Jesús Manuel Jáuregui Moreno, efigie de la andinidad

A mediados del siglo XIX en aquellos tiempos la República se debatía en medio de conflictos propios de una nación que aún andaba en busca de su definición. En aquel entonces a sólo 18 años de la desaparición física del fundador de naciones libres, Venezuela parecía un ave fénix en medio del caldo de cultivo generado por el caudillismo y las montoneras encabezadas por legendarios luchadores de la guerra de independencia y quienes llegaron en algunos casos a considerarlos y considerarse éllos mismos, casi unos prohombres.

Y es que el edificio que había concebido y visualizado el libertador, de una patria grande, unida, libre donde el pueblo lograra el mayor cumulo de felicidad, para nada estaba presente, muy por el contrario, los males contra los que se había luchado, parecían entonces más agravados, quizás a consecuencia de haber desmantelado muchas de las instituciones que por siglos en medio de la dificultades se habían ido consolidando en la América Hispana.

Porque es bueno que digamos una gran verdad, parece que la guerra de independencia, o civil como la califican algunos historiadores, fue más contra nosotros mimos que contra la propia España, ya que los ejércitos que se enfrentaban en los campos de batalla, en la mayoría de los casos eran Patriotas Venezolanos, contra realistas Venezolanos, los batallones que comandaba en los llanos Páez, en parte provenían de los ejércitos que en otrora había dirigido el cruel Boves. Ya El Libertador en Carta enviada a Urdaneta en 1826, de paso por la provincia de Coro, reseñó lo siguiente: -"El resto del pueblo es tan godo como antes, Ni aún por mi llegada se acercaron a verme (...) Yo creo que si los españoles se acercaran a estas Costas, levantarían cuatro o cinco mil indios (léase seguidores) en ésta sola Provincia".

De allí que interpretando a Laureano Vallenilla Lanz en su Cesarismo Democrático; tiene cierta razón de haber llegado a la conclusión que Si la tan anunciada Santa Alianza hubiere concretado sus andanzas, es casi seguro que la gran mayoría de aquel pueblo venezolano hubiere recibido con brazos abiertos, vitorees y aplausos a sus antiguos amos".

En medio de este cuadro desolador de una República que agoniza, que se debate entre la anarquía y su consolidación, el 28 de Septiembre de 1848, nace el personaje que nos reúne frente a este obelisco que fue inaugurado igualmente un día como hoy de 1896 en su honra por las bodas de Plata sacerdotales. Me estoy refiriendo entonces, nada más y nada menos que al hijo de Don José Mateo Jáuregui y Doña Carmela de Natividad Moreno.

Es decir en una comarca, en una pequeña, nublada y fría población de Trujillo llamada Niquitao, en ésta parte Occidental de La Patria que siempre estuvo al rezago, aislada y marginada por la visión Centralista, vino al mundo este caballero de la palabra de teológica, quien para bendición y orgullo nuestro llegó a estos lares gritenses el 6 de Agosto de 1883, para iniciar y concretar una obra imborrable en el tiempo y el espacio. Se trata entonces de comprender más allá de lo anecdótico, el papel de constructor de ese perfil que identifica la forma y manera de ser de los hombres y mujeres de esta Región de los Andes Venezolanos.

En Jáuregui Moreno, encontramos todas las virtudes que engalana al ciudadano ejemplar. Un hombre entregado con infinita pasión a la búsqueda del bienestar de sus semejantes por la vía más digna, como es la transmisión del conocimiento y el saber en medio de una Venezuela rural donde el incipiente Estado escasamente alcanzaba atender en este campo de la educación a cierta y determinada clase social, haciendo como se puede entender elitesco el derecho que tiene todo ser humano a percibir formación educativa.

Monseñor Jáuregui, fue y sigue siendo un ser extraordinario que penetró hasta los tuétanos en la sociedad donde convivió de manera incansable, era un perseverante en su visión del país que aspiraba para las nuevas generaciones, por eso le alcanzaba el tiempo para predicar la palabra del hombre de Palestina, defender su doctrina, hacer labor social por el bienestar de los más humildes y para ello no escatimó esfuerzos y tiempo para hacer lo que creía justo y necesario. Jesús Manuel, fue un emprendedor que al ser estudiado hoy, permite llegar a la conclusión que estuvo fuera de serie, algo así como adelantado en su tiempo, por eso, esa huella perenne que marca a todo aquel que por alguna razón haya tenido o tiene que ver con este ser tan extraordinario por su inteligencia, entrega y bondad en tiempos donde esta aptitud humana escaseaba, de manera que Jáuregui Moreno fue, es y seguirá siendo por siempre el arquitecto de ese Regionalismo Andino que tanta falta nos hace retomar en estos tiempos de cambio.

Maestro, pedagogo, quien fue capaz de implantar un diseño de educación que buscaba la excelencia, estimulando la investigación, la búsqueda de respuestas aún no descifradas por la ciencia del cálculo en aquellos tiempos, me refiero al pronunciamiento o conclusión a que llegó su Instituto del sagrado Corazón de Jesús, con la fórmula de equivalencia entre el círculo y el cuadrado, lo que si bien es cierto, no termino de despejar con exactitud, su iniciativa fue estudiada y revisada por la Universidad de Washington en los Estados Unidos de Norte América (según lo reseña carta fecha el 22 de Marzo y publicada en el Misionero Nº 45 del 26 de Abril de 1895) Esta investigación fue enviada igualmente a la Santa sede en Roma, donde por mandato de la superioridad eclesiástica, los referidos estudios fueron a parar al archivo secreto del vaticano, (Es de hacer notar que hasta hace poco fue que el vaticano desclasifico este material, razón por la que Castillo Lara, - El de La Grita, ciudad que grita su silencio - tuvo acceso a estos datos que con premura los hizo público.

En su tiempo, al igual que hoy, el país andaba en busca de mejores oportunidades para sus conciudadanos, por eso lo encontramos como Diputado constituyente por la Provincia de Mérida haciendo un digno papel de tribuno defensor de los principios morales del hombre, allí en aquel escenario según narra su discípulo Emilio Constantino Guerrero, en su obra Semblanza de Monseñor Jáuregui, éste fue increpado por un colega suyo de la Asamblea Constituyente, para que votara a favor de mantener intactas las estatuas y monumentos del " Ilustre Americano" que estaban siendo requerida su demolición, ofreciéndole para ello el Obispado de Mérida, a lo que con su aplomado carácter, respondió que su presencia en ese hemiciclo, no era para esas lides.-" Sepa Ud. Que no estoy aquí para aspirar a Mitra alguna, lo que en todo tiempo me fuera indigno; estoy en este soberano Congreso, sólo para cumplir los indeclinables preceptos que la patria y la región me imponen". Dando el Sí en voz alta por la demolición de las estatuas del General Guzmán Blanco.

Como podemos ver, la historia política de este nuestro país, parece cíclica, ayer y hoy, han caído ídolos, caudillos que se creyeron semidioses al extremo que sus cabezas rodaron de los pedestales donde su megalomanía los habían colocado; de allí que para entender el presente, como se reflexiona ahora, se hace necesario y obligatorio desempolvar el pasado por reciente que éste parezca ser.

Y es que Jesús Manuel Jáuregui. Con su cincel y aplomo de constructor, abrió caminos para la esperanza de un pueblo que vio en él, al enviado de la providencia, por eso cuando por razones mezquinas pretendieron llevárselo de La Grita, el pueblo y Cabildo de este Municipio se dirigieron a través de sendos acuerdos hasta La Santa Sede; conducida para entonces por el Papa León XIII. : - " Considerando: 1º Que la ciudad de La Grita, Población del Estado Los Andes, en la América Meridional, le debe a su venerable señor Cura y Vicario, Presbítero Doctor Jesús Manuel Jáuregui , todo su progreso y engrandecimiento, ya en lo concerniente a la iglesia y culto divino, y ya en el orden moral e intelectual."

Pueblo agradecido que lucha por la permanencia de su conductor, para que no se lo lleven a otros lares, por ser él, hacedor de un nuevo Distrito, ya que desde su llegada a estas tierras, todo fue avance y progreso. A mi entender, Monseñor Jáuregui, viene a ser esa luz que anduvo buscando el gentilicio andino en aquellos tiempos de confusión y oscuridad, por eso desde entonces ha estado y seguirá estando, ahora y siempre como resplandor de faro que alumbra destinos cada vez más promisorios para quienes estamos hoy aquí y para quienes vendrán después de nosotros.

Ahora bien, deseo detenerme un instante en el Jáuregui, comunicador que entendió la urgencia y necesidad de contar con un medio que permitiera informar de los asuntos y acontecimientos tanto del Colegio del Sagrado Corazón de Jesús, como de otras latitudes del país y el planeta tierra, así tenemos que Don Tulio Febres Cordero en su Periódico El Lápiz Nº 83 del 18 de Noviembre de 1890 redacto esta nota:- "OTRA IMPRENTA: La Grita de Plácemes. - El portentoso é inapreciable descubrimiento de Guttermberg, es hoy ya en La Grita, una cumplida realidad.

El Colegio del Sagrado Corazón de Jesús viste de gala, porque el vacío que sentía se ha llenado con este elemento sublime para complementar el saber humano, y la prensa propia que acaba de adquirir será su órgano, su centinela, su apoyo y su defensa. En religión, ciencia y literatura abre sus doradas puertas á la juventud y á todos los que aman el cultivo de las letras.- Loemos á la divina providencia por que ha hecho sentir una vez más su benéfica protección sobre el instituto que se siente favorecido por tan próvida mano".

De tal manera que en Noviembre de 1892 da a luz la primera entrega del Periódico Quincenal, EL MISIONERO, Órgano del Colegio del Sagrado Corazón de Jesús, dirigido por Monseñor Jáuregui Moreno, y redactores entre otros Emilio Constantino Guerrero, Ramón Vera García, Pino Farías, Ángel María Rangel, Juan S. Quintero, Teolindo vale, J. Amable Escalante; donde se recoge temas de interés colectivo. Su valor un real, o lo que es igual un bolívar al mes.

En esta iniciativa editorial encontramos otra faceta interesante de Jáuregui Moreno, al abrir la posibilidad de expresar diferentes ideas, tanto suyas, como de sus discípulos por intermedio de este medio escrito, que se convierte en una ventana al mundo, ya que a través de cartas, y canjes de publicaciones periódicas existentes en Venezuela y otros países, en este rincón del Planeta Tierra, comenzaron a llegar informaciones y datos sobre adelantos e inventos que estaban aconteciendo en todo el globo terráqueo, notas que eran de las delicias de sus lectores, ya que les permitía tener una visión universal de esos nuevos tiempos, (hoy diríamos globalizada), donde el hombre daba pasos agigantados en el campo de la observación e invención científica. ¡eh aquí este dato interesante; en el Nº 57 de El Misionero, Marzo 1 de 1896, aparece una carta del 2 de Enero del mismo año remitida desde Roma a Jáuregui, donde dan acuse de haber recibido la colección de El Misionero, que había sido enviada al Santo Padre, la cual agrado de sobremanera a su Santidad. Esto permite entender que posiblemente en los archivos del vaticano esté bien conservada la referida colección de este periódico editado acá en La Grita, a fines del siglo XIX.

En todo caso sería una ingratitud no hacer referencia a su valiente posición asumida en tiempos turbulentos de la Política venezolana cuando El Imperio Británico, usurpó parte del territorio nacional al anexarse el espacio que hoy vemos como zona en reclamación en nuestro mapa político. Con gallardía y sincero patriotismo, los venezolanos más occidentales de esta patria de Bolívar sintieron rabia e impotencia ante las pretensiones expansionistas de Inglaterra. ¡Que claridad y concepto de aprehensión sobre la patria a la que se pertenece, para salirle al paso al intruso invasor! En este contexto, acá en la Grita, se constituye La Junta Patriótica Defensora de la Integridad Nacional, presidida por Monseñor Jáuregui, constancia de ello lo encontramos en El Diario de Caracas Nº 714 del 15 de Febrero de 1896, donde reseñan:-"la adhesión de la ciudad de La Grita a la defensa de la integridad nacional del territorio patrio, que estaba siendo amenazado por la usurpación Inglesa". Por eso deseo que veamos lo siguiente: en la edición Nº 63 de EL MISIONERO, fechado en La Grita, 30 de Julio de 1896, podemos leer lo siguiente: -"El Honorable e ilustre escritor venezolano, Don Amenedoro Urdaneta, en carta dirigida desde Roma al Sr. Dr. Jáuregui, y que se nos ha permitido leer, le dice haber hallado en los archivos del vaticano un Documento interesantísimo para Venezuela en las actuales circunstancias. Consiste en un mapa de las misiones del Caroní, levantado por los R. R. Padres en la época en que ejercieron su apostolado en aquella parte, y en él dan al territorio de su misión los siguientes linderos: Por el Norte, el río Orinoco y el mar; por el Sur, El Brasil; por el este, el río ESEQUIBO y por el Oeste, el río Caroní. Según eso, a principio de siglo no tenían los ingleses ni pretensiones siquiera sobre nuestro territorio; pues de otro modo hubieran impedido a los R.R. padres acercarse al Esequibo, y mucho más para levantar mapas".

Sobre esta temática hallamos también, en el archivo Histórico de Pamplona, en El periódico La Unidad Católica, Nº 243 del 24 de Noviembre de 1886, un comentario halagador hacía la tesis de grado del Dr. Antonio Rómulo Costa, que trataba sobre el arbitraje de la cuestión del reclamo del Esequibo por parte de Venezuela, frente a Inglaterra. Allí podemos detectar la influencia que Monseñor Jáuregui ejercía sobre sus discípulos.

Hombre de postura claras, nada de medias tintas, por eso lo hallamos en 1899, ante la avanzada del movimiento encabezado por el General Cipriano Castro, expresado con honestidad el criterio que tenía sobre el futuro incierto de aquella acción revolucionaria. Postura ésta, que al triunfar La revolución Restauradora trajo consecuencias lamentables tanto para Monseñor, como para la propia Grita, ya que sobre él cayo la desgracia de la persecución y el exilio por la intolerancia del recién instaurado régimen político presidido por el General Cipriano Castro, quien nunca le perdono la sinceridad con que Jáuregui le habló en su campamento y Carta fechada en Lobatera Julio 23 de 1899.

En este episodio - pienso que el Táchira y muy particularmente La Grita - perdieron la posibilidad cierta que desde los primeros años de este siglo haber contado con su Alma Mater, ya que el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús apuntaba a ser en prevé tiempo un recinto Universitario, por su reconocido prestigio y alta calidad académica que en sus aulas se impartía.

De verdad, quería dejar en cada uno de ustedes, estos pasajes un tanto sueltos de la vida prodigiosa del hombre llamado Jesús Manuel Jáuregui Moreno, con la intención que sigamos inculcando en las nuevas generaciones la importancia y necesidad que tenemos de saber cada día más sobre la personalidad y obra de quien para orgullo y satisfacción nuestra, se convirtió en el guía intelectual y moral de los hombres y mujeres con decoro de los Estados Trujillo, Mérida y Táchira; porque J.M. Jáuregui concentro en su exacta dimensión a un ser extraordinario; como ninguno; razón más que suficiente para declararlo aquí y ahora como "el apóstol de la educación de los andes" ya que con su trabajo y ejemplo, dio identidad a los pueblos que habitan a los largo, alto y ancho de la Cordillera Andina de Venezuela.

Para cerrar la rueda de esta historia, deseo culminar afirmando que aunque parezca una fantasía, Jáuregui Moreno, se hace presente como en vida, cada vez que hacemos las cosas con dedicación y solidaridad hacía nuestros semejantes, está presente en todas y cada una de las oportunidades en que actuamos con disciplina y honestidad, ahí está él, observándonos con satisfacción. ¡Créame que así lo siento yo!

¡Que así sea!

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(*) Palabras en el acto de cierre de la Celebración del Sesquicentenario del Nacimiento de Monseñor Jesús Manuel Jáuregui Moreno, frente a la columna "Alameda a Jáuregui", el Calvario, La Grita, a los diecinueve días del mes de Noviembre de mil Novecientos Noventa y nueve.




 



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Macario Sandoval

Equipo PSUV-Táchira.

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