el conflicto territorial, la cual fue aceptada el 20 de diciembre del 2020. Que pasó entonces… que el gobierno venezolano apeló a lo que siempre hace de despotricar y negar la legitimidad de esa instancia para resolver la controversia -aunque con razón- en vez de denunciar el fraude que a todas luces le estaban montando invocando la eliminación del Acuerdo de 1966 y retrotraer la discusión al Laudo de 1899. Ahora pregunto a quienes defienden lo que desconocen ¿Por qué el gobierno de Maduro no sometió al referéndum consultivo la legitimidad del Esequibo en el 2018 o en el 2020?, ¿Por qué esperar cinco o tres años y ahora hacer gala de un falso nacionalismo cuando han entregado nuestra soberanía a otras potencias, las zonas estratégicas, los recursos hídricos y paro de contar? Además, de amenazar con sancionar al pueblo sino vota el 3 de diciembre, cuando en la misma Constitución de 1999 dejó de ser algo obligatorio. Ahora la interrogante impostergable es ¿Qué hay detrás de todo esto?, el nacionalismo siempre ha sido invocado con fines inconfesables incluso por Hitler para justificar lo injustificable y tapar lo evidente.

Considero que el gobierno desaprovecho la oportunidad de denunciar en su momento ese detestable "fraude jurídico" con argumentos valederos ante la comunidad internacional y no limitarse sólo a desacreditar la CIJ, ahora el régimen alicaído se está aprovechando del sentimiento de unidad nacional que siempre han significado estos temas tan álgidos y necesarios como lo es la defensa integral de la Patria y sus intereses, pero ¿Porque no lo hicieron antes y ahora después del 22 de octubre se desató la esequibitis?, ahora todos hablan del Esequibo y desde cuándo les ha interesado. Seamos honestos, aquí todos nos conocemos. A lo interno todo se vale marchas y contramarchas, shows musicales, poemas, murales con horrores ortográficos y hasta lágrimas de cocodrilo. A lo externo se imponen las pruebas jurídicas y títulos irrefutables con la debida narrativa de todo lo que ha ocurrido desde hace 180 años. El referendo es una necedad innecesaria, ya Venezuela rechazó de plano el Laudo arbitrario y suscribió el Acuerdo de Ginebra hace 57 años, llegó la hora de hacerlo valer. Quizás el único despropósito del gobierno sea justificar el retiro del proceso que se sigue por ante la Corte Interamericana de Justicia. Eso no soluciona nada. El gobierno está obligado a no dejar en estado de indefensión al Venezuela y quiera o no debe presentar la defensa ante la Corte. No hacerlo es convalidar el despojo de 1899 y exponer a que también el país pierda los espacios aéreos y marítimos suprayacente.

Por razones de patriotismo nunca llamaré a no votar o votar en contra de defender la soberanía nacional eso no tiene la menor consideración ni justificación por parte de nadie, pero la oposición debemos hacerla dentro de una verdadera UNIDAD NACIONAL que involucre a todos y a su vez incluya la expulsión de los cubanos, chinos, iraníes y la guerrilla del territorio nacional y de los centros de poder. Aquí ya no manda el gobierno, manda el hampa y a quienes les han entregado el país. Las fuerzas armadas son más vergüenza que orgullo y garantía de nada mientras sigan entretenidas en vender pollos y apostarse en las gasolineras.

La disputa del Esequibo no es un tema fácil ni ayer ni hoy ante una Guyana fortalecida y que lo ha hecho bien desde 1966, cuando le colocaron en bandeja de plata un territorio que nunca fue suyo ni les pertenece, pero que lamentablemente también dejó de defenderse por una Venezuela todopoderosa y pendenciera entre 1999 al 2022 y ahora en crisis con la credibilidad por el piso el gobierno pretende revestirse de fortaleza con un referéndum para nada vinculante. No se puede tener una doble moral por un lado defender el territorio y por el otro cederlo a conveniencia de mantenerse en el poder.

La controversia del Esequibo no tendrá una solución a corto plazo y menos se hará por un referendo tardío, aunque es necesario dar la pelea y seguir el ejemplo de Betancourt en 1962, menos peloteras de micrófono y chat, más acciones con documentación en mano llevándolos a dónde se tienen y deben hacerse valer. ¡Quién quiera discutir al respecto vamos a hacerlo de manera proactiva, aportando luces sin insultos ni cuestionamientos personales!

En este país hay mucho talento y gente competente, de buen criterio que pueden ser parte fundamental de la pelea que realmente debemos dar más allá de las urnas de votación del 3D.

Para ello, primero debemos enamorar a los venezolanos por Venezuela, su territorio, historia, identidad y razón de ser ciudadanos de este país y eso no se hace con marchas ni discursitos cursis. La coincidencia nacionalista se construye o reconstruye. Hay que dejar de ser fanáticos y convertimos en aficionados de Venezuela, que son dos cosas completamente diferentes: los fanáticos siempre terminan haciendo lo peor y los aficionados solícitos a darlo todo por su Patria.



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Néstor Abad Sanchez


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